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15 agosto , 2026

Inflación en Honduras: Julio Raudales alerta sobre un modelo económico dependiente del Estado

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El economista sostiene que decisiones públicas impactan directamente precios sensibles como gasolina, transporte urbano y productos básicos alimenticios nacionales.

La inflación en Honduras ya no se percibe únicamente como un fenómeno económico global. Para miles de hogares, el aumento en combustibles, transporte y alimentos tiene un rostro local: el Estado. Mientras la crisis en Medio Oriente presiona los precios internacionales del petróleo, economistas advierten que la estructura altamente centralizada del mercado hondureño está amplificando el malestar social y la percepción de pérdida de poder adquisitivo.

Julio Raudales y la economía del malestar

El economista hondureño Julio Raudales aseguró que la percepción negativa sobre el costo de vida en Honduras está estrechamente ligada a la fuerte dependencia que tiene la población del aparato estatal.

Según explicó, buena parte de los precios más sensibles para las familias —combustibles, transporte público y algunos productos básicos— están directa o indirectamente regulados por decisiones gubernamentales.

“Si la gasolina sube, si el transporte aumenta o si los alimentos se encarecen, la población asocia inmediatamente esos incrementos con el Estado”, sostuvo el experto.

La percepción se vuelve todavía más intensa en un país donde más del 60 % de la economía laboral opera en informalidad y donde los salarios reales mantienen un crecimiento limitado frente al aumento acumulado de precios.

El petróleo y Medio Oriente presionan la economía hondureña

El nuevo episodio de tensión geopolítica entre Irán, Israel y Estados Unidos ha elevado nuevamente los precios internacionales del petróleo, generando presión inmediata sobre economías importadoras de combustibles como Honduras.

El barril de petróleo de Texas se mantiene por encima de los US$ 100, mientras Honduras continúa dependiendo de derivados importados para sostener transporte, generación térmica y logística comercial.

El impacto es especialmente sensible porque:

  • Honduras importa casi la totalidad de sus combustibles
  • La energía térmica sigue representando cerca del 45 % de la generación eléctrica
  • El transporte público depende completamente del diésel
  • El costo logístico termina trasladándose a alimentos y comercio

En la práctica, cualquier alza internacional termina reflejándose rápidamente en los bolsillos hondureños.

Un mercado donde el Estado influye en casi todo

Raudales plantea un punto estructural: Honduras funciona bajo un modelo donde el Estado tiene influencia decisiva sobre sectores considerados estratégicos.

La Comisión Reguladora de Energía Eléctrica (CREE), la Secretaría de Energía y el sistema de subsidios energéticos participan activamente en la formación de precios que afectan directamente la vida diaria.

A esto se suma que:

  • El transporte público opera bajo tarifas autorizadas por el gobierno
  • Los subsidios eléctricos modifican costos reales del consumo
  • Las revisiones semanales de combustibles generan presión psicológica constante
  • El control político sobre precios sensibles incrementa desgaste social

Esto provoca que el ciudadano relacione automáticamente inflación con decisiones públicas, incluso cuando parte del fenómeno proviene de factores externos.

La inflación golpea más a los hogares pobres

Aunque la inflación interanual ronda niveles cercanos al 4 %, el impacto real es mayor en los hogares de ingresos bajos y medios.

En Honduras, la mayor parte del gasto familiar se concentra en:

  • Alimentos
  • Transporte
  • Energía
  • Vivienda
  • Medicamentos

Precisamente los sectores que más presión han recibido en los últimos meses.

El Consejo Hondureño de la Empresa Privada (Cohep) ya había advertido que combustibles y alimentos explican buena parte de la aceleración inflacionaria de 2026. Productos perecederos, lácteos y servicios de movilidad registran incrementos sostenidos desde inicios del año.

En paralelo, el crecimiento económico proyectado para Honduras ronda entre 3.3 % y 3.8 %, pero ese dinamismo no necesariamente se traduce en mejora del ingreso disponible para las familias.

Dependencia económica y percepción política

El problema trasciende la economía técnica. También tiene un componente político y social.

En países donde el mercado privado tiene mayor peso competitivo, los consumidores tienden a atribuir la inflación a dinámicas empresariales o internacionales. En Honduras, la percepción es distinta porque el Estado aparece como árbitro visible de precios clave.

Esto ocurre en un contexto donde:

  • La ENEE enfrenta una deuda superior a L. 117 mil millones
  • El subsidio energético sigue presionando las finanzas públicas
  • El déficit fiscal obliga a mayores ajustes financieros
  • El BCH mantiene vigilancia sobre inflación importada

La consecuencia es una sensación de vulnerabilidad económica permanente, especialmente en ciudades como Tegucigalpa y San Pedro Sula, donde transporte y energía representan una parte creciente del gasto mensual.

La inflación hondureña ya no se explica únicamente por guerras lejanas o petróleo caro. En 2026, el problema también expone la estructura de un país donde el Estado influye en los precios más sensibles de la economía cotidiana. Y cuando el costo de vivir aumenta cada semana, la presión social termina concentrándose en quien administra el sistema.

Por Linda Gutiérrez

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