Tegucigalpa. La administración Trump ha lanzado una nueva ofensiva arancelaria que pone en jaque a las economías latinoamericanas. Con un 10% de gravamen para la mayoría de países de la región y un duro 30% para México, el mandatario estadounidense envía un mensaje contundente: o se alinean a sus condiciones comerciales y de seguridad, o pagarán el precio. Esta medida, que entraría en vigor el 1 de agosto, amenaza con desestabilizar cadenas de suministro y encarecer productos básicos para los consumidores estadounidenses.
El mapa arancelario de Trump en Latinoamérica
Estos son los países afectados y los nuevos gravámenes:
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México: 30% de aranceles (excepto productos cubiertos por el T-MEC)
- Brasil: 50% de aranceles (en negociaciones, Brasil responde con el mismo arancel)
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Nicaragua: 18% (castigo adicional por relaciones con gobiernos no alineados a EE.UU.)
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Honduras: 10%
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Guatemala: 10%
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El Salvador: 10%
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Costa Rica: 10%
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Panamá: 10%
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República Dominicana: 10%
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Colombia: 10%
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Ecuador: 10%
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Perú: 10%
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Chile: 10%
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Argentina: 10%
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Venezuela: 15% (manteniendo sanciones anteriores)
Honduras: El caso más vulnerable
De toda Centroamérica, Honduras emerge como el país más expuesto a este terremoto comercial. Con el 43% de sus exportaciones destinadas a EE.UU. – principalmente textiles, café y productos agrícolas – el arancel del 10% podría significar:
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Pérdida de competitividad frente a proveedores asiáticos
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Posible reducción de hasta 100,000 empleos en maquilas y sector agrícola
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Presión adicional a una economía que ya crece a tasas modestas (2.8% en 2024)
El gobierno hondureño mantiene un perfil bajo, pero fuentes empresariales hablan ya de «medidas de emergencia» para diversificar mercados. El problema: ningún otro socio comercial compra volúmenes similares al mercado estadounidense.
¿Negociación o imposición?
La tregua hasta el 1 de agosto da un margen para maniobras diplomáticas. México ya negocia, El Salvador ha pedido excepciones y Guatemala envió una delegación de urgencia. Pero el historial de Trump sugiere que solo cederá si obtiene concesiones claras en migración, seguridad o acceso preferencial a mercados.
Mientras tanto, el mensaje es claro: en el juego geopolítico de Trump, Latinoamérica sigue siendo pieza secundaria. La pregunta ahora es si los países de la región podrán unirse frente a esta amenaza común… o si, como tantas veces, terminarán jugando divididos.
El ultimátum de Trump: Aranceles del 50% si Brasil no detiene el juicio a Bolsonaro
En una escalada sin precedentes, Donald Trump amenazó el 9 de julio con imponer aranceles del 50% a todas las exportaciones brasileñas a EE.UU. a partir del 1 de agosto, vinculando la medida al juicio contra su aliado, el expresidente Jair Bolsonaro, acusado de intento de golpe de Estado en 2022211. En una carta pública a Lula, Trump calificó el proceso como una «caza de brujas» y exigió su fin «INMEDIATAMENTE«.
Los argumentos de Trump (y por qué no cuadran):
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Justificación política: Acusó al Supremo Tribunal Federal brasileño de censurar redes sociales estadounidenses y atacar «elecciones libres».
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Justificación comercial: Afirmó que EE.UU. tiene un «déficit insostenible» con Brasil, pese a que los datos muestran lo contrario: EE.UU. mantiene un superávit comercial de $6.800 millones (2024) y acumula $410.000 millones en 15 años.
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La frase clave: «Estamos haciendo esto porque puedo«, declaró Trump a la prensa, admitiendo que la medida es unilateral.
Impacto económico: Del café al jugo de naranja, ¿quién paga el precio?
Los aranceles golpearían productos clave para EE.UU. y Brasil:
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Café: Brasil abastece el 30% del mercado estadounidense. Un 50% de arancel encarecería el producto y afectaría a empresas como Starbucks.
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Jugo de naranja: El 60% de las importaciones de EE.UU. provienen de Brasil. Sin alternativas, los precios dispararían el costo del desayuno.
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Carne y aviación: Sectores estratégicos brasileños, como Embraer, podrían perder competitividad.
La respuesta de Lula: «Si nos cobran 50%, les cobramos 50%»
El presidente brasileño activó la Ley de Reciprocidad Económica, que permite imponer aranceles equivalentes a productos estadounidenses. Además:
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Estrategia diplomática: Lula combinó firmeza («Brasil es soberano«) con ironía, ofreciendo «jabuticabas» (fruta local) a Trump para calmar su «mal humor».
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Apoyo inesperado: Hasta la derecha empresarial, tradicionalmente crítica con Lula, rechazó los aranceles por dañar sus exportaciones.
El trasfondo político: Bolsonaro en el centro de la tormenta
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Trump defendió a Bolsonaro como «un buen hombre» y criticó su inhabilitación política hasta 2030.
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El hijo de Bolsonaro, Eduardo, lobby en EE.UU. para presionar a favor de su padre, agravando la crisis.
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Efecto boomerang: Analistas sugieren que la medida podría unir a Brasil contra Trump y revitalizar a Lula, cuya popularidad estaba en caída.
¿Qué sigue?
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Negociaciones de última hora: Cámaras de comercio de ambos países pidieron suspender los aranceles, advirtiendo daños a 6.500 empresas estadounidenses que dependen de importaciones brasileñas.
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Posible tregua: Trump dejó una puerta abierta: eximiría aranceles si empresas brasileñas fabrican en EE.UU. o si Brasil cede en el juicio a Bolsonaro.
En síntesis: Trump usa los aranceles como arma geopolítica, pero el tiro podría salirle por la culata. Mientras Brasil se prepara para la reciprocidad, los consumidores de EE.UU. podrían terminar pagando más por su café matutino. ¿El verdadero perdedor? La estabilidad comercial en las Américas.

