La CNBS y el Banco Mundial impulsan una nueva evaluación del riesgo climático para fortalecer la estabilidad financiera y proteger la cartera crediticia hondureña.
El cambio climático dejó de ser únicamente un desafío ambiental para convertirse en un riesgo financiero. La Comisión Nacional de Bancos y Seguros (CNBS) solicitó asistencia técnica al Banco Mundial para medir cómo fenómenos como huracanes, inundaciones y sequías podrían afectar al sistema bancario hondureño, cuya cartera mantiene una elevada exposición a sectores vulnerables. El objetivo es incorporar modelos de supervisión que permitan anticipar pérdidas y fortalecer la estabilidad financiera del país.
¿Por qué el cambio climático ya preocupa a la banca hondureña?
Cuando se habla de cambio climático normalmente se piensa en sequías, inundaciones o aumento de temperaturas. Sin embargo, los principales supervisores financieros del mundo hoy observan otro efecto menos visible: el impacto sobre los bancos.
Cada desastre natural reduce la producción, afecta empresas, destruye infraestructura y disminuye la capacidad de pago de miles de familias. El resultado termina reflejándose en un incremento de la mora bancaria, mayores provisiones y un deterioro de la cartera de crédito.
Ese escenario explica por qué la Comisión Nacional de Bancos y Seguros (CNBS) solicitó nuevamente asistencia técnica al Banco Mundial, con el propósito de desarrollar modelos que permitan medir cómo distintos escenarios climáticos afectarían la estabilidad del sistema financiero hondureño.
La iniciativa forma parte de una estrategia internacional que ya implementan reguladores financieros en países como Chile, Colombia, México y Brasil, donde los denominados Climate Stress Test forman parte de las herramientas utilizadas para evaluar la resiliencia de los bancos frente al cambio climático.
¿Qué tan expuesto está el crédito bancario en Honduras?
Los estudios desarrollados por el Banco Mundial muestran que la vulnerabilidad es considerable.
Aproximadamente 20.8% de toda la cartera del sistema bancario presenta una alta exposición a huracanes.
Cuando el análisis incorpora inundaciones y otros eventos hidrometeorológicos, la exposición alcanza cerca del 30% del crédito nacional, una de las proporciones más elevadas dentro de Centroamérica.
El problema no es únicamente geográfico.
Gran parte del financiamiento bancario se concentra precisamente en actividades económicas altamente sensibles al clima, entre ellas:
- Agricultura
- Construcción
- Manufactura
- Electricidad
- Bienes raíces
- Transporte
- Agua y saneamiento
Estas actividades representan miles de millones de lempiras en préstamos otorgados por la banca nacional y constituyen motores fundamentales del crecimiento económico.
¿Qué enseñaron Eta e Iota al sistema financiero?
Los huracanes Eta e Iota, que impactaron Honduras en 2020, dejaron una de las mayores lecciones para el sistema financiero nacional.
Según estudios elaborados por el Banco Mundial, después de ambos fenómenos naturales la proporción de créditos improductivos o reestructurados aumentó 5.7 puntos porcentuales dentro de los sectores más afectados.
El deterioro fue especialmente significativo en tres actividades económicas:
| Sector | Incremento del deterioro de cartera |
|---|---|
| Electricidad | 12.2 puntos |
| Manufactura | 9.3 puntos |
| Agricultura | 6.1 puntos |
En conjunto, estos sectores representan aproximadamente 22.7% del crédito bancario hondureño, lo que evidencia cómo un evento climático puede trasladarse rápidamente hacia la estabilidad financiera.
¿Qué departamentos concentran el mayor riesgo financiero?
La exposición tampoco está distribuida de manera uniforme.
Los análisis del Banco Mundial indican que Cortés y Francisco Morazán concentran alrededor de dos terceras partes de la cartera bancaria más expuesta a huracanes.
La explicación es económica.
Ambos departamentos concentran la mayor actividad industrial, comercial, empresarial y urbana del país, además de importantes inversiones inmobiliarias e infraestructura crítica.
Esto significa que un fenómeno climático severo sobre estas regiones no solo tendría consecuencias sociales, sino también efectos relevantes sobre el comportamiento del crédito y la liquidez bancaria.
¿Por qué el BCH también observa el riesgo climático?
El Banco Central de Honduras (BCH) ha señalado de manera recurrente que los fenómenos climáticos afectan variables macroeconómicas fundamentales.
Las sequías reducen la producción agrícola y la generación hidroeléctrica.
Las inundaciones interrumpen cadenas logísticas, dañan infraestructura, disminuyen exportaciones y afectan la producción industrial.
Todo ello termina impactando el crecimiento económico, la inflación y posteriormente la capacidad de pago de hogares y empresas.
En otras palabras, el riesgo climático ya no es únicamente ambiental; se ha convertido en un factor que influye sobre la estabilidad macroeconómica y financiera del país.
¿Qué cambiará para la banca hondureña?
La asistencia técnica del Banco Mundial permitirá a la CNBS construir escenarios que simulen distintos niveles de estrés climático y medir cuánto podrían perder los bancos bajo diferentes eventos extremos.
Esta información servirá para fortalecer la supervisión prudencial, mejorar la gestión del riesgo y desarrollar políticas que permitan aumentar la resiliencia del sistema financiero.
En economías desarrolladas estos ejercicios ya forman parte de la regulación bancaria.
Honduras apenas inicia ese proceso.
Cuando el clima también se convierte en un indicador financiero
Durante décadas, los bancos evaluaron principalmente ingresos, garantías y capacidad de pago antes de aprobar un crédito. Hoy esa ecuación incorpora una nueva variable: el clima.
Para la CNBS, anticipar cuánto puede deteriorarse la cartera bancaria después de un huracán, una inundación o una sequía ya no constituye un ejercicio estadístico, sino una herramienta para preservar la estabilidad financiera de uno de los países más vulnerables al cambio climático.
La transición refleja un cambio profundo en la regulación bancaria mundial: el riesgo climático dejó de pertenecer únicamente a las políticas ambientales y pasó a formar parte de la agenda económica, monetaria y financiera. En Honduras, donde hasta tres de cada diez lempiras prestados están expuestos a fenómenos naturales, la capacidad para medir ese riesgo podría convertirse en uno de los factores decisivos para proteger el crédito, la inversión y el crecimiento económico durante la próxima década.

