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16 agosto , 2026

Ley de Empleo a Tiempo Parcial: ¿solución real al 78% de informalidad?

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El Congreso escucha a empresa privada, IHSS y obreros ante una crisis laboral que afecta a millones.

Alberto Cruz fue directo. “Existe una gran necesidad de empleo en este momento”, afirmó mientras anunciaba que esta semana continuará la socialización del proyecto de Ley de Empleo a Tiempo Parcial en el Congreso Nacional. La frase resume una presión que no da tregua: casi 2 millones de hondureños sin empleo y un mercado donde la mayoría trabaja en condiciones frágiles.

La carrera por construir un nuevo marco legal

En los pasillos del Congreso, bajo el calor seco de Tegucigalpa, la comisión dictaminadora que preside el diputado liberal Alberto Cruz avanza en reuniones técnicas. Según explicó, ya se escuchó a la empresa privada y a las centrales obreras. “Todos han fijado su posición y han hecho sus aportes a esta ley”, sostuvo el congresista, quien busca consolidar un texto que logre consensos mínimos.

La estrategia ahora es ampliar la mesa. Esta semana están previstas reuniones con la Secretaría de Trabajo, la Secretaría de Finanzas, el Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS) y el Colegio de Abogados. El objetivo, según Cruz, es “ir dándole riqueza al texto” para convertirlo en una herramienta jurídica funcional y aplicable.

Un mercado laboral fracturado

Las cifras que sustentan el debate son contundentes. De acuerdo con datos citados por el legislador y consistentes con estadísticas oficiales del Instituto Nacional de Estadística, alrededor de 2 millones de personas no tienen empleo, mientras que de los 4.3 millones que sí trabajan, el 78% lo hace en condiciones precarias.

Como explicó soydatos, la informalidad en Honduras no es una anomalía pasajera sino una estructura persistente que afecta la productividad, la recaudación fiscal y la protección social. En comparación regional, Honduras mantiene uno de los niveles más altos de empleo informal en Centroamérica, superando a economías como Costa Rica y Panamá, donde la formalidad tiene mayor peso relativo.

La legislación actual no contempla de forma específica el trabajo a tiempo parcial, pese a que en la práctica ya existe, sobre todo en el universo de las micro, pequeñas y medianas empresas (Mipymes). Ese vacío legal es el núcleo del proyecto.

Mipymes y el empleo parcial que ya existe

En barrios comerciales de Tegucigalpa, San Pedro Sula y La Ceiba, los contratos verbales y las jornadas reducidas forman parte de la rutina. Las Mipymes —que, según datos de cámaras empresariales, generan más del 60% del empleo— recurren al tiempo parcial como fórmula de supervivencia.

Cruz lo explicó sin rodeos: “Como no está regulado, estos trabajadores no tienen derechos adquiridos”. La propuesta busca reconocer jurídicamente esa modalidad y establecer reglas claras sobre cotizaciones, seguridad social y derechos proporcionales.

El diseño de la ley deberá resolver varios puntos sensibles:

  • Definición precisa de jornada parcial y su proporcionalidad salarial.

  • Cotización al IHSS bajo esquemas adaptados a ingresos reducidos.

  • Garantías mínimas de derechos laborales, incluyendo vacaciones y aguinaldo proporcional.

  • Compatibilidad con la normativa fiscal, en coordinación con Finanzas.

  • Mecanismos de fiscalización para evitar abusos o simulaciones contractuales.

El equilibrio entre flexibilidad y protección será el eje más delicado del articulado.

Empresa privada y obreros frente a frente

El debate no es menor. Para el sector empresarial, especialmente en comercio y servicios, la regulación del tiempo parcial podría abrir oportunidades para contratar estudiantes, madres jefas de hogar o personas que buscan ingresos complementarios. En un país donde el consumo interno es frágil, ampliar la base laboral formal puede dinamizar la economía.

Las centrales obreras, en cambio, observan con cautela cualquier reforma que implique modificar esquemas tradicionales. El temor recurrente es que el tiempo parcial sustituya empleos de jornada completa, debilitando salarios y estabilidad. Por eso, la discusión técnica con el IHSS y el Colegio de Abogados será clave para blindar el texto.

En países como México o España, la regulación del tiempo parcial ha sido un instrumento para incorporar mujeres y jóvenes al mercado laboral. Sin embargo, también ha generado debates sobre precarización. Honduras intenta ahora diseñar su propio modelo, ajustado a una economía donde el crecimiento promedio ha sido insuficiente para absorber la fuerza laboral disponible.

La presión de los números y el ciclo económico

El trasfondo macroeconómico añade urgencia. El Banco Central de Honduras ha proyectado crecimientos moderados para 2026, pero la expansión del PIB no siempre se traduce en empleo formal. La brecha entre crecimiento económico y generación de trabajo de calidad es uno de los principales retos estructurales.

Además, la migración sigue siendo una válvula de escape para miles de familias. La falta de oportunidades formales impulsa a jóvenes a buscar alternativas fuera del país. En ese tablero, el empleo parcial regulado podría convertirse en una pieza intermedia: no es la solución total, pero sí una herramienta de transición.

Como explicó soydatos en análisis recientes, formalizar segmentos hoy invisibles permitiría ampliar la base contributiva del IHSS y reducir la presión sobre programas sociales. Sin embargo, el impacto dependerá de la implementación efectiva y de la voluntad de cumplimiento empresarial.

El equilibrio entre capital y trabajo

Cruz insiste en que la iniciativa busca “encontrar un equilibrio entre el capital y el trabajador”. La frase resume una tensión histórica del mercado laboral hondureño: la necesidad de atraer inversión y, al mismo tiempo, garantizar derechos.

En economías con alta informalidad, la legislación rígida puede convertirse en un incentivo perverso para operar al margen de la ley. Pero una flexibilización sin controles puede profundizar la precariedad. El desafío es técnico y político.

La participación de la Secretaría de Finanzas será determinante para evaluar impactos fiscales y posibles incentivos. El IHSS, por su parte, deberá ajustar esquemas de aportación que no comprometan su sostenibilidad financiera. Cada actor llega a la mesa con intereses distintos, pero con un diagnóstico compartido: el mercado laboral necesita reformas.

El Congreso Nacional enfrenta así una discusión que va más allá de un articulado. Con 2 millones de personas sin empleo y un 78% de informalidad, la Ley de Empleo a Tiempo Parcial se presenta como una respuesta a una realidad que ya existe en la calle. La pregunta no es si el trabajo parcial existe, sino si el Estado seguirá ignorándolo o le pondrá reglas claras. En esa decisión se juega una parte del futuro laboral del país.

Por Linda Gutiérrez

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