Asfura enfrenta desgaste por cobros de ENEE mientras hogares pagan más rápido y con menos margen económico.
La crisis financiera de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE) ya comenzó a sentirse directamente en la economía doméstica. El retorno al plazo tradicional de 15 días para pagar el recibo eléctrico no solo busca darle liquidez urgente a una estatal ahogada por deudas superiores a L. 117 mil millones, sino que también traslada parte del costo financiero a millones de hondureños que ya enfrentan inflación, combustible caro y salarios estancados. La decisión amenaza con convertirse en uno de los primeros grandes focos de desgaste económico para el gobierno de Nasry Asfura.
Eduardo Oviedo y la urgencia de caja en la ENEE
El ministro de Energía y gerente interino de la ENEE, Eduardo Oviedo, defendió la medida argumentando que el actual esquema de cobro es financieramente insostenible para la estatal.
Según explicó, la empresa financia prácticamente más de 50 días de consumo antes de recibir el pago efectivo del usuario: 30 días de facturación, siete días de entrega del recibo y 15 días adicionales de gracia.
La ENEE sostiene que necesita flujo de caja inmediato para cubrir compra de combustibles, pagos a generadores privados y costos operativos en medio de un sistema eléctrico bajo presión por altas temperaturas y riesgo de apagones.
Sin embargo, para miles de hogares el problema es otro: los ingresos familiares no aumentaron al ritmo de la factura eléctrica.
La factura eléctrica ya es uno de los gastos más pesados del hogar
El exsubsecretario de Finanzas, Carlos Borjas, advirtió que la medida fortalece financieramente a la ENEE, pero golpea directamente a las familias y pequeñas empresas.
La preocupación no es menor. Honduras atraviesa un momento donde el costo de vida acumula presión por varios frentes:
- Combustibles más caros por crisis en Medio Oriente
- Tarifas eléctricas en revisión constante
- Alza en productos básicos
- Desaceleración del crédito bancario
- Menor dinamismo laboral e industrial
- Riesgo de nuevos apagones durante mayo y junio
En muchas familias, el recibo eléctrico ya compite directamente con alimentación, transporte, alquiler y pago de deudas.
El problema se vuelve aún más delicado para las micro, pequeñas y medianas empresas, que dependen de flujo diario de efectivo y operan con márgenes reducidos. Comercios, pulperías, talleres, restaurantes y pequeños negocios ahora tendrán menos tiempo para reunir dinero antes de enfrentar mora o suspensión del servicio.
El ciudadano termina financiando el desorden energético
La medida ha comenzado a generar una pregunta incómoda en sectores empresariales y usuarios:
¿por qué el ciudadano debe absorber las consecuencias de una crisis estructural acumulada durante años en la ENEE?
La estatal enfrenta problemas históricos:
- Pérdidas técnicas y no técnicas elevadas
- Redes obsoletas
- Dependencia de generación térmica cara
- Alta deuda con proveedores
- Subsidios crecientes
- Baja capacidad de inversión propia
A eso se suma una estructura energética vulnerable al petróleo internacional. Honduras todavía depende en gran medida de combustibles importados para sostener parte de su generación eléctrica, especialmente durante horas pico o sequías prolongadas.
Mientras tanto, el usuario final recibe el impacto combinado: tarifas altas, menor margen de pago y riesgo de cortes.
La decisión toca el corazón político de Nasry Asfura
El tema energético podría convertirse en uno de los principales puntos de presión política para el presidente Nasry Asfura durante sus primeros meses de gestión.
Asfura llegó al poder con una narrativa de administrador eficiente, cercano a la gestión municipal y enfocado en resolver problemas operativos del Estado. Sin embargo, la crisis de la ENEE representa uno de los desafíos más complejos del aparato público hondureño.
La percepción ciudadana comienza a deteriorarse cuando los ajustes recaen sobre el consumidor antes que sobre reformas estructurales visibles dentro de la estatal.
En términos políticos, la energía tiene un efecto particularmente sensible porque impacta directamente la rutina diaria:
- El recibo llega todos los meses
- Los cortes afectan productividad y hogar
- El calor extremo aumenta consumo
- Los salarios no crecen al mismo ritmo
Cuando el usuario siente que paga más rápido, más caro y con peor servicio, el desgaste político suele acelerarse.
La liquidez de ENEE mejora, pero la economía familiar se aprieta
Desde la lógica financiera, la decisión tiene sentido para la estatal. Menos tiempo de cobro significa más liquidez y menor dependencia de préstamos bancarios o financiamiento externo.
Pero macroeconómicamente el efecto puede ser más complejo.
Reducir días de pago en una economía donde buena parte de la población vive con liquidez limitada podría aumentar:
- Mora en servicios públicos
- Endeudamiento informal
- Uso de tarjetas de crédito
- Retrasos en alquileres y consumo
- Menor capacidad de compra
Analistas económicos advierten que cuando los hogares destinan más dinero a servicios básicos, el consumo interno comienza a resentirse. Y en una economía como la hondureña, altamente dependiente del comercio y el gasto familiar, eso termina afectando actividad económica y empleo.
El problema de fondo es que la crisis energética ya dejó de ser únicamente técnica o financiera. Ahora comienza a sentirse como una presión diaria sobre el bolsillo del ciudadano.
Y en política económica, pocas cosas erosionan más rápido la percepción de un gobierno que una factura que llega antes, pesa más y se vuelve más difícil de pagar.

