Tegucigalpa. En las sombras de catedrales vacías y megatemplos abarrotados, América Latina vive una revolución silenciosa. Mientras el catolicismo pierde 18 millones de fieles en una década, los pastores evangélicos movilizan ejércitos de votantes, derrocan acuerdos de paz, imponen agendas morales y negocian con presidentes. Honduras y Guatemala son solo el inicio: esta es la historia del terremoto religioso que está fracturando el mapa de poder continental.
La gran transformación demográfica: de bastión católico a fortaleza evangélica
Los números no mienten: según Latinobarómetro 2023, el catolicismo cayó al 53.8% en la región, su nivel más bajo en la historia. Honduras simboliza el cambio: los católicos son ahora minoría (36.9%), superados por la coalición evangélica-pentecostal (48.2%). Guatemala vive una realidad similar: 46.1% de evangélicos contra 42.8% de católicos. En Costa Rica, el colapso es estruendoso: de 67% católicos en 2010 a 26.8% hoy, mientras los evangélicos escalan al 56.3% .
Detrás de esta mutación hay un cálculo social: las iglesias evangélicas han llenado el vacío de un Estado ausente. Como explica la socióloga Marta Lagos: «Ofrecen servicios comunitarios que ninguna ONG iguala: cuidado de niños, empleo, redes de protección en barrios abandonados». En Brasil, 27% de la población ya es evangélica; en El Salvador, 38.3% .
El salto al poder: de los púlpitos a los palacios
Honduras se ha convertido en laboratorio político evangélico. Tras respaldar el golpe contra Zelaya en 2009, líderes como el pastor Evelio Reyes articularon una «bancada celestial» que hoy controla (espiritualmente) parte del Congreso. Su agenda: frenar el aborto, el matrimonio igualitario y las reformas laicas.
En Colombia, su poder se midió en votos: en 2016, movilizaron el «No» que hundió el acuerdo de paz con las FARC. Hoy, pastores como Jorge Trujillo impulsan candidatos que fusionan discurso «antiterrorista» con moralismo bíblico.
Guatemala marcó un hito: Jimmy Morales, teólogo evangélico y cómico, llegó a la presidencia en 2015 con eslóganes como «Ni corrupto ni ladrón». Aunque su gobierno acabó salpicado por escándalos, demostró una verdad: la capacidad de movilizar a los excluidos.
Pero el caso más revelador es Argentina: en 2023, el presidente Javier Milei selló una alianza con la iglesia Vox Dei, cuyo líder, Omar Duarte, es ahora su consejero espiritual. Juntos impulsan leyes como «Ley de la Sangre» para prohibir abortos, usando tácticas de presión callejera. La semana pasada Milei se desplazó al Chaco – una de las zonas más pobres de Argentina- para estar con el pastor Ledezma y el pastor Guillermo Maldonado de El Rey Jesús, inaugurando un megatemplo de más de 18.000 asientos. ¿De qué se habló?: de libertad, de Dios, de batalla cultural.

Máquinas de guerra espiritual: financiamiento, medios y diplomacia
El poder evangélico se construye sobre tres pilares:
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Imperios mediáticos: En Brasil, la Iglesia Universal del Reino de Dios (IURD) controla la cadena Record TV, tercera en audiencia. Su dueño, Edir Macedo, proclama abiertamente su «plan para conquistar la sociedad».
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Lobby trasnacional: La Alianza Evangélica Latina coordina acciones en 18 países. Su presión logró que México y Chile rechazaran – a medias- el matrimonio igualitario en 2024.
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Inversión social: Según COMIBAM, las iglesias invierten USD 250 millones anuales en asistencia, superando programas estatales en marginalidad.
Pastores como el brasileño Silas Malafaia operan como estrategas: en 2025, declaró que «80% del voto evangélico irá a la derecha», moldeando campañas desde Venezuela hasta Chile.
Estados Unidos: el gran catalizador
La influencia no sería posible sin el eje Miami-Houston. Megacomplejos como Lakewood Church (Texas) entrenan líderes latinos. Su modelo se expande:
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Agendas compartidas: La batalla contra el aborto sigue manuales de Focus on the Family (Colorado).
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Financiamiento cruzado: Christian Broadcasting Network inyecta USD 7 millones/año a grupos antigénero en Latinoamérica.
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Migración reverencial: Pastores como el venezolano Javier Bertucci usan bases en Florida para lanzar campañas presidenciales en su país.
La contracorriente: secularización y resistencias
Mientras el evangelicalismo crece, 17% de latinoamericanos se declaran no creyentes —el máximo histórico—. Uruguay (45%), Chile (31.6%) y Argentina (22.8%) lideran esta tendencia.
En ciudades como Ciudad de Panamá, las iglesias tradicionales combaten la sangría con innovación: el proyecto Conexión7 atrae a profesionales seculares mediante redes de apoyo comunitario, logrando 52 bautismos en dos años.
Pero el desafío mayor viene de los jóvenes: en México, 40% de menores de 30 años rechaza toda afiliación religiosa. Para ellos, el discurso «anti-derechos» de pastores resulta alienante.
El nuevo mapa del poder divino
La América Latina que rezaba rosarios ahora corea himnos de alabanza. Pero este avance evangélico contiene paradojas:
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Pragmatismo político: Apoyan tanto a izquierdas (López Obrador en México) como a derechas (Bolsonaro en Brasil) si garantizan su agenda moral.
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Fragilidad institucional: Casos como Jimmy Morales en Guatemala revelan que la «santidad» no inmuniza contra la corrupción.
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Resistencia indígena: En Bolivia y Perú, iglesias autóctonas como Amauta rechazan el proselitismo foráneo, fusionando cristianismo con rituales ancestrales.
Como advierte el académico Ariel Goldstein: «Estamos reviviendo la polarización del siglo XIX: cruzadas morales contra luchas secularizadoras» . En esta guerra cultural, las urnas se han convertido en urnas sagradas. En Honduras, los evangélicos cada vez más alzan su voz. De iglesias dormidas y pasivas, se pasa a creyentes que toman decisiones, no tragan entero y votan con principios.
«Los políticos nos usan para ganar elecciones, pero nosotros usamos el poder para construir el Reino»
— Pastor Evelio Reyes, Honduras.




