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17 agosto , 2026

El «escudo» de reservas internacionales y la paradoja del lempira en Honduras

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El reciente informe del Banco Central de Honduras (BCH) revela una situación de «fortaleza externa con debilidad interna». Si bien las cifras macroeconómicas en cuanto a divisas son históricas, el impacto en el ciudadano de a pie a través del tipo de cambio cuenta una historia distinta.

Una fortaleza de divisas sin precedentes

Honduras ha logrado acumular 9,911 millones de dólares en Reservas Internacionales Netas (RIN). Para ponerlo en perspectiva, contar con una cobertura de 6.2 meses de importaciones es un hito:

  • Estándar Internacional: El FMI suele sugerir un mínimo de 3 meses. Honduras duplica esa exigencia.

  • Capacidad de Respuesta: Esta liquidez actúa como un seguro contra crisis externas (alzas en el precio del petróleo o caída en el precio del café).

Los pilares del crecimiento (¿Sostenibles o coyunturales?)

El incremento de casi 1,800 millones de dólares respecto al año anterior no es obra de un cambio estructural en la matriz productiva, sino de tres factores clave:

  • Remesas (+25%): Siguen siendo el principal motor de divisas. Es un crecimiento agridulce, pues refleja la continua migración de hondureños.

  • Exportaciones de Café: El sector agrícola ha aprovechado precios favorables o volúmenes altos, manteniendo su rol vital.

  • Endeudamiento Externo: El texto menciona «préstamos externos». Es crucial vigilar que este crecimiento de reservas no sea solo a costa de incrementar la deuda pública a largo plazo.

La paradoja de la devaluación

Aquí reside la mayor crítica del análisis. En teoría económica, un nivel alto de reservas le da al Banco Central «municiones» suficientes para defender el valor de la moneda nacional. Sin embargo:

  • Fracaso en la Estabilidad: A pesar de tener más dólares que nunca, el Lempira ha sufrido su mayor devaluación en la administración actual.

  • ¿Por qué sucede esto? Esto sugiere que la demanda interna de dólares supera la oferta que el BCH está dispuesto a soltar al mercado, o que se está permitiendo un deslizamiento del tipo de cambio para ajustar desequilibrios fiscales, a costa del poder adquisitivo de la población.

Honduras llega al 2026 con un «colchón financiero» robusto que aleja fantasmas de impago o crisis de balanza de pagos. No obstante, la gestión del Banco Central queda bajo la lupa: ¿De qué sirve tener las bóvedas llenas de dólares si no se logra contener la pérdida de valor de la moneda local? La estabilidad macroeconómica es real en el papel, pero la estabilidad monetaria sigue siendo la asignatura pendiente.

Por Linda Gutiérrez

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