El Gobierno mantiene subsidio mientras petróleo encarece combustibles, elevando costos de transporte, energía, alimentos y presionando las finanzas públicas hondureñas.
El Gobierno de Nasry Asfura mantiene el aporte económico temporal a los combustibles para contener parcialmente el impacto del petróleo internacional sobre los precios internos. El presidente afirmó que ya se han destinado más de L1,300 millones entre gas LPG, gasolina regular y diésel, mientras Honduras consume semanalmente alrededor de 7.8 millones de galones de diésel y 3.9 millones de galones de gasolina regular.
La magnitud del mecanismo debe leerse junto con el tamaño de la factura energética del país. En 2025 Honduras importó US$2,380.2 millones en combustibles, equivalente a 5.9% del PIB y 28.9% del déficit comercial de bienes. Si se agregan lubricantes, la factura subió a US$2,659.2 millones.
¿Cuánto está absorbiendo el Gobierno por cada aumento?
Según Asfura, el incremento acumulado señalado por el Gobierno fue de L4.90, de los cuales L2.45 se trasladan al consumidor y L2.45 son absorbidos mediante el aporte económico temporal. El presidente aseguró que el mecanismo continúa vigente porque el encarecimiento de los combustibles impacta simultáneamente transporte, generación eléctrica, logística y alimentos.
Sin embargo, la estructura semanal de precios muestra que el impacto no es uniforme entre combustibles. Para la semana iniciada el 7 de septiembre, la gasolina superior quedó en L139.88 por galón en Tegucigalpa, la regular en L129.04 y el diésel en L145.69, después de aumentos de L1.97, L0.73 y L2.46, respectivamente.
Esto significa que el diésel continúa siendo el combustible de mayor presión para actividades productivas intensivas en transporte, mientras la gasolina tiene un impacto más directo sobre el gasto de los hogares y el transporte particular.
¿Por qué Honduras es tan vulnerable al precio internacional del petróleo?
Porque el país es estructuralmente dependiente de combustibles importados.
Durante 2025 Honduras importó 29.0 millones de barriles de combustibles, frente a 28.8 millones en 2024 y 27.1 millones en 2023. El precio promedio de importación cayó de US$89.15 a US$82.07 por barril entre 2024 y 2025, pero el volumen aumentó.
El dato es importante: una reducción del precio internacional puede aliviar la factura aun cuando el consumo aumente; pero cuando el petróleo sube, Honduras enfrenta simultáneamente mayores costos de importación y presión sobre el precio interno.
El BCH señala además que el precio de importación no es equivalente al precio final en bomba, porque al costo del carburante se agregan márgenes, servicios y costos logísticos internos.
Por eso, un aumento del crudo internacional no se traslada mecánicamente en la misma proporción al consumidor, pero sí genera presión sobre toda la cadena.
¿Cuánto consume Honduras y qué significa para la economía?
Los datos proporcionados por el presidente sitúan el consumo semanal en 7.8 millones de galones de diésel y 3.9 millones de galones de gasolina regular. Eso representa aproximadamente 11.7 millones de galones semanales entre ambos combustibles.
A ese ritmo, el consumo anualizado sería superior a 600 millones de galones, aunque la cifra presidencial corresponde a un nivel semanal y no debe interpretarse como una proyección oficial anual.
El diésel tiene una importancia particular porque alimenta buena parte del transporte de carga, maquinaria, actividades productivas y otros segmentos de la economía.
El BCH registró en 2025 una factura de US$876.3 millones en diésel, convirtiéndolo en el principal componente individual de las importaciones de combustibles. La gasolina superior representó US$511.2 millones y la regular US$387.7 millones.
La factura energética de Honduras
| Indicador | Dato |
|---|---|
| Combustibles importados en 2025 | US$2,380.2 millones |
| Combustibles + lubricantes | US$2,659.2 millones |
| Peso sobre el PIB | 5.9% |
| Peso sobre déficit comercial | 28.9% |
| Volumen importado 2025 | 29.0 millones de barriles |
| Diésel importado en 2025 | US$876.3 millones |
| Gasolina superior | US$511.2 millones |
| Gasolina regular | US$387.7 millones |
¿El subsidio evita realmente el impacto sobre la economía?
No lo elimina; lo distribuye de otra manera.
Cuando el Gobierno absorbe una parte del incremento, el consumidor enfrenta un aumento menor en la bomba, pero el Estado debe asumir el costo fiscal del mecanismo.
Asfura afirmó que el aporte acumulado ya supera L1,300 millones. En junio, el Gobierno había reportado más de L1,280 millones destinados al subsidio de combustibles. En marzo, el propio mandatario había señalado un aporte aproximado de L160 millones semanales.
La diferencia entre esas cifras refleja que el costo del mecanismo cambia con los precios internacionales, la estructura semanal de precios y el tipo de combustible subsidiado.
Por eso, el subsidio funciona como un amortiguador temporal, pero no cambia la dependencia estructural de Honduras de las importaciones petroleras.
¿Qué ocurre cuando el combustible llega al transporte y a los alimentos?
El primer impacto ocurre en el transporte.
Una empresa de carga que utiliza diésel enfrenta un incremento directo en su costo operativo. Ese costo puede trasladarse posteriormente a las tarifas de transporte o al precio de los productos movilizados.
El segundo impacto aparece en la logística. Honduras depende del transporte terrestre para mover alimentos, productos agrícolas, bienes importados y mercancías hacia puertos, centros de distribución y mercados.
El tercero alcanza la generación eléctrica cuando se utilizan derivados del petróleo. Esto es particularmente importante en Honduras porque la estructura de generación todavía depende de generación térmica en una proporción relevante.
El propio Gobierno reconoce que el combustible afecta transporte urbano, transporte de carga, energía y canasta básica.
¿Cuánto cuesta también subsidiar la electricidad?
El Gobierno enfrenta simultáneamente otro frente de gasto.
Asfura señaló que el apoyo a los primeros 150 kWh mensuales representa aproximadamente L283 millones mensuales para el Estado.
Pero aquí también hubo un cambio importante durante 2026: el subsidio eléctrico dejó de plantearse como un beneficio generalizado y avanzó hacia un esquema focalizado.
El FMI reportó que el número de beneficiarios pasó de aproximadamente 950,000 hogares a 324,638, generando un ahorro fiscal estimado de L1,091.3 millones durante los nueve meses restantes de 2026, equivalente a 0.1% del PIB.
Para julio-septiembre, además, el Gobierno estableció un mecanismo de subsidio eléctrico por L819.9 millones para compensar parte de los ajustes tarifarios, con cobertura total del diferencial para usuarios residenciales de hasta 150 kWh bajo el esquema correspondiente.
La política energética de 2026, por tanto, tiene dos caras: subsidio para contener el impacto social y reducción/focalización del gasto para limitar la presión fiscal.
¿Qué tan grande es el problema para las finanzas públicas?
El combustible no es solamente un problema de precios; también es un problema de divisas y cuenta externa.
Los US$2,380.2 millones que Honduras destinó a importar combustibles en 2025 representan recursos que salen de la economía para adquirir energía en el exterior.
Cuando el petróleo sube, el país necesita más dólares para comprar prácticamente el mismo volumen físico de derivados. Esto puede aumentar la presión sobre la balanza comercial y, dependiendo de las condiciones del mercado cambiario, trasladarse parcialmente a otros precios.
El efecto también puede sentirse en las reservas internacionales y en la demanda de divisas, aunque la magnitud depende de los precios internacionales, volumen importado, exportaciones, remesas y otros flujos externos.
¿El subsidio puede mantenerse indefinidamente?
Ese es precisamente el punto fiscal más delicado.
El Gobierno puede utilizar recursos públicos para suavizar un shock temporal, pero mantener indefinidamente una brecha entre el precio internacional y el precio interno significa convertir una emergencia de precios en un compromiso presupuestario recurrente.
El caso eléctrico ofrece una referencia: el FMI destacó que la focalización del subsidio hasta 150 kWh permitió reducir el universo de beneficiarios y proyectar L1,091.3 millones de ahorro fiscal en 2026.
En combustibles, una estrategia similar implicaría determinar con precisión qué producto se subsidia, durante cuánto tiempo, cuánto recibe cada galón y cuál es el costo fiscal acumulado.
La discusión económica ya no es solamente cuánto sube el galón.
Es cuánto le cuesta al Estado impedir que ese aumento llegue completamente al consumidor.
¿Qué significa esto para la economía hondureña?
El Gobierno está comprando tiempo frente a un shock internacional.
El aporte reduce el impacto inmediato sobre hogares, transporte y empresas, pero Honduras continúa enfrentando una estructura energética altamente expuesta al precio internacional del petróleo.
Los datos muestran el tamaño del desafío: US$2,380.2 millones en combustibles importados en 2025, casi US$2,700 millones al incluir lubricantes, cerca de 29 millones de barriles importados y un consumo semanal reportado por el Ejecutivo de 11.7 millones de galones entre diésel y gasolina regular.
El subsidio puede amortiguar el golpe.
Pero la solución estructural pasa por reducir la vulnerabilidad energética, mejorar la eficiencia del transporte, ampliar fuentes de generación competitivas y evitar que cada nuevo salto del petróleo se convierta automáticamente en una nueva presión sobre el presupuesto público

