Antes de Semana Santa el Ejecutivo acelera bacheo y emprendedores apuestan a atraer hondureños a destinos clave del país.
“Queremos volver a enamorar a los hondureños de su país”, dijo el ministro de Turismo, Andrés Ehrler, mientras el Gobierno activa un plan contrarreloj: carreteras reparadas, playas limpias y destinos listos antes del mayor éxodo interno del año. Semana Santa vuelve a ser una prueba económica y emocional para Honduras.

Una apuesta directa al turismo interno
El Gobierno ha decidido poner el foco en el turismo nacional como motor inmediato de reactivación económica. Cada Semana Santa, alrededor de 2 millones de hondureños se movilizan dentro del país, una cifra que se ha mantenido relativamente estable en la última década y que representa una inyección clave de ingresos para hoteles, restaurantes, transporte y comercio local.
Según explicó el ministro de Turismo, Andrés Ehrler, la estrategia parte de una premisa clara: si las familias hondureñas sienten seguridad, acceso y condiciones dignas en las rutas y destinos, el viaje se concreta. “El enfoque ahorita es volver a enamorar a los hondureños de su país y que sean ellos los mejores promotores”, afirmó el funcionario al presentar el plan previo al asueto.
La decisión no es menor. En un contexto de inflación contenida pero con presión sobre el ingreso disponible, el turismo interno se consolida como una alternativa más accesible frente a los viajes internacionales. El Ejecutivo apuesta a que ese gasto se quede en las comunidades.
El factor carretera: 60 días para cambiar la percepción
Uno de los ejes centrales del plan es la rehabilitación acelerada de la red vial, especialmente en los accesos a destinos turísticos de sol y playa, tanto en la zona norte como en el sur del país. El presidente Nasry Asfura se comprometió a que en un plazo de 60 días las rutas principales estén habilitadas, justo antes del inicio de la Semana Santa.
Para ello, el Gobierno aprobó un decreto de emergencia que permite intervenir 2 700 kilómetros de carreteras mediante un programa intensivo de bacheo y reparación. La medida busca resolver uno de los reclamos históricos del sector turístico: el mal estado de los accesos como principal barrera para el visitante nacional.
Ehrler subrayó que la infraestructura no es solo un asunto técnico, sino emocional. “Tenemos que darle garantía al empresario, al emprendedor y al viajero de que llegar a su destino no será una odisea”, señaló, en referencia a la percepción negativa acumulada en años recientes.
Empresarios, alcaldes y comunidades: una convocatoria amplia
El plan gubernamental no se limita a la obra pública. Desde la Secretaría de Turismo se lanzó un llamado directo al sector privado y a los gobiernos locales para aprovechar la ventana de oportunidad que representa el asueto.
“El llamado es a que empiecen a armar paquetes, a que trabajen la oportunidad de atraer nuevamente a los hondureños”, expresó Ehrler, dirigiéndose al empresariado turístico, hoteles, operadores y pequeños emprendedores de las zonas costeras.
En paralelo, la convocatoria incluye a las alcaldías. Según explicó el ministro, los gobiernos municipales tienen un rol clave en la limpieza de playas, ordenamiento de espacios públicos y mejora de la imagen urbana, elementos que influyen directamente en la decisión de viaje.
-
Limpieza y mantenimiento de playas y balnearios
-
Coordinación local para seguridad y orden
-
Promoción de actividades culturales y comunitarias
-
Apoyo a emprendedores turísticos locales
-
Mejora de accesos secundarios y señalización
La lógica es simple: si la experiencia del visitante mejora, el impacto se multiplica en la economía local.
Turismo sin chimenea y empleo inmediato
El turismo, definido históricamente como la “industria sin chimenea”, es uno de los sectores con mayor capacidad de generar empleo rápido y descentralizado. Según datos oficiales, cada temporada alta activa miles de empleos temporales en transporte, gastronomía, alojamiento y comercio informal.
Ehrler remarcó que la apuesta no es solo por cifras macro, sino por ingresos directos a familias. “Cuando un hondureño viaja, activa toda una cadena: desde quien vende comida hasta quien alquila una habitación”, explicó al referirse al impacto en comunidades costeras y rurales.
En años anteriores, el desánimo por la infraestructura y la percepción de abandono había reducido la intención de viaje en algunos segmentos. El Gobierno reconoce ese desgaste y busca revertirlo con señales visibles antes del asueto.
Contexto regional y comparativo
La estrategia hondureña se enmarca en una tendencia regional. En Centroamérica, el turismo interno representa entre 60 % y 75 % del movimiento turístico total durante feriados largos, según datos de organismos regionales de turismo. Países como Costa Rica y Guatemala han fortalecido campañas similares para incentivar el consumo local ante escenarios internacionales más volátiles.
En Honduras, el volumen de 2 millones de viajeros internos en Semana Santa equivale a casi una quinta parte de la población, una proporción comparable con mercados turísticos internos más consolidados de la región. La diferencia, reconocen las autoridades, ha estado en la infraestructura y la coordinación territorial.
La inversión vial de emergencia busca cerrar esa brecha en el corto plazo, mientras se reposiciona el relato del turismo nacional como una experiencia cercana, accesible y segura.
Recuperar la confianza como objetivo central
Más allá de las obras y los anuncios, el objetivo explícito del Gobierno es recuperar la confianza del viajero hondureño. Ehrler lo expresó sin rodeos al referirse al malestar acumulado: “Ese descontento y desánimo que existía por el turismo de Honduras tiene que quedar atrás”.
La narrativa oficial apuesta a que el ciudadano vuelva a mirar hacia adentro, redescubra los destinos locales y los recomiende. En términos de comunicación, el turista nacional deja de ser un actor pasivo para convertirse en embajador espontáneo.
Si las carreteras se habilitan, las playas se ordenan y los servicios responden, Semana Santa 2026 no solo medirá flujos turísticos. Será un termómetro de algo más profundo: la capacidad del país de volver a creer en su propio territorio como destino.




