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1 octubre , 2026

La meta que nunca llegó: por qué Honduras no pudo construir las 80 mil viviendas prometidas

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Falta de recursos, demoras en Banhprovi y retrocesos del sector explican un año crítico para miles de familias que siguen esperando.

“Les dio miedo y frenaron todo”, afirmó el director de la CHICO, Silvio Larios, al explicar por qué Honduras no logró construir las 80 mil viviendas prometidas. La frase expone una falla profunda en un sector que genera miles de empleos y que hoy cierra el año con retrocesos, demoras y cifras preocupantes.

Un objetivo que se diluyó entre demoras y decisiones políticas

El sector construcción, uno de los mayores generadores de empleo en Honduras, cerrará el período con un incumplimiento que pesa sobre miles de familias: no se alcanzó la meta de 80 mil viviendas en cuatro años, un compromiso que había sido presentado como prioridad nacional. Silvio Larios, director ejecutivo de la Cámara Hondureña de la Construcción (CHICO), explicó que “no pudimos llegar a la meta” y atribuyó el fracaso a decisiones tardías y falta de recursos.

En el primer año de gobierno la expectativa era distinta. Según Larios, se construyeron 30 mil unidades, superando la media anual de 25 mil. Ese inicio sólido hacía pensar en una expansión sostenida. Sin embargo, la dinámica cambió abruptamente. “Se detuvo el impulso y nunca volvió a recuperarse”, expresó. Para la CHICO, lo que ocurrió después fue una mezcla de prudencia excesiva dentro del gobierno y lentitud administrativa, especialmente en la asignación de fondos cruciales para los proyectos.

El impacto inmediato: freno en obras y caída en indicadores

Entre 2019 y 2025 la construcción privada venía mostrando una transformación importante, con un crecimiento sostenido en el segmento residencial. Pasó de representar 57.3% del sector en 2019 a 70.2% en 2025, reflejando un claro desplazamiento hacia proyectos de vivienda. Pero este avance estructural no se tradujo en más unidades construidas en 2025, sino en un año de freno.

Los datos recientes muestran que hasta el segundo trimestre de 2025, las obras residenciales apenas alcanzaron 378.9 mil metros cuadrados, lo que significó una caída del 2% respecto al mismo período anterior. La reducción se asoció al cierre de proyectos iniciados en años anteriores y a la falta de nuevos financiamientos. Una empresaria del sector lo describió con dureza: “Había demanda, había constructoras listas, pero no había recursos”. Este argumento coincide con evaluaciones de Banhprovi, que reconoció atrasos en desembolsos para vivienda social.

Lo que explican las cifras: un sector con señales de alarma

La situación se agrava al revisar indicadores de actividad económica. Según el Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE), la construcción privada registró una caída de -4% en los primeros nueve meses de 2025, una contracción que afecta empleo, inversión y recaudación fiscal. Para la CHICO, el freno es reflejo de un sistema de financiamiento que no respondió a tiempo.

“Quedamos cortos en un 25% de lo proyectado”, afirmó Larios. La falta de recursos en Banhprovi, que suele financiar proyectos de vivienda social, fue determinante para que cientos de desarrollos no avanzaran o quedaran congelados. El déficit habitacional, estimado en 1.6 millones de viviendas, se vuelve más difícil de reducir bajo esta tendencia.

Puntos clave para entender el escenario 2025:

  • Caída de -4% en la construcción privada según el IMAE.

  • 378.9 mil m² residenciales construidos al segundo trimestre, un descenso del 2%.

  • Déficit habitacional de más de 1.6 millones de viviendas.

  • Recursos de Banhprovi asignados tarde o en menor cuantía.

  • Incumplimiento de la meta oficial de 80 mil viviendas para el período.

Para los analistas, el freno no solo es económico sino también institucional: faltó coordinación entre gobierno, banca de desarrollo y sector privado en un momento clave.

Voces del sector: miedo, incertidumbre y oportunidad perdida

Los testimonios dentro de la industria son coincidentes. Varias constructoras medianas reportaron que, aunque tenían proyectos listos para iniciar, el financiamiento estatal no llegó a tiempo. “Hubo meses completos sin desembolsos”, aseguró un gerente de proyectos de Tegucigalpa. El clima de incertidumbre se volvió una constante y llevó a que empresas redujeran personal o paralizaran obras parcialmente.

La cámara empresarial advierte que cada retraso provoca un efecto dominó: menos construcción significa menos empleo y menos dinamismo en sectores complementarios como ferreterías, transporte de materiales o servicios de ingeniería. Honduras tiene una población joven y urbanización acelerada, pero la oferta de vivienda no acompaña esa realidad. Según análisis del BCH, la demanda anual supera las 25 mil unidades, con un mercado que requiere casas económicas para familias de ingresos medios y bajos. “Cuando el Estado no ejecuta a tiempo, el país pierde años enteros de progreso”, expresó otro directivo de la CHICO.

Un déficit que sigue creciendo y un año que deja advertencias

El déficit habitacional es uno de los problemas sociales más profundos del país. No solo implica falta de casas nuevas, sino también viviendas deterioradas, hacinamiento y urbanizaciones incompletas. En un año donde la inflación afectó materiales como cemento, hierro y madera, la construcción de vivienda social se volvió aún más compleja. La CHICO insistió en que sin una política pública que garantice financiamiento estable, el déficit de 1.6 millones seguirá aumentando.

A pesar del escenario adverso, las empresas coinciden en que Honduras tiene condiciones para reactivar la construcción si se toman decisiones rápidas. El dinamismo del sector residencial en años previos demuestra que existe capacidad técnica y empresarial para avanzar. La clave, insisten, es resolver la asignación oportuna de recursos y un marco de inversión más previsible. “Si el financiamiento fluye, la construcción responde de inmediato”, señaló una desarrolladora de vivienda económica.

El cierre de 2025 deja un mensaje claro: el sector construcción no necesita discursos, sino certidumbre. Y mientras miles de familias esperan una casa, la meta incumplida de 80 mil viviendas sigue recordando que un país no puede darse el lujo de frenar su desarrollo habitacional en plena época de mayor demanda.

Por Linda Gutiérrez

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