El sistema registra 87.695 millones de lempiras más en depósitos, la brecha frente al crédito se amplía y el riesgo cambia de signo.
En un giro poco habitual, los hondureños depositaron 87.695 millones de lempiras más que hace un año y pusieron en pausa el crédito bancario: “estamos captando pero no prestando al ritmo esperado”, afirma uno de los ejecutivos. El sistema financiero cerró el tercer trimestre de 2025 con 707.900 millones de lempiras en depósitos, mientras la cartera de préstamos apenas alcanzó 645.500 millones, generando una liquidez inédita.
Crecimiento de depósitos y cambio de ritmo
Los datos del informe de la Asociación Hondureña de Instituciones Bancarias (AHIBA) revelan que los depósitos en el sistema financiero hondureño crecieron 14,1 % interanual, al sumar 707.900 millones de lempiras al tercero trimestre de 2025, frente a 620.200 millones en septiembre de 2024.
Según el informe, de ese total 552.600 millones (78 %) están en moneda nacional (MN) y 155.300 millones (22 %) en moneda extranjera (ME), lo que evidencia una clara preferencia por el lempira.
“Los depósitos en moneda nacional ya representan la mayor parte del crecimiento”, explica la AHIBA.
Este acelerado ritmo de captación contrasta con el comportamiento de otras variables: la banca está recibiendo dinero, pero no lo está prestando al mismo ritmo que antes.
Crédito bancario: avance moderado y señales de alerta
La cartera de créditos bancarios también creció, pero de forma muy moderada: al septiembre de 2025 alcanzó 645.500 millones de lempiras, frente a 609.100 millones un año atrás, lo que supone un incremento de 36.370 millones. De ese total, 502.500 millones (78 %) fueron en moneda nacional y 143.000 millones (22 %) en moneda extranjera.
Sin embargo, la AHIBA advierte que el ritmo de crecimiento del crédito en moneda nacional se está ralentizando, mientras que el crédito en moneda extranjera crece “vigorosamente” pero representa solo el 22 % de la cartera, por lo que no compensa la debilidad del segmento en lempiras.
Un alto ejecutivo bancario confiesa: “tenemos plata, pero no encontramos proyectos al nivel que demandan los índices de colocación anteriores”. Ese contexto empieza a generar preguntas sobre la vitalidad del sector productivo.
Brecha, liquidez y riesgos emergentes
El desequilibrio entre depósitos y créditos se traduce en una brecha que se ha invertido favorablemente para la banca.
• Al septiembre de 2025 la diferencia entre depósitos (707.900 millones) y créditos (645.500 millones) dejó un saldo positivo de 62.416 millones de lempiras.
• Esa cifra es más de seis veces la brecha registrada al mismo mes del año pasado.
• La liquidez bancaria se elevó de 114.899 millones a septiembre de 2024 a 168.885 millones al mismo mes de 2025, un aumento de 53.986 millones.
La directora ejecutiva de AHIBA dijo: “la liquidez en moneda nacional ya registra la tasa de variación más alta”.
Este paisaje de exceso de depósitos frente al crédito abre interrogantes sobre hacia dónde va ese ahorro: ¿se transformará en inversión o se mantendrá dormido en las bóvedas?
Cambio de signo para la banca y la economía doméstica
Para un cliente de clase media que deposita su dinero en el banco, este informe podría sonar como una buena noticia: más estabilidad, más ahorro, quizá mejores condiciones. Pero para la economía productiva del país, la situación plantea otro escenario.
Cuando los bancos captan mucho más que prestan, disminuyen los incentivos a financiar empresas, pymes o consumo. El economista del sector financiero hondureño comenta: “la banca ahora está en modo acumulador, no de impulsor”.
La paradoja se refleja: el ciudadano ahorra, la banca acumula, pero la inversión no despega. Esto podría traducirse en menor dinamismo económico en el mediano plazo, aun cuando las cifras de captación luzcan robustas.
Implicaciones para familias y escenarios por venir
Para las familias de entre 25 y 45 años, que miran al futuro —vivienda, educación, negocio— el crecimiento de los depósitos sugiere mayor confianza en el sistema bancario. Sin embargo, el freno del crédito podría implicar menos acceso a préstamos para consumir o invertir.
“Si no nos prestan al ritmo que necesitamos, ¿cómo crecemos?”, plantea una pequeña empresaria de Tegucigalpa. También es necesario ver qué hará la banca con el dinero acumulado: ¿mejorará plazos y tasas de interés para depósitos? ¿Se orientará a inversión en infraestructura o exportación?
Las cifras de AHIBA dejan claro que estamos ante un cambio de fase: de banca prestadora a banca depositaria. Los efectos reales aún están por verse, y podrían ir más allá de los balances.
En este escenario, la banca hondureña vive un momento de alta liquidez y excedente de captación, mientras la colocación de créditos pierde ritmo. Ese cambio de signo puede parecer saludable en términos de estabilidad, pero plantea preguntas importantes para el crecimiento económico y el acceso al financiamiento.




