El plan fiscal 2026 busca eficiencia estatal, mayor ejecución de proyectos y sostenibilidad macroeconómica frente a presiones internas y externas.
En un contexto de presiones fiscales y bajo crecimiento regional, el presidente Nasry Asfura defendió un giro en la política presupuestaria: menos gasto corriente y más inversión. El anuncio, realizado el 9 de abril en Tegucigalpa, posiciona el Presupuesto General 2026 como una herramienta para ordenar las finanzas públicas y enviar señales al sector privado en un momento de incertidumbre económica.
Durante su intervención, el mandatario planteó que el país debe abandonar prácticas de asignación ineficiente del gasto y avanzar hacia un modelo que priorice resultados medibles. “El objetivo es claro: inversión que genere impacto y crecimiento, no gasto sin retorno”, sostuvo ante funcionarios y representantes del sistema financiero.
INCAE y Ahiba: el espacio donde se discutió la hoja de ruta fiscal
El anuncio se dio en la clausura del taller “Economía y Finanzas para Tomadores de Decisiones”, organizado por la Asociación Hondureña de Instituciones Bancarias, con apoyo de Consejo Hondureño de la Empresa Privada y INCAE Business School.
El encuentro reunió durante tres días a diputados y funcionarios del Poder Ejecutivo, quienes recibieron formación de organismos multilaterales como el Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.
En ese contexto, el mensaje presidencial no solo tuvo un carácter técnico, sino también político: construir consenso en torno a una reforma fiscal gradual en medio de tensiones entre gasto social, inversión pública y sostenibilidad de la deuda.
Deuda pública y eficiencia: el corazón del ajuste
Uno de los ejes centrales del discurso fue la necesidad de reestructurar la deuda pública. Honduras ha visto un crecimiento sostenido de su endeudamiento en la última década, impulsado por déficits fiscales recurrentes y baja ejecución de proyectos.
Datos del Banco Central de Honduras indican que la deuda pública supera el 50% del PIB, un nivel manejable pero creciente frente a economías comparables en Centroamérica. En ese contexto, el Ejecutivo plantea no solo refinanciar, sino también mejorar la calidad del gasto financiado.
Entre las medidas implícitas en el planteamiento oficial destacan:
- Reasignación de recursos desde proyectos no ejecutados hacia iniciativas con mayor impacto económico
- Revisión de programas duplicados o ineficientes dentro del aparato estatal
- Priorización de inversión en infraestructura, salud y educación
- Fortalecimiento de la disciplina fiscal para evitar presiones inflacionarias
- Mejora en la ejecución presupuestaria, históricamente por debajo del 80% en varios sectores
Este enfoque apunta a corregir una de las principales debilidades estructurales del Estado hondureño: la brecha entre presupuesto aprobado y presupuesto ejecutado.
Inversión pública como motor: ¿cambio real o ajuste discursivo?
El énfasis en inversión no es nuevo, pero cobra relevancia en el contexto actual. Honduras ha enfrentado desaceleración en sectores clave como la construcción y la maquila, mientras la inversión extranjera muestra señales mixtas, según reportes de cámaras empresariales y datos de soydatos.hn.
El reto, advierten analistas, no es solo asignar más recursos a inversión, sino garantizar su ejecución efectiva. En años anteriores, múltiples proyectos de infraestructura han quedado rezagados por problemas administrativos, corrupción o falta de planificación.
En ese sentido, la narrativa del gobierno apunta a un cambio en la calidad del gasto. “No se trata de gastar más, sino de gastar mejor”, reiteró el mandatario, en línea con recomendaciones de organismos internacionales.
Sector privado y confianza: la otra variable en juego
El mensaje también parece dirigido al sector empresarial. La participación de actores como BAC Honduras y el COHEP en el evento refleja la intención de alinear expectativas entre gobierno y empresas.
Para el sector privado, la estabilidad fiscal es un factor clave para decisiones de inversión. Un presupuesto orientado a inversión puede traducirse en:
- Mayor dinamismo en infraestructura logística y productiva
- Reducción de costos operativos para empresas
- Mejores condiciones para atraer capital extranjero
- Señales de previsibilidad macroeconómica
Sin embargo, persisten dudas sobre la capacidad institucional para ejecutar estos cambios en el corto plazo.
El contexto regional y el desafío estructural
El giro hacia la inversión ocurre en un entorno regional complejo. Países como Guatemala y Costa Rica han avanzado en reformas fiscales orientadas a la sostenibilidad, mientras Honduras enfrenta limitaciones estructurales como baja recaudación tributaria y alta informalidad.
Según estimaciones del FMI, el crecimiento de Centroamérica se moderará en 2026, lo que obliga a países como Honduras a optimizar el uso de recursos públicos. En ese escenario, el Presupuesto 2026 se convierte en una herramienta clave para sostener el crecimiento sin comprometer la estabilidad macroeconómica.
El planteamiento de Asfura, centrado en inversión y disciplina fiscal, busca responder a ese desafío. La pregunta que queda abierta es si el Estado hondureño podrá traducir esa intención en resultados concretos, en un entorno donde la ejecución y la institucionalidad siguen siendo los principales cuellos de botella.




