La narrativa oficial disuade al capital extranjero, que migra hacia mercados con condiciones fiscales y laborales más previsibles.
Tegucigalpa. Honduras enfrenta el cierre de 2025 con una economía que crece sin generar empleo formal. La inversión extranjera directa se reduce, mientras sectores clave como el turismo y la construcción pierden tracción. La prudencia empresarial y la tensión política alimentan un clima que posterga decisiones económicas esenciales.
El capital espera, el empleo retrocede
La prudencia ha sustituido a la expansión como norma del sector privado en Honduras. Las elecciones de noviembre y el discurso hostil del gobierno hacia el empresariado han impactado la percepción de riesgo país. En lugar de impulsar nuevas iniciativas, los inversores prefieren esperar.
Julio Raudales, rector universitario y economista, explicó que la inversión extranjera directa «sigue siendo débil» y que el subempleo no cede terreno. “Terminaremos el año sin sobresaltos macroeconómicos, pero el crecimiento no se traduce en bienestar. La deuda crece y no hay espacio fiscal para reaccionar”, afirmó. El temor no es tanto a la coyuntura como a la falta de señales de estabilidad a mediano plazo.
Menos dólares, menos empleos, menos ladrillos
Según el Banco Central de Honduras (BCH), la inversión extranjera directa cayó 10.4 % en el primer semestre de 2025 respecto al mismo periodo de 2024. Este retroceso afecta directamente sectores dependientes de capital foráneo, como el turismo, la industria maquiladora y la construcción.
El informe económico del segundo trimestre del BCH señala que la maquila y el cultivo de banano, dos actividades generadoras de empleo formal, sufrieron una contracción por menor demanda internacional. A su vez, los registros del Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS) muestran una pérdida neta de 3.668 empleos formales entre junio de 2024 y junio de 2025. La capital, Tegucigalpa, fue la más golpeada con 8.624 empleos menos. En contraste, San Pedro Sula logró una creación neta de 3.722 empleos en ese mismo periodo.
El nudo: política y desconfianza paralizan las decisiones
La falta de claridad en las reglas del juego económico es uno de los factores que más pesan. De acuerdo con la Encuesta de Expectativas de Analistas Macroeconómicos publicada en agosto por el BCH, el proceso electoral y la ausencia de políticas económicas consistentes generan un clima de “prudencia” que ha frenado decisiones de inversión en múltiples sectores.
La percepción de riesgo también se alimenta de una narrativa oficial que ha cuestionado de forma reiterada al empresariado. La idea de las «10 familias que controlan el poder», una idea chavista de estigmatización, ha alejado, no solo a esas 10 «familias» (que el gobierno nunca se atrevió a mencionar), sino a miles de familias más. La confrontación con el Consejo Hondureño de la Empresa Privada (COHEP) y el señalamiento a grupos económicos por su poder de incidencia disuaden al capital extranjero. Esto no solo posterga proyectos futuros, sino que deteriora relaciones comerciales con socios internacionales y afecta acuerdos con instituciones financieras como el BCIE o el BID.
Impacto visible en el turismo, la maquila y la construcción
La contracción en la llegada de inversión se manifiesta en sectores visibles de la economía real. Según datos del Instituto Hondureño de Turismo, las inversiones hoteleras han disminuido 18 % en 2025 respecto a 2024. Esto impacta no solo la infraestructura sino también el empleo estacional en regiones turísticas clave como Roatán, La Ceiba y Copán.
En el sector de la construcción, la Cámara Hondureña de la Industria de la Construcción (CHICO) reportó una caída del 9.2 % en nuevos permisos de edificación durante el primer semestre del año. El freno afecta tanto a proyectos privados como de infraestructura pública, muchos de los cuales se encuentran postergados o recortados por falta de financiamiento externo.
En el caso de la maquila, Villanueva y Choloma perdieron 2.745 y 1.054 empleos respectivamente, según los datos del IHSS. Las empresas atribuyen la caída a la reducción de órdenes desde Estados Unidos y al aumento de los costos operativos internos.
Un cierre sin colapso, pero con señales de advertencia
Para los analistas, Honduras no cerrará 2025 en crisis, pero tampoco con bases sólidas para despegar. Raudales advirtió que el cumplimiento de los compromisos con el Fondo Monetario Internacional fue posible por la eliminación de varios hitos del programa original y por una baja ejecución presupuestaria, más que por una mejora estructural.
Además, el escaso dinamismo productivo en agricultura, construcción y manufactura limita el efecto multiplicador del crecimiento. De mantenerse la actual tendencia, la economía crecerá en torno al 3.6 %, como estima el BCH, pero sin ampliar el empleo formal ni atraer capital fresco.
Este modelo de crecimiento limitado genera tensiones sociales y reduce las posibilidades de competir por inversión en el contexto regional, especialmente frente a países como República Dominicana o Guatemala, que han reforzado su imagen como destinos confiables para el capital privado.
Cuando la economía espera, el desarrollo se posterga
La política y la economía no se mueven en tiempos diferentes. El enfriamiento de la inversión extranjera ya impacta a la economía real. Menos empleos formales, menos construcción, menos expansión turística. El país crece, pero no se desarrolla. La economía hondureña necesita algo más que cifras positivas: necesita confianza.
El 30 de noviembre no se elige solo un gobierno, sino también un clima para hacer negocios. La inversión no desaparece, se desplaza. En este momento, la pregunta no es si Honduras puede crecer, sino si puede convencer al capital de quedarse. Y ya hay muchos capitales en República Dominicana, El Salvador, Guatemala, Costa Rica y Panamá.




