Energía, financiamiento y seguridad jurídica marcan la agenda empresarial ante retos agrícolas y presión regional.
Energía cara, tierras invadidas, crédito limitado, clima impredecible. En ese escenario, el sector privado decidió mover ficha. “Vamos a trabajar fuertemente en la seguridad alimentaria del país”, afirmó Alberto Bográn al anunciar la instalación oficial del Comité Agroalimentario del Cohep, en un momento clave para Honduras y Centroamérica.
Una mesa permanente para producir y competir
El Consejo Hondureño de la Empresa Privada (Cohep) instaló oficialmente su Comité Agroalimentario, integrado por representantes de los distintos rubros productivos responsables de generar los alimentos que consume el país. Según explicó su directivo Alberto Bográn, la decisión responde al carácter estratégico del sector en la economía nacional.
“Hay un compromiso de alimentar al pueblo y existe un acuerdo con el Gobierno”, expresó Bográn, al detallar que el comité trabajará de manera permanente en la elaboración de un diagnóstico técnico por cada rubro productivo. La meta no es únicamente garantizar abastecimiento interno, sino elevar la competitividad y generar excedentes exportables.
Diagnóstico técnico y propuestas al Ejecutivo
Bográn informó que el comité desarrollará mesas de trabajo para medir la competitividad de cada sector agrícola y agroindustrial. “No solo queremos producir y abastecer a la población, también generar excedentes destinados a la exportación”, puntualizó, subrayando la necesidad de una visión integral.
El dirigente empresarial recordó que hace un mes sostuvieron una reunión con el presidente de la República, quien se comprometió a visitar el comité y mantener un canal permanente de diálogo. Según explicó, el objetivo es presentar propuestas concretas al Ejecutivo para resolver cuellos de botella estructurales que frenan la producción nacional.
Energía, crédito y seguridad jurídica: los nudos críticos
Dentro del diagnóstico preliminar, el Cohep identificó tres áreas prioritarias que requieren intervención inmediata. “La seguridad jurídica debe ser una prioridad”, advirtió Bográn, al señalar que la incertidumbre sobre la propiedad de la tierra ha generado pérdidas millonarias y fuga de inversiones.
Los principales desafíos señalados por el sector son:
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Acceso a energía confiable y a costos competitivos, clave para agroindustria y sistemas de riego.
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Financiamiento adecuado y oportuno, especialmente para pequeños y medianos productores.
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Seguridad jurídica y protección de la propiedad privada, ante invasiones de tierra que afectan cultivos y ganado.
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Infraestructura logística y transporte, vital para reducir costos y pérdidas postcosecha.
“Eso no puede continuar”, enfatizó el directivo, en referencia a las invasiones de tierra que han afectado proyectos productivos en distintas regiones del país.
Seguridad alimentaria: el contexto hondureño
La creación del comité ocurre en un país donde la seguridad alimentaria sigue siendo un desafío estructural. Honduras mantiene niveles de pobreza superiores al 60 %, según datos oficiales, y enfrenta alta vulnerabilidad climática. Sequías prolongadas en el corredor seco, huracanes recurrentes y variabilidad en los precios internacionales presionan la producción.
Según organismos regionales, Centroamérica experimenta ciclos cada vez más frecuentes de inseguridad alimentaria moderada y severa, vinculados a fenómenos climáticos extremos y a limitaciones productivas. En Honduras, millones de personas dependen directa o indirectamente de la agricultura para su sustento, lo que convierte al sector en pieza clave de estabilidad social.
En ese contexto, el fortalecimiento del agro no solo impacta el abastecimiento interno, sino también el empleo. “Los rubros agroalimentarios generan una gran cantidad de empleos”, recordó Bográn, destacando que la producción primaria y la agroindustria son motores en zonas rurales donde las alternativas laborales son limitadas.
Centroamérica bajo presión climática y económica
La discusión no es exclusiva de Honduras. Países como Guatemala, El Salvador y Nicaragua enfrentan desafíos similares: productividad baja en pequeños productores, acceso limitado a financiamiento y exposición a choques climáticos. Organismos regionales han advertido que la resiliencia alimentaria será uno de los grandes retos de la década.
En Honduras, el sector agrícola aporta una proporción significativa del empleo nacional y mantiene relevancia en exportaciones tradicionales como café, palma africana y camarón. Sin embargo, la producción de granos básicos —maíz, frijol y arroz— continúa siendo determinante para el consumo interno y para evitar dependencia excesiva de importaciones.
El Comité Agroalimentario del Cohep busca posicionarse como interlocutor técnico en ese debate. “Vamos a seguir trabajando para mejorar los rubros agroalimentarios”, afirmó Bográn, insistiendo en que el enfoque no debe limitarse a la coyuntura, sino proyectarse a mediano y largo plazo.
Un sector estratégico en la agenda económica
La instalación formal del comité marca un paso institucional dentro del gremio empresarial. No se trata únicamente de una mesa sectorial, sino de un espacio permanente de análisis, propuesta y seguimiento. En un entorno global donde los alimentos se han convertido en variable estratégica —por conflictos geopolíticos, inflación y disrupciones logísticas— Honduras necesita fortalecer su producción interna.
El desafío es doble: garantizar acceso a alimentos a precios razonables para la población y, al mismo tiempo, asegurar rentabilidad para los productores. La competitividad, el acceso a tecnología y la estabilidad jurídica serán factores determinantes.
En un país vulnerable a choques externos y fenómenos naturales, la seguridad alimentaria dejó de ser un concepto técnico para convertirse en un eje central de política económica. El movimiento del sector privado abre una nueva etapa de coordinación con el Gobierno, en medio de un debate más amplio sobre crecimiento, inversión y estabilidad rural en Honduras y la región centroamericana.




