El alimento diario de un niño es más que nutrición: es presencia, rendimiento, disciplina, salud y dignidad.
Tegucigalpa. En Honduras, donde miles de niños solo comen una vez al día, el Estado interrumpió el único alimento seguro que reciben: la merienda escolar. Durante 49 días no llegó a las aulas. La Asociación para una Sociedad Más Justa (ASJ) advierte que el daño ya no es solo nutricional, sino educativo, social y estructural.
Cuando el hambre entra a la escuela
La merienda escolar es mucho más que un recurso logístico. Para miles de estudiantes en comunidades rurales, representa la única comida segura del día. Desde hace 49 días, ese plato no llega. La Asociación para una Sociedad Más Justa (ASJ), en su informe “Aulas Abiertas”, señala que esta interrupción compromete directamente la permanencia de los niños en el sistema educativo.
En departamentos como Intibucá, Gracias a Dios o El Paraíso, muchos docentes han reportado un aumento del ausentismo. “Los padres no pueden mandar al niño con el estómago vacío”, explica una maestra rural entrevistada por ASJ. Esta situación no solo afecta el presente, sino que mina el esfuerzo por recuperar la matrícula tras los años de pandemia.
Una política ausente donde más se necesita
Este año, Honduras había registrado un leve repunte de 4.000 nuevos alumnos en la matrícula escolar, según datos de la Secretaría de Educación. Sin embargo, ASJ advierte que la falta de previsión en la entrega de alimentos podría revertir ese avance. A ello se suma la pérdida prevista del 25 % de los días de clase por feriados patrios, el mes morazánico y el proceso electoral.
La ASJ exigió al gobierno acelerar la entrega de la tercera remesa de alimentos y adoptar medidas urgentes para garantizar la continuidad de la merienda escolar durante los 200 días del calendario lectivo. En paralelo, recomendó reducir los tiempos logísticos y planificar con antelación para el ciclo 2026.
El costo silencioso del hambre infantil
El impacto de esta suspensión va más allá del aula. De acuerdo con UNICEF, el retraso nutricional (talla baja para la edad) afecta a 1 de cada 4 niños hondureños. La merienda escolar cumple una función preventiva frente a esta condición. “Hablar de calidad educativa sin asegurar alimentación es un contrasentido. El aprendizaje empieza con el estómago lleno”, sentencia el informe de ASJ.
Mientras Honduras interrumpe la entrega de alimentos escolares, países como El Salvador, República Dominicana y Costa Rica han ampliado la cobertura de sus programas de alimentación escolar a más de 220 días por año, incorporando además suplementos nutricionales, educación alimentaria y compras locales que dinamizan economías rurales.
Infancia en pausa, promesas en campaña
El silencio del gobierno ante este retroceso se da en paralelo a discusiones políticas centradas en pactos electorales, candidaturas y disputas dentro del Consejo Nacional Electoral. La niñez, sin voz ni voto, queda relegada. El presidente del Congreso, Luis Redondo, ha hablado de educación como prioridad nacional, pero las fallas operativas contradicen ese discurso.
Para organizaciones como ASJ, el problema no es presupuestario sino de gestión. “Hay fondos asignados. Lo que falta es voluntad y planificación”, advirtió Carlos Hernández, director de la entidad. Mientras tanto, la deserción se insinúa, especialmente en comunidades con alta pobreza y acceso limitado a agua o servicios básicos.
Un país que promete futuro, pero olvida alimentar el presente
El alimento diario de un niño es más que nutrición: es presencia, rendimiento, disciplina, salud y dignidad. Dejar a miles de alumnos sin esa base durante 49 días no es solo una falla operativa. Es una señal política. Es renunciar a la prioridad más elemental del desarrollo.
Mientras otros países fortalecen su inversión en infancia como estrategia de futuro, Honduras flaquea en asegurar lo más básico. La diferencia no está en la riqueza de las naciones, sino en sus prioridades. Porque allí donde no hay comida, tampoco hay aprendizaje, ni asistencia, ni mañana.




