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21 septiembre , 2026

El Niño pone en riesgo los costos de las empresas en Honduras: agua, energía y logística bajo presión

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El Niño ya está afectando agua, agricultura y planificación pública en Honduras, y ahora el riesgo climático entra directamente en los costos de las empresas.

SOYDATOS EXPRESS

  • 15%: hasta ese nivel podrían aumentar los costos logísticos de empresas latinoamericanas ante cuellos de botella asociados al fenómeno climático, según el análisis citado de WTW.
  • 75 municipios: Honduras mantiene alerta roja por sequía hasta el 16 de diciembre.
  • 234 municipios: tienen algún nivel de alerta por los efectos de El Niño.
  • L180 millones: inversión anunciada para pozos, bombas solares y sistemas de riego.
  • US$40 millones anuales: inversión que la SAG plantea durante 10 años para incorporar unas 60,000 hectáreas adicionales bajo riego.

En Honduras, El Niño ya dejó de ser solamente un problema agrícola

La discusión sobre El Niño suele comenzar con el productor que mira al cielo esperando lluvia. Pero para Honduras el problema ya es bastante más grande.

La falta de agua puede terminar convirtiéndose en un problema de costos para supermercados, industrias, agroexportadores, transportistas, hoteles, restaurantes y empresas que dependen de energía, materias primas o cadenas de suministro estables.

El Gobierno mantiene 75 municipios en alerta roja por sequía y otros 159 en alerta verde o amarilla. En total, 234 de los 298 municipios del país permanecen bajo algún nivel de alerta hasta diciembre.

Eso cambia la conversación empresarial. Ya no se trata solamente de cuánto producirá el agricultor. La pregunta pasa a ser cuánto costará producir, mover, almacenar y vender en un entorno de mayor estrés hídrico.

El 15% es una referencia regional, no una factura automática para Honduras

El análisis de WTW citado por Infobae estima que los cuellos de botella provocados por eventos climáticos podrían elevar hasta 15% los costos logísticos de empresas latinoamericanas.

Ese porcentaje debe manejarse con cuidado: no significa que todas las empresas hondureñas vayan a enfrentar automáticamente un aumento de 15% en sus costos.

Es una estimación de exposición regional ante interrupciones de transporte y suministro. Pero sirve para ponerle una dimensión económica al problema.

Si una carretera se vuelve menos transitable, si una ruta debe modificarse, si aumenta el tiempo de entrega, si una materia prima escasea o si una empresa necesita mantener inventarios mayores para protegerse, el costo aparece aunque el fenómeno climático no ocurra dentro de la planta.

Honduras tiene un punto especialmente sensible: el agua

Aquí está probablemente el mayor riesgo para la economía hondureña. La sequía ya obligó al Gobierno a intervenir en municipios afectados mediante pozos, reservorios, bombas solares y sistemas de riego. La SAG reporta una inversión de L180 millones para estas obras.

Además, el Gobierno plantea una estrategia mucho más grande: US$40 millones anuales durante una década para incorporar unas 60,000 hectáreas adicionales bajo riego. Eso revela algo importante: el problema dejó de ser visto como una emergencia de una temporada.

Honduras está empezando a tratar el agua como infraestructura económica. Y eso importa directamente a las empresas. Una agroindustria necesita agua para producir. Una procesadora necesita agua para operar. Un hotel necesita garantizar suministro. Una embotelladora depende de ella. Una planta industrial necesita continuidad. Incluso una empresa comercial termina afectada si sus proveedores agrícolas producen menos.

La energía es el segundo punto de presión

El agua y la energía están conectadas. Cuando los niveles de agua disponibles para generación hidroeléctrica disminuyen, el sistema eléctrico puede necesitar recurrir en mayor medida a otras fuentes de generación, dependiendo de las condiciones del sistema.

Por eso una temporada climática adversa no solamente puede afectar al campo. También puede convertirse en una variable energética para la industria. Honduras acaba de aprobar su Plan Indicativo de Expansión de la Generación y su Plan de Expansión de la Red de Transmisión 2026-2035, publicados el 18 de septiembre. El propio sistema eléctrico está, por tanto, entrando en una etapa de planificación de largo plazo sobre generación y transmisión.

Para el empresario, la lectura es sencilla: agua, electricidad y continuidad operacional ya no pueden analizarse por separado.

El agro es donde el impacto aparece primero

La agricultura está en la primera línea. Honduras ya destinó L1,500 millones a programas de incentivos para producción agropecuaria y está utilizando asistencia técnica, semillas, fertilizantes y obras de agua para reducir el impacto de la sequía.

En Copán, por ejemplo, la SAG entregó recientemente 1,333 incentivos agrícolas para productores de maíz y frijol. Pero hay una segunda consecuencia que interesa mucho al sector privado: si cae el rendimiento, aumenta el costo unitario de producir. Y cuando aumenta el costo unitario, la presión pasa al resto de la cadena.

El productor vende más caro o reduce su margen. El acopiador paga más. El transportista enfrenta menor volumen o mayores recorridos. La industria busca materia prima alternativa. El comercio recibe un producto más costoso. Al final, el fenómeno climático puede aparecer en una factura que originalmente parecía no tener ninguna relación con el clima.

Hay otro riesgo: los inventarios

Este es uno de los puntos más importantes para los gerentes hondureños. Cuando una empresa depende de proveedores vulnerables al clima, puede verse obligada a mantener más inventario para evitar quedarse sin producto. Eso tiene un costo.

Más inventario significa más capital de trabajo, almacenamiento, seguros y recursos financieros inmovilizados. Por eso una empresa que quiera protegerse de El Niño no necesariamente tiene que comprar más. Primero necesita saber qué proveedor, qué ruta y qué materia prima representan realmente su mayor vulnerabilidad.

Honduras está empezando a construir una respuesta estructural

Hay señales de que el país está intentando pasar de la emergencia a la adaptación. El 17 de septiembre, SAG, AMHON y SERNA firmaron un convenio para construir obras de cosecha de agua en municipios afectados. Estudios acompañados por CATIE y CIAT identificaron alrededor de 2,000 sitios potenciales para estas obras.

Y el 18 de septiembre, el Gobierno anunció que prepara alrededor de 20 vuelos de siembra de nubes, con una cobertura potencial de hasta 2 millones de hectáreas, priorizando el Corredor Seco y zonas vinculadas a fuentes de agua del Distrito Central, El Cajón y Alto Aguán. La propia SAG señala que esta medida es complementaria y no sustituye las soluciones estructurales.

La dimensión de estas medidas muestra la magnitud del problema. Pero también deja una pregunta empresarial mucho más interesante: ¿cuánto de la infraestructura de adaptación climática debe ser pública y cuánto debe formar parte de las inversiones de las propias empresas?

El nuevo costo del clima

Durante muchos años, las empresas hondureñas podían tratar un evento climático como una contingencia ocasional. Eso está cambiando. Ahora el clima empieza a entrar en decisiones que normalmente pertenecían a finanzas, operaciones, compras y logística.

Un gerente necesita saber qué ocurre si falta agua durante 30 días. Qué proveedor puede sustituir al actual. Qué pasa si una carretera queda interrumpida. Cuánto inventario adicional necesita. Qué ocurre con el costo de energía. Cuánto capital de trabajo tendría que inmovilizar.

Ese es el verdadero costo empresarial de El Niño: no solamente el daño que provoca, sino el precio de estar preparado para que ese daño no paralice la operación.

La mirada de la Directora

Honduras tiene una ventaja que todavía puede aprovechar: el problema es visible antes de convertirse completamente en un problema económico.

Ya existen alertas, mapas, información climática, inversiones públicas y señales sobre los sectores más expuestos. CENAOS-COPECO mantiene seguimiento meteorológico y pronósticos estacionales que pueden servir como insumo para la planificación.

Para las empresas, el momento de reaccionar no debería ser cuando falte el agua, suba el costo del transporte o se interrumpa un proveedor.

La conversación empresarial debe pasar de “qué hacemos cuando llegue la sequía” a “qué parte de nuestro negocio depende del agua, de la energía y de una cadena logística que el clima puede alterar”.

El 15% es una referencia regional. El desafío hondureño es convertir esa advertencia en números propios: cuánto le costaría a cada sector una interrupción de agua, energía, transporte o suministro. Ahí comienza una verdadera estrategia de resiliencia empresarial.

Por Linda Gutiérrez

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