Expertos advierten que subempleo e informalidad frenan la economía y exigen políticas que protejan a trabajadores y emprendedores.
El mercado de trabajo hondureño muestra un rostro tratando de sobrevivir: empleos sin prestaciones, bajos salarios, subempleo masivo e informalidad extendida. “Muchos trabajos no cuentan ni siquiera con prestaciones sociales básicas”, señala el presidente del Colegio Hondureño de Economistas (CHE), Juan Carlos Hernández. La advertencia de expertos llega mientras millones trabajan sin seguridad social ni salario digno. El desafío: formalizar el empleo para mejorar vidas y productividad.
El rostro del empleo en Honduras
La realidad laboral de Honduras en 2026 está marcada por estadísticas inquietantes: más de 80% de la fuerza laboral está en la informalidad, sin acceso a seguridad social ni prestaciones de ley. Según el Consejo Hondureño de la Empresa Privada (Cohep), Honduras ocupa el segundo lugar en Centroamérica en empleo informal, con una tasa cercana al 82.6%, superada solamente por Guatemala. rcv.hn
“Son puestos de trabajo muchas veces que ni se cuenta con las prestaciones sociales necesarias para los empleados; los salarios son bajos”, advirtió Juan Carlos Hernández, presidente del CHE. Esta realidad configura un mercado laboral donde trabajar no siempre significa garantizar una vida digna, acceso a salud o protección en caso de desempleo.
La informalidad laboral no solo limita el acceso a derechos básicos, sino que también reduce la productividad nacional e inhibe la recaudación fiscal. Trabajadores sin contrato formal ni aportes a sistemas de seguridad social quedan marginados de beneficios fundamentales, mientras cientos de miles buscan cargas adicionales de trabajo para sostener a sus familias.
Subempleo: el empleo que no alcanza
En Honduras, el subempleo también es un desafío estructural, con cifras que reflejan la precariedad que enfrentan millones de personas. “Creo que hay alrededor de 1.7 millones de hondureños que están subempleados,” señaló Hernández, subrayando que la condición de subempleo afecta la capacidad de mejorar condiciones de vida.
Estos trabajadores realizan labores que no generan ingresos suficientes, carecen de estabilidad horaria o se encuentran en empleos de medio tiempo no deseados. La falta de oportunidades lleva a muchos a aceptar trabajos que no reflejan sus capacidades ni formación, perpetuando un ciclo de bajos ingresos.
Puntos clave del subempleo y la informalidad en Honduras:
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Más del 80% de los trabajadores laboran en condiciones informales.
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Se estima que 1.6–2.3 millones de hondureños están subempleados o en informalidad.
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Jóvenes enfrentan barreras especiales para integrarse al empleo formal.
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Los sectores agrícola y maquilador han perdido empleos formales, impulsando la informalidad.
Estas cifras no solo representan estadísticas, sino historias de hogares donde el trabajo diario no se traduce en seguridad económica ni perspectivas duraderas.
Voces desde el mercado laboral
“Si bien las nuevas autoridades deben apostar a la creación de nuevas fuentes de empleo, también es necesario formalizar las que hay,” afirmó Hernández, poniendo sobre la mesa una estrategia que va más allá de generar puestos de trabajo: mejorar su calidad.
Para economistas y líderes empresariales, la formalización implica garantizar que empleados tengan acceso a seguridad social, prestaciones laborales, y salarios dignos. Este enfoque toca directamente la dignidad humana y la competitividad productiva del país.
Opiniones y propuestas de expertos:
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Formalización del empleo para ofrecer prestaciones y seguridad social.
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Análisis de esquemas de empleo por hora con derechos.
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Incentivos fiscales y tasas preferenciales para emprendedores.
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Políticas públicas integrales que vinculen educación, empleo y productividad.
“Creo que… debemos ver cómo podemos formalizar a estas personas que se encuentran desempeñándose en la informalidad,” insistió Hernández. La urgencia de estas propuestas se sustenta no solo en una mejora económica, sino en un impacto social profundo: menor pobreza, mayor estabilidad familiar y menor migración forzada por razones económicas.
¿Qué implicaciones tiene la informalidad?
La amplia informalidad laboral en Honduras no solo afecta a trabajadores individuales, sino que repercute en la economía en su conjunto. Un mercado donde predominan empleos sin contrato ni aportes a seguridad social genera una brecha en recaudación fiscal que limita la capacidad del Estado para invertir en servicios públicos, infraestructura y educación.
Sin aportes regulares, la sostenibilidad de sistemas de pensiones y salud pública se ve comprometida. Además, empleos informales difícilmente elevan la productividad nacional, lo que repercute en menores ingresos por trabajador comparado con promedios regionales. Estas condiciones colocan a Honduras en una posición vulnerable frente a sus pares centroamericanos.
El propio Cohep ha declarado que esta alta informalidad es un obstáculo para el desarrollo económico sostenible, señalando que en otros países con menor informalidad existen mejores condiciones para el crecimiento de la productividad y el bienestar social.
Retos y opciones para las nuevas autoridades
Para las nuevas autoridades en el gobierno hondureño, el desafío no será solo generar empleo, sino transformar profundamente las condiciones laborales. Esto implica diseñar políticas públicas que integren incentivos para la formalización, capacitación técnica, acceso al financiamiento productivo y alianzas público-privadas para crear empleos con derechos.
Las propuestas de expertos como Hernández incluyen incentivar a pequeñas y medianas empresas que formalicen empleos, facilitar créditos y reducir costos de inscripción empresarial, y reestructurar mecanismos de inspección laboral para garantizar cumplimiento de la ley.
Aunque estos cambios requieren tiempo y consenso, expertos coinciden en que sin avanzar hacia un mercado laboral formal y protegido, Honduras continuará arrastrando problemas sociales y económicos que perpetúan la desigualdad y limitan la prosperidad a largo plazo.




