Honduras redujo el peso del agro en su economía, mientras remesas, servicios e importaciones de alimentos ganaron importancia durante las últimas décadas.
Honduras enfrenta una transformación estructural que puede medirse con cifras: el sector agropecuario pasó de representar alrededor de una quinta parte del PIB a cerca de 12% en la actualidad, mientras las remesas familiares alcanzaron US$6,515.4 millones solamente durante el primer semestre de 2026. El problema no es que el país haya dejado de producir alimentos, sino que la economía genera cada vez más ingresos externos por migración y necesita importar una parte creciente de lo que consume.
¿Realmente Honduras pasó de 62% a 12% del PIB agropecuario?
El dato de 62% atribuido al sector agrícola, ganadero y pesquero antes de Mitch no coincide con las estadísticas históricas disponibles. Para 1998, la FAO registra que las actividades primarias representaban 23.6% del PIB hondureño, mientras una serie de CEPAL sitúa la participación de agricultura, silvicultura, caza y pesca en 19.4%. Otra estimación histórica del Banco Mundial ubica el PIB agrícola en 27.8% del PIB en 1998.
El sector sí tenía un peso mucho mayor que hoy. En 1998, agricultura, ganadería, pesca y actividades forestales eran parte central de la generación de empleo, exportaciones y producción rural. Un estudio sobre la agroindustria hondureña basado en cifras de la época reportó que el conjunto de actividades agropecuarias empleaba aproximadamente 817,100 trabajadores, equivalentes a cerca del 40% de la fuerza laboral.
Por eso, la comparación correcta no es 62% contra 12%, sino aproximadamente 20%-25% del PIB en los años noventa frente a alrededor de 12%-13% actualmente, dependiendo de la definición estadística utilizada.
¿Cuánto representa actualmente el agro en la economía hondureña?
Los datos del BCH muestran que en 2025 el valor agregado de agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca alcanzó L30,636 millones a precios constantes, frente a un PIB de L262,092 millones en la misma base. Eso equivale aproximadamente al 11.7% del PIB.
La cifra es muy diferente a la estructura económica de décadas anteriores.
Para dimensionar el cambio:
- 1998: alrededor de 19%-28% del PIB, según la fuente y definición.
- 2000: aproximadamente 23.1% para el PIB agropecuario, según CEPAL.
- 2024: alrededor de 11.3% en la serie histórica consultada.
- 2025: aproximadamente 11.7% con los datos de valor agregado del BCH.
- 2026: el sector sigue siendo estratégico por empleo, alimentos y exportaciones, aunque su peso relativo en el PIB es mucho menor que hace 25 años.
La caída relativa no significa que el agro haya desaparecido. Significa que otros sectores crecieron más rápido y que la estructura productiva hondureña se desplazó hacia servicios, comercio, manufactura, intermediación financiera y actividades vinculadas al consumo.
¿Qué reemplazó parte del peso económico que perdió el agro?
Los datos de cuentas nacionales muestran dónde está hoy el crecimiento económico.
En 2025, la intermediación financiera generó L78,582 millones de valor agregado, más del doble del valor agregado agropecuario. Otros servicios alcanzaron L105,795 millones, mientras la industria manufacturera llegó a L42,449 millones y comercio, hoteles y restaurantes a L30,698 millones.
La estructura actual, por tanto, es mucho más diversificada que la de finales del siglo pasado.
El punto relevante para la discusión económica es otro: Honduras no sustituyó únicamente producción agrícola por industria exportadora. Una parte importante de la nueva estructura está vinculada a servicios, comercio y consumo interno, mientras las remesas aportan una cantidad creciente de divisas que alimentan ese consumo.
¿Cuánto dependen ahora las familias y la economía de las remesas?
Durante el primer semestre de 2026 Honduras recibió US$6,515.4 millones en remesas, un incremento de 12.3% respecto al mismo período de 2025. El aumento interanual fue de US$715.8 millones.
Los flujos mensuales fueron:
- Enero: US$870.7 millones
- Febrero: US$938.2 millones
- Marzo: US$1,218.3 millones
- Abril: US$1,103.6 millones
- Mayo: US$1,159.7 millones
- Junio: US$1,224.5 millones
La cifra acumulada equivale a aproximadamente US$36 millones diarios durante los primeros seis meses.
La tendencia tampoco comenzó en 2026. Honduras recibió US$9,824 millones en remesas durante 2024 y acumuló US$9,079.9 millones solamente a septiembre de 2025, cuando el crecimiento interanual alcanzaba 26.2%.
El fenómeno tiene una consecuencia macroeconómica concreta: las remesas aportan dólares para financiar consumo, ahorro, vivienda, educación y parte de las importaciones, y ayudan a sostener la disponibilidad de divisas.
¿Qué relación existe entre remesas e importaciones de alimentos?
Aquí aparece uno de los datos que mejor explica la frase de que Honduras “gasta” parte de las divisas que recibe.
Las importaciones de alimentos y bebidas pasaron de US$1,865 millones en 2021 a US$2,734 millones en 2025, un aumento de aproximadamente US$869 millones, equivalente a casi 47% en cuatro años. Esta categoría llegó a representar alrededor del 16% de las importaciones de mercancías.
No todo ese incremento significa que Honduras haya dejado de producir esos alimentos. Una parte corresponde a alimentos procesados, insumos para la industria y productos que complementan la producción nacional.
Pero el caso del arroz muestra una dependencia mucho más precisa.
Honduras consume alrededor de 6 millones de quintales de arroz al año, mientras la producción nacional estaba por debajo de 500,000 quintales. La SAG calcula que el país necesita importar más de 5 millones de quintales para cubrir la demanda.
En otras palabras, el país produce menos de una décima parte del arroz que consume bajo esas cifras.
La respuesta oficial para 2026 es aumentar la producción a 600,000-700,000 quintales, mientras la meta de largo plazo es llegar a 3 millones de quintales, aproximadamente la mitad del consumo nacional.
¿Qué otros datos muestran la pérdida de autosuficiencia productiva?
El arroz es solamente uno de los ejemplos. Las importaciones de alimentos y bebidas alcanzaron US$2,734 millones en 2025, mientras las compras totales de bienes de Honduras llegaron a aproximadamente US$20,424.6 millones ese año.
Dentro de las importaciones de alimentos aparecen productos primarios y procesados.
En 2025, por ejemplo, las compras externas de alimentos y bebidas incluyeron:
- US$642.9 millones solamente en el primer trimestre.
- US$531.1 millones correspondieron a alimentos procesados en ese período.
- US$111.8 millones fueron productos del sector primario.
Esto muestra que la dependencia alimentaria no se limita a comprar materias primas. Honduras también importa alimentos procesados, es decir, productos con mayor valor agregado.
¿Significa esto que Honduras dejó de producir para exportar?
No. Esta es otra precisión necesaria.
El sector agroalimentario continúa siendo uno de los principales generadores de exportaciones hondureñas. En 2025, las exportaciones de mercancías generales alcanzaron US$6,597.5 millones, impulsadas principalmente por café, aceite crudo de palma y camarón.
El problema es la composición.
Honduras puede ser simultáneamente un exportador importante de café, camarón, palma y otros productos agroindustriales y, al mismo tiempo, importar alimentos que no produce suficientemente o productos procesados.
Eso significa que la pérdida de peso del agro en el PIB no equivale a la desaparición del sector exportador agrícola.
La discusión económica está en otra parte: cuánto valor agregado queda dentro del país, cuánto se produce para el mercado interno y cuánto de la demanda alimentaria se cubre mediante producción nacional.
¿Qué está pasando con la producción de granos básicos?
El Gobierno está intentando revertir parte de esa dependencia.
En arroz, la SAG acordó con productores y agroindustria un precio de garantía de L545 por quintal, financiamiento a una tasa preferencial de 7%, plazos de 9 a 12 meses y un seguro agrícola financiado en 80% por el Gobierno y 20% por el productor. La agroindustria se comprometió además a comprar el 100% de la cosecha nacional.
El paquete incluye un fondo de L6 millones a L7 millones para semilla mejorada, fertilizantes y tecnología.
El objetivo inmediato es pasar de unos 450,000 quintales a entre 500,000 y 700,000 quintales, mientras se prueban variedades con potencial de hasta 120 quintales por manzana.
El Gobierno también comenzó a georreferenciar productores mediante carnés digitales con código QR para identificar área sembrada, ubicación y financiamiento. Esto importa porque permite vincular crédito y subsidios con productores efectivamente registrados.
¿Por qué el clima aumenta el riesgo de depender más de las importaciones?
El problema productivo ocurre mientras Honduras enfrenta mayor exposición a sequías y lluvias irregulares.
La SAG activó medidas para proteger la producción de maíz, frijol y otros cultivos ante el retraso de las lluvias y las condiciones asociadas al fenómeno de El Niño. El Gobierno está utilizando información climática para determinar dónde, cuándo y qué sembrar.
Esto tiene un efecto económico directo: cuando una cosecha se pierde, el país tiene dos opciones para mantener el abastecimiento: utilizar inventarios o aumentar las importaciones.
La segunda opción requiere dólares.
Y ahí aparece la conexión entre las tres variables que deben observarse juntas: producción agrícola, importaciones de alimentos y remesas.
¿Es correcto decir que Honduras vive de las remesas?
Los datos muestran una dependencia elevada, pero decir que Honduras “vive” únicamente de las remesas sería incorrecto.
El país también genera divisas mediante exportaciones de bienes, servicios, inversión extranjera, financiamiento externo y otras operaciones de la cuenta financiera.
En 2025, por ejemplo, las exportaciones de mercancías generales fueron US$6,597.5 millones, mientras las exportaciones de bienes para transformación alcanzaron US$5,347.1 millones.
Pero las remesas tienen una particularidad: son ingresos externos directamente vinculados a los hogares y tienen una escala que compite con las principales fuentes de divisas.
Durante 2025, las remesas llegaron a US$9,824 millones, una cifra superior a las exportaciones de mercancías generales de ese mismo año.
Ese es el dato que permite entender la preocupación expresada por el analista.
¿Qué tan vulnerable es el modelo si las remesas disminuyen?
El riesgo no es que las remesas desaparezcan de un día para otro. El riesgo económico es que crezcan más lentamente mientras las importaciones, el consumo y las necesidades de divisas continúan aumentando.
En julio de 2026, el BCH registraba un flujo acumulado de remesas de US$7,127 millones al 16 de julio, con crecimiento interanual de 11.5%, inferior al ritmo observado en 2025.
Al mismo tiempo, el país mantenía una posición externa respaldada por reservas. Al 16 de julio, las Reservas Internacionales Netas habían aumentado US$1,261.6 millones respecto al 27 de enero y cubrían 6.7 meses de importaciones, según la actualización del Programa Monetario.
Por eso, la afirmación de que al país le quedan “seis meses de vida” si se acaban las reservas no se desprende de los datos oficiales. Las reservas no representan meses de vida económica; la cobertura de importaciones es un indicador de liquidez externa.
¿Cuál es el problema económico que realmente muestran estos datos?
El cambio estructural puede resumirse en cinco cifras:
- Agropecuario: alrededor de 11.7% del PIB en 2025.
- Remesas: US$6,515.4 millones en el primer semestre de 2026.
- Remesas 2025: US$9,824 millones.
- Importaciones de alimentos y bebidas: US$2,734 millones en 2025.
- Arroz: consumo cercano a 6 millones de quintales, con producción nacional inferior a 500,000 quintales.
La fotografía es clara: Honduras sigue teniendo un sector agroexportador relevante, pero produce una proporción menor del PIB que hace dos o tres décadas y depende mucho más de ingresos externos provenientes de los hondureños que viven fuera del país.
El reto no consiste en regresar a una economía exclusivamente agrícola. Consiste en elevar productividad, producir más alimentos estratégicos, incorporar tecnología, aumentar valor agregado y lograr que una mayor parte de las divisas generadas por el país provenga de actividades productivas diversificadas.
La diferencia entre ambas situaciones es fundamental: una economía moderna puede tener un agro menor como porcentaje del PIB y ser altamente productiva. El problema aparece cuando el menor peso del agro se combina con baja productividad, importaciones crecientes de alimentos y una dependencia elevada de ingresos externos que no se generan dentro de la economía nacional.
Ese es el dato estructural que la discusión sobre el supuesto “granero de Centroamérica” debería poner sobre la mesa.


