Teherán apuesta por una guerra de desgaste que golpee mercados energéticos, presione a Washington y sacuda economías dependientes del petróleo.
La guerra en Medio Oriente entró en una fase donde el petróleo se convirtió en el verdadero campo de batalla económico. Mientras continúan los ataques entre Estados Unidos, Israel e Irán, Teherán parece haber elegido una estrategia distinta: sacudir el mercado energético mundial. Misiles, drones y amenazas al estrecho de Ormuz buscan elevar los costos políticos y económicos para Washington en una guerra que podría definirse por resistencia más que por poder militar.
La estrategia de Teherán: una guerra de desgaste
Irán parece haber aceptado que no puede ganar la guerra por superioridad militar directa. En cambio, la apuesta es convertir el conflicto en una guerra de desgaste económico y político que golpee tanto a Occidente como a los aliados regionales de Washington.
Según explicó Fawaz Gerges, profesor de la London School of Economics, el liderazgo iraní interpreta el conflicto como una amenaza existencial. “Para ellos, están librando una batalla existencial. Esto es una guerra total”, afirmó el analista, al describir la mentalidad estratégica de Teherán.
En ese tablero geopolítico, el petróleo es la pieza más poderosa. Al alterar el flujo energético global, Irán puede amplificar el impacto económico de la guerra mucho más allá del campo militar.
La Guardia Revolucionaria toma el control
El actor central de esta estrategia es el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (IRGC), la estructura militar que durante décadas ha protegido al régimen iraní.
De acuerdo con analistas del Middle East Institute, el IRGC no solo dirige las operaciones militares, sino que también coordina redes regionales de aliados armados y fuerzas proxy que operan en distintos puntos del Medio Oriente.
La influencia de la Guardia también quedó reflejada en la transición política reciente. Tras la muerte del ayatolá Ali Khamenei, el nuevo líder supremo es Mojtaba Khamenei, cuyo ascenso —según fuentes regionales— contó con el respaldo decisivo de esta estructura militar.
Esta concentración de poder refuerza la estrategia de resistencia. Como explicó el investigador Alex Vatanka, especialista en política iraní, “son como un animal sangrando: heridos, pero por tanto más peligrosos que nunca”.
El Golfo Pérsico y el petróleo como arma
Los ataques recientes contra infraestructura energética en el Golfo muestran cómo la estrategia iraní busca multiplicar el impacto económico del conflicto.
El objetivo es claro: aumentar el nerviosismo en los mercados energéticos y elevar el precio del crudo. Para economías dependientes del petróleo —desde Europa hasta Asia— cualquier interrupción en la región genera efectos inmediatos.
En este escenario, el estrecho de Ormuz aparece como la pieza crítica del tablero energético mundial. Este corredor marítimo conecta el Golfo Pérsico con el océano Índico y por él circula cerca de una quinta parte del petróleo que se comercializa globalmente.
Los analistas energéticos destacan tres factores que explican la presión sobre el mercado:
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Cerca del 20% del petróleo mundial transita por el estrecho de Ormuz, según estimaciones de la Agencia Internacional de Energía.
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Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait e Irak dependen de esa ruta para exportar gran parte de su producción.
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Cualquier interrupción en esa vía provoca subidas inmediatas del precio del crudo y del gas natural.
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El conflicto también afecta infraestructuras energéticas regionales, incluyendo refinerías y terminales petroleras.
En términos simples, Teherán busca convertir el petróleo en un multiplicador del conflicto.
Washington responde con presión militar
Desde Washington, el mensaje ha sido claro. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró ante legisladores republicanos que la operación militar continuará hasta que Irán sea “total y decisivamente derrotado”.
Trump también afirmó que, una vez finalizada la campaña militar, Teherán podría quedar sin capacidad significativa para amenazar a Estados Unidos o Israel durante años.
Sin embargo, el desafío no es únicamente militar. A medida que el conflicto se prolonga, el impacto económico comienza a sentirse dentro de la propia política estadounidense.
El aumento en los precios de la energía podría convertirse en un factor sensible para los votantes, especialmente en un año marcado por las elecciones legislativas de mitad de mandato en noviembre.
¿Cuánto arsenal le queda a Irán?
Otra variable clave en esta guerra es la duración del arsenal iraní. La estrategia de desgaste depende en gran medida de cuánto tiempo puede seguir lanzando misiles y drones.
Funcionarios estadounidenses sostienen que gran parte del arsenal ya fue destruido en los ataques iniciales. Sin embargo, fuentes regionales sugieren que Irán podría conservar todavía más de la mitad de sus misiles previos a la guerra.
Si esa estimación es correcta, Teherán podría mantener su campaña durante varias semanas adicionales, un periodo suficiente para amplificar la presión económica global.
Mohannad Hage Ali, investigador del Carnegie Middle East Center, señaló que esta incógnita es crucial para el desarrollo del conflicto. La duración de la capacidad ofensiva iraní podría determinar quién cede primero en la guerra política y económica.
Una economía iraní en modo guerra
Mientras continúan los bombardeos, el régimen iraní parece haber comenzado a reorganizar su economía para resistir una confrontación prolongada.
Observadores citados por analistas regionales indican que el gobierno está priorizando mantener abiertas las cadenas de suministro, incluso si eso implica reducir controles burocráticos.
Un observador en Teherán describió una ciudad que sigue funcionando pese a los ataques. “Las ventanas tiemblan día y noche. Pero la vida sigue”, explicó la fuente.
Las tiendas continúan abiertas, los bancos operan con normalidad y no se han registrado movimientos masivos de población fuera de la capital.
Esa estabilidad aparente sugiere que el liderazgo iraní intenta evitar fracturas internas mientras enfrenta la presión externa.
El impacto en los mercados energéticos globales
La reacción de los mercados energéticos ha sido inmediata. Los precios del petróleo y del gas comenzaron a subir en los primeros días del conflicto, reflejando la incertidumbre sobre el suministro global.
Como explicó soydatos, en las economías modernas el petróleo funciona como un termómetro geopolítico: cualquier amenaza al flujo energético puede generar turbulencias en mercados financieros, transporte y alimentos.
Para países importadores de combustibles —incluidos muchos en América Latina— estos movimientos pueden traducirse en mayores costos logísticos, inflación energética y presión sobre las monedas.
En regiones altamente dependientes del petróleo del Golfo, como Europa o Asia, el impacto puede ser aún mayor.
La gran incógnita de la guerra
La guerra parece avanzar hacia una prueba simultánea de resistencia. Por un lado, Irán busca demostrar que puede sobrevivir a la presión militar y económica. Por otro, Estados Unidos intenta demostrar que puede sostener el costo político y estratégico de la operación.
En palabras del analista Fawaz Gerges, la pregunta central ya no es solo militar: “La gran pregunta es quién parpadea primero en esta guerra total”.
Mientras tanto, el petróleo sigue siendo la palanca más poderosa del conflicto. Y en ese tablero energético global, cada misil que vuela sobre el Golfo también sacude los mercados del mundo.




