La transición se tensa mientras el próximo gobierno marca distancia del endeudamiento heredado y envía señales al mercado.
“Que no se firme nada”. La frase, repetida en pasillos oficiales, activó alarmas en bancos multilaterales, empresarios y técnicos del Estado. En plena transición, el presidente electo Nasry Asfura pidió frenar nuevos créditos externos, mientras la Secretaría de Finanzas guarda silencio y el reloj fiscal sigue corriendo.
La señal política detrás del freno
El pedido de Asfura no fue público ni formal, pero sí claro. Según funcionarios que participan de la transición, la instrucción fue no comprometer nuevos préstamos internacionales hasta que el próximo gobierno revise cifras, condiciones y destino de los fondos.
La decisión llega en un contexto sensible: Honduras cerró 2025 con una deuda pública superior al 50 % del PIB, con fuerte dependencia de organismos multilaterales.
Desde el entorno del presidente electo explicaron que “no se trata de romper relaciones”, sino de ordenar la casa antes de seguir firmando cheques. El mensaje apunta tanto a acreedores como a actores internos acostumbrados a usar el crédito como válvula política.
Finanzas, en silencio incómodo
La Secretaría de Finanzas evitó pronunciamientos oficiales. Técnicos del área admiten que existen operaciones en negociación avanzada, algunas ligadas a infraestructura, energía y programas sociales.
Ese silencio genera ruido en mercados y entre inversionistas, que leen la pausa como un síntoma de desconfianza sobre la calidad del gasto ejecutado en los últimos años.
Economistas advierten que frenar créditos sin un plan alternativo puede tensar caja, pero también reconocen que la señal de prudencia fiscal mejora credibilidad si se sostiene con datos y auditorías.
Qué está en juego ahora
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Desembolsos previstos para 2026
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Relación con BCIE, BID y CAF
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Financiamiento de obras en ejecución
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Narrativa de responsabilidad fiscal
El gesto de Asfura no es técnico: es político. Marca un inicio de gobierno donde el control del endeudamiento será bandera, aun al costo de incomodar a socios históricos.

