Tegucigalpa. Honduras se encuentra atrapada en una calificación de riesgo país B1 con perspectiva estable según Moody’s Investor Service, una nota que refleja una economía estancada y altamente especulativa. Durante ocho años, el país no ha logrado avanzar hacia el codiciado Grado de Inversión, lo que expone sus vulnerabilidades macroeconómicas y su limitada capacidad para atraer inversión de calidad. Mientras el acuerdo con el FMI ha sido un salvavidas, expertos advierten que persisten riesgos como el alto endeudamiento, instituciones débiles y un contexto social marcado por pobreza y desigualdad.
Honduras en el espejo de Centroamérica
Honduras lleva desde 2017 anclada en la calificación B1 de Moody’s, un nivel considerado “altamente especulativo” y lejos del Grado de Inversión, que en Centroamérica solo ostenta Panamá (calificación Baa2, según Moody’s en 2024). Comparado con la región, Honduras está por debajo de Costa Rica (Ba2, perspectiva positiva) y Guatemala (Ba1, perspectiva estable), pero por encima de El Salvador (Caa3, perspectiva negativa) y Nicaragua (B3, perspectiva negativa).
Este estancamiento contrasta con el progreso de países como Costa Rica, que ha mejorado su calificación en los últimos dos años gracias a reformas fiscales y estabilidad política, según reportes de Moody’s en 2023 y 2024. La calificación B1 refleja una capacidad limitada de repago de deuda, con riesgos agravados por un ingreso per cápita bajo, debilidad institucional y vulnerabilidad a choques climáticos. Aunque el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha estabilizado indicadores clave como las reservas internacionales y el déficit fiscal, Honduras enfrenta desafíos estructurales que frenan su progreso, incluyendo una inflación que, aunque controlada, es la más alta de Centroamérica (5.8% en 2024, según el Banco Central de Honduras).
Un salvavidas del FMI, pero con limitaciones
El acuerdo con el FMI, firmado en 2022 por un monto de 822 millones de dólares, ha sido clave para mantener la calificación B1. Según la economista Liliana Castillo, expresidenta del Colegio Hondureño de Economistas (CHE), este acuerdo ha fortalecido las reservas internacionales, impulsado un crecimiento moderado y permitido un control relativo del déficit fiscal.
Además, factores como el aumento de remesas familiares (10.5% del PIB en 2024, según el Banco Mundial) y los buenos precios del café han apoyado la estabilidad macroeconómica.Sin embargo, Castillo advierte que la calificación B1 implica un alto riesgo crediticio: “Los bonos con esta nota son especulativos y no cumplen con las cualidades ideales para inversionistas”. Esto limita la capacidad de Honduras para atraer capital extranjero de largo plazo, manteniendo al país en una posición frágil frente a posibles choques externos.
Voces expertas: entre la estabilidad y la crítica
Roberto Lagos, economista radicado en Estados Unidos, subraya la falta de progreso: “Desde 2017 estamos estancados en B1, lejos del Grado de Inversión. Esto refleja una economía que no logra despegar”. Por su parte, Hugo Noé Pino, actual vicepresidente del Congreso Nacional y exministro de Finanzas, ha generado controversia al celebrar la calificación como un logro del gobierno de Xiomara Castro, a pesar de haber criticado esta misma nota en 2017, cuando se otorgó bajo la administración de Juan Orlando Hernández. Lagos calificó esta postura como “inconsistente”, señalando contradicciones en el discurso político.
Los retos pendientes: más allá de la calificación
Moody’s destaca que Honduras enfrenta riesgos persistentes: un endeudamiento público elevado (48% del PIB en 2024, según el FMI), instituciones débiles, exposición a desastres climáticos y un ingreso per cápita de apenas 2,800 dólares, uno de los más bajos de la región. Aunque la calificación evalúa la capacidad de pago de la deuda, Castillo enfatiza que no refleja problemas estructurales como la pobreza (afecta al 64% de la población, según el INE 2024) y la desigualdad social, que limitan el desarrollo económico.
Calificaciones de riesgo país de los países de Centroamérica en 2025 según Moody’s, basadas en información disponible y análisis regional.
Las calificaciones reflejan la evaluación de la capacidad de pago de deuda soberana en moneda extranjera a largo plazo, con el contexto proporcionado por el artículo original y fuentes adicionales:
- Panamá: Baa2 (Grado de Inversión, perspectiva estable)
- Único país centroamericano con Grado de Inversión, beneficiado por su posición como hub logístico y financiero, aunque enfrenta retos por el aumento de la deuda pública.
- Costa Rica: Ba2 (especulativo, perspectiva positiva)
- Ha mostrado mejoras gracias a reformas fiscales y estabilidad política, pero aún está por debajo del Grado de Inversión debido a déficits fiscales persistentes.
- Guatemala: Ba1 (especulativo, perspectiva estable)
- Mantiene una posición relativamente sólida en la región, pero limitada por bajo ingreso per cápita y debilidad institucional.
- Honduras: B1 (altamente especulativo, perspectiva estable)
- Estancada desde 2017, con riesgos por alto endeudamiento, debilidad institucional y vulnerabilidad climática, aunque estabilizada por el acuerdo con el FMI.
- El Salvador: Caa3 (muy alto riesgo, perspectiva negativa)
- Afectado por políticas económicas no convencionales, como la adopción del bitcoin, y tensiones con acreedores internacionales, lo que eleva el riesgo de incumplimiento.
- Nicaragua: B3 (altamente especulativo, perspectiva negativa)
- Enfrenta desafíos por inestabilidad política, sanciones internacionales y una economía vulnerable, con limitado acceso a financiamiento externo.
Belice no está incluido en esta lista debido a la falta de datos específicos recientes de Moody’s en las fuentes consultadas, pero típicamente se considera en un rango especulativo similar a Honduras o Nicaragua. Las calificaciones reflejan el panorama de julio de 2025, según datos de Moody’s y análisis regional
