Deuda millonaria, pérdidas del 38% y subsidios crecientes tensan el acuerdo vigente con el FMI. La deuda histórica de la ENEE compromete salud, educación y estabilidad macroeconómica.
La situación de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE) es, posiblemente, el desafío económico más grande que enfrenta Honduras en 2026. Más que una crisis empresarial, es un problema macroeconómico que impacta directamente las finanzas públicas. La estatal eléctrica se ha convertido en un “agujero negro” fiscal que absorbe recursos que podrían destinarse a salud, educación o infraestructura.
El tema es central en la actual revisión del programa firmado en 2023 con el Fondo Monetario Internacional, que contempla compromisos específicos para reducir el déficit operativo de la empresa y mejorar su gobernanza.
El tamaño de la deuda y el déficit
A inicios de 2026, la salud financiera de la ENEE continúa en estado crítico.
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Deuda total acumulada: supera los L113,500 millones (aproximadamente 4,600 millones de dólares), equivalente a más del 20% del Presupuesto General de la República.
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Deuda con generadores privados: más de L15,400 millones, incluyendo empresas térmicas y renovables. Solo en 2025 este saldo creció en alrededor de L3,400 millones.
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Intereses anuales: el Estado paga más de L12,000 millones cada año solo en intereses, una carga que limita inversión en transmisión y modernización.
El programa con el FMI exige reducir transferencias estatales a la ENEE y mejorar su sostenibilidad financiera. Cada revisión del acuerdo evalúa estos indicadores, ya que el desequilibrio eléctrico incide directamente en el déficit fiscal.
Origen del problema: tres décadas acumuladas
La crisis no es reciente. Se remonta a decisiones adoptadas desde los años noventa.
En 1994, tras la sequía que afectó la represa El Cajón, el país firmó contratos térmicos de emergencia con cláusulas de “cargo por capacidad”, obligando al Estado a pagar por energía disponible aunque no se consumiera.
Con el tiempo, se invirtió en generación —especialmente renovable— pero se descuidó la red de transmisión. Hoy existe energía suficiente en ciertos momentos, pero la infraestructura no permite distribuirla eficientemente.
En 2016 se concesionó la distribución a la Empresa Energía Honduras (EEH). El contrato terminó en 2023 sin lograr la meta de reducción de pérdidas: estas pasaron de aproximadamente 29% a niveles superiores al 36%.
Datos comparativos: el “rey” regional de las pérdidas
Honduras presenta el sistema eléctrico más ineficiente de Centroamérica. La comparación regional muestra la magnitud del problema:
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Pérdidas de energía:
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Honduras (ENEE): entre 36% y 38%
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Promedio de Centroamérica: entre 12% y 15%
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Costo por kilovatio hora (kWh):
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Honduras: uno de los más altos de la región
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Centroamérica: niveles moderados o más competitivos
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Dependencia fiscal:
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Honduras: alta, requiere rescates y transferencias constantes
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Países vecinos: baja, empresas eléctricas autosostenibles
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Esto significa que de cada 100 lempiras facturados, hasta 38 no se recuperan, ya sea por robo de energía o pérdidas técnicas derivadas de redes obsoletas.
Causas estructurales y responsabilidades
El problema es sistémico.
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Uso histórico de la ENEE como instrumento político y agencia de empleo.
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Contratos energéticos firmados en condiciones poco competitivas frente al mercado regional.
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Robo de energía que no solo involucra conexiones domésticas informales, sino también grandes consumidores industriales y comerciales.
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Débil capacidad de fiscalización y recuperación de cartera.
El Programa Nacional de Reducción de Pérdidas ha identificado irregularidades en distintos segmentos, pero los avances son graduales.
Situación actual en 2026
El actual gobierno retomó el control directo del sistema tras la salida de EEH, pero los resultados en reducción de pérdidas siguen siendo lentos.
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Ajuste tarifario: a inicios de 2026 se aplicó un incremento cercano al 4.11%, influido por el costo internacional de combustibles y la presión financiera interna.
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Subsidios: se mantienen para consumidores de bajo consumo, pero elevan el costo fiscal.
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Inversión anunciada: alrededor de 510 millones de dólares destinados a modernizar represas, subestaciones y líneas de transmisión.
El impacto de estas inversiones será visible en el mediano plazo, no de inmediato.
El factor FMI y el equilibrio macroeconómico
Para el FMI, la sostenibilidad de la ENEE es determinante en la estabilidad macroeconómica del país. El acuerdo vigente condiciona desembolsos al cumplimiento de metas fiscales y reformas estructurales.
Si la empresa reduce pérdidas y mejora su flujo financiero, el déficit público se aliviará. Si no lo hace, la presión sobre el presupuesto aumentará y limitará el margen de inversión social.
En 2026, la ENEE no es solo un problema eléctrico. Es el indicador más visible de la capacidad del Estado para ordenar sus finanzas, cumplir compromisos internacionales y sostener crecimiento económico en un entorno regional complejo.




