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15 agosto , 2026

El dato que preocupa al agro hondureño: el 95% del frijol ya no se produce en el país

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La creciente dependencia de importaciones de frijol plantea desafíos para la seguridad alimentaria, producción agrícola y estabilidad económica de Honduras.

La advertencia de la Asociación de Productores de Granos de Honduras (Prograno) sobre una posible escasez de frijol para noviembre vuelve a colocar en el centro del debate un problema que trasciende una temporada agrícola: la pérdida de capacidad productiva nacional. Según el gremio, el 95% del frijol que actualmente se consume en Honduras proviene de Nicaragua, mientras la producción local continúa reduciéndose por factores climáticos, económicos y sociales que afectan al sector.


¿Por qué Honduras produce cada vez menos frijol?

Durante años, el frijol ha sido uno de los principales alimentos de la dieta hondureña y uno de los cultivos básicos para miles de pequeños productores. Sin embargo, la combinación de sequías recurrentes, cambio climático, incremento en los costos de fertilizantes e insumos, dificultades de financiamiento y migración rural ha reducido la capacidad de producción nacional.

El presidente de Prograno, Dulio Medina, explicó que desde 2018 el país dejó de ser autosuficiente. Según el dirigente, muchos agricultores abandonaron el cultivo debido a la baja rentabilidad y a los efectos acumulados de fenómenos climáticos y económicos que hicieron más costosa la actividad agrícola.

Este fenómeno no es exclusivo de Honduras. Diversos países de Centroamérica enfrentan una reducción de productividad en los cultivos de granos básicos debido a la mayor frecuencia de eventos extremos asociados al fenómeno de El Niño y a cambios en los patrones de lluvia.


¿Qué significa que el 95% del frijol provenga de Nicaragua?

La dependencia de un solo proveedor representa un riesgo para cualquier economía. De acuerdo con Prograno, actualmente apenas 5% del frijol disponible en el mercado sería de origen nacional, mientras 95% llega desde Nicaragua.

Esta concentración implica varios desafíos:

  • Mayor vulnerabilidad ante restricciones comerciales.
  • Riesgo de aumentos de precios por factores externos.
  • Dependencia de las cosechas del país proveedor.
  • Mayor exposición a problemas logísticos o políticos.

Para una economía como la hondureña, donde el frijol forma parte de la canasta básica, cualquier interrupción en el abastecimiento puede trasladarse rápidamente al costo de vida de los hogares.


¿Existe riesgo de desabastecimiento durante noviembre?

Según las estimaciones presentadas por Prograno, si las condiciones climáticas actuales continúan, la producción nacional podría ubicarse entre 700 mil y 800 mil quintales, por debajo de los niveles registrados en temporadas recientes, cuando la oferta nacional alcanzó entre 1.1 y 1.2 millones de quintales.

El gremio considera que el país enfrentará un déficit parcial, aunque espera que los diferentes ciclos agrícolas permitan amortiguar parte de la demanda hacia finales del año.

No obstante, el comportamiento definitivo dependerá de factores como las lluvias, la evolución de las siembras de postrera y postrera tardía, así como de la capacidad de importar producto suficiente para estabilizar el mercado.


¿Qué factores estructurales están debilitando al sector agrícola?

Más allá del comportamiento climático de este año, la situación refleja problemas estructurales que vienen acumulándose desde hace varios años.

Entre los principales desafíos identificados por los productores destacan:

  • Altos costos de semillas, fertilizantes y agroquímicos.
  • Acceso limitado al crédito rural.
  • Migración de productores hacia otras actividades económicas.
  • Mayor exposición a sequías y eventos climáticos extremos.
  • Menor inversión pública en programas permanentes de productividad.

La combinación de estos elementos reduce la competitividad del productor hondureño frente a países con mayores escalas de producción o mejores condiciones de financiamiento.


¿Cómo afecta esta situación a la economía y a la seguridad alimentaria?

El frijol no solo representa un cultivo agrícola; también constituye uno de los principales alimentos de consumo diario en los hogares hondureños.

Cuando la producción nacional disminuye, el país incrementa las importaciones, lo que genera una mayor salida de divisas y aumenta la exposición a la volatilidad de los mercados internacionales. Además, cualquier incremento en los precios termina trasladándose a la inflación de alimentos.

Desde una perspectiva económica, fortalecer la producción local también tiene efectos sobre:

  • Empleo rural.
  • Ingreso de pequeños productores.
  • Reducción de pobreza en zonas agrícolas.
  • Seguridad alimentaria nacional.
  • Estabilidad de precios para consumidores.

Diversos organismos internacionales han señalado que incrementar la resiliencia del sector agrícola será uno de los principales desafíos para Centroamérica durante la próxima década debido al impacto creciente del cambio climático.


¿Qué medidas propone Prograno para recuperar la producción nacional?

El planteamiento del gremio no se limita a incrementar las importaciones para cubrir el déficit inmediato.

Los productores solicitan programas que permitan recuperar la capacidad nacional mediante incentivos a la siembra, fortalecimiento del financiamiento rural y apoyo técnico para las zonas productoras que mantienen condiciones favorables para el cultivo.

Entre las acciones planteadas destacan:

  • Programas específicos para rescatar la producción de frijol.
  • Mayor acceso al sistema financiero para pequeños agricultores.
  • Impulso a zonas de mayor potencial productivo.
  • Estrategias permanentes de adaptación al cambio climático.

El objetivo, según los productores, es reducir progresivamente la dependencia externa y recuperar la autosuficiencia alimentaria que el país perdió durante los últimos años.


¿Puede Honduras volver a producir el frijol que consume?

La advertencia de Prograno pone de relieve un desafío que va más allá de una posible escasez estacional. La creciente dependencia de las importaciones evidencia la necesidad de fortalecer la productividad agrícola como parte de una estrategia de seguridad alimentaria y desarrollo rural. La evolución de las próximas cosechas será determinante para conocer si el país logra reducir su vulnerabilidad externa o continúa ampliando la brecha entre el consumo nacional y la producción local.

Por Linda Gutiérrez

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