La crisis hídrica ya no es solamente un problema del campo. Menos cosechas, mayores importaciones, energía más cara y presión sobre las finanzas públicas pueden convertir la sequía en uno de los principales riesgos económicos de Honduras rumbo a 2027.
SOYDATOS EXPRESS
US$1,602 millones podría alcanzar el impacto económico en un escenario extremo.
1 a 1.5 puntos podría perder el crecimiento económico por el efecto combinado de la sequía y otros costos asociados.
24%–25% es la disponibilidad reportada en las principales represas que abastecen Tegucigalpa.
¿Cuánto puede costarle realmente la sequía a Honduras?
Honduras puede enfrentar pérdidas económicas de entre US$437 millones y US$1,602 millones, dependiendo de la intensidad y duración de la sequía. En el escenario extremo, el impacto equivaldría a 3% del PIB.
El dato cambia la dimensión de la emergencia. La sequía comienza golpeando los cultivos, pero rápidamente se traslada hacia la generación eléctrica, los alimentos, el comercio, los hogares y las cuentas públicas.
El escenario moderado contempla pérdidas de US$437 millones, mientras que el severo eleva la factura a US$935 millones. El extremo, construido sobre condiciones similares a 2015 combinadas con un episodio fuerte de El Niño, alcanza US$1,602 millones.
¿Qué significan esos escenarios para la economía?
| Escenario | Pérdida estimada | Impacto sobre PIB |
|---|---|---|
| Moderado | US$437 millones | 1% |
| Severo | US$935 millones | 2.2% |
| Extremo | US$1,602 millones | 3% |
Con una economía cercana a US$43,000 millones, cada punto porcentual del PIB representa unos US$430 millones, equivalentes aproximadamente a L12,000 millones.
La diferencia entre los escenarios no es menor. En el extremo, el agro absorbería unos US$722 millones de pérdidas directas, mientras la sustitución de generación hidroeléctrica demandaría otros US$343 millones y la energía no suministrada representaría alrededor de US$248 millones.
¿Puede la sequía cambiar el crecimiento previsto para 2026?
El Banco Central proyectaba un crecimiento de entre 3.6% y 3.7%, pero el impacto combinado de sequía, fertilizantes más caros, combustibles y estrés hídrico podría reducir ese desempeño entre 1 y 1.5 puntos porcentuales, según la estimación recogida en el análisis.
En el escenario más conservador, el crecimiento podría ubicarse alrededor de 2.4%–2.5%.
Para las empresas, la diferencia se traduce en algo muy concreto: menos actividad económica, menor demanda y menos espacio para inversión y empleo.
¿Por qué el golpe comienza en el agro pero termina afectando a todos?
El campo recibe primero el impacto. En el Corredor Seco, particularmente en Valle, Choluteca, El Paraíso y sectores de Francisco Morazán, pequeños y medianos productores reportan pérdidas severas, incluso totales en algunos cultivos.
Cuando cae la producción nacional de granos básicos aparece el segundo problema: Honduras necesita recurrir a compras e importaciones para cubrir el déficit.
Eso significa utilizar más recursos para garantizar alimentos precisamente cuando productores rurales están perdiendo ingresos.
Menos producción, más importaciones y mayores costos terminan afectando el precio que paga el consumidor.
¿Qué pasa cuando la falta de agua también afecta la electricidad?
Aquí aparece uno de los riesgos menos visibles de la sequía. La reducción de los niveles de agua disminuye la generación hidroeléctrica y obliga a sustituirla por fuentes más costosas. En los escenarios severo y extremo también aparece el costo de la energía que no llega a ser suministrada.
Para una empresa, una crisis hídrica puede terminar convertida en mayores costos de energía, interrupciones de producción y menor productividad.
La sequía deja entonces de ser una historia exclusivamente agrícola y pasa a formar parte de la conversación sobre competitividad.
¿Qué tan expuesta está Tegucigalpa?
La capital ofrece una de las señales más visibles de la presión hídrica. Las dos principales represas que abastecen Tegucigalpa se encuentran entre 24% y 25% de su capacidad, pese a las lluvias recientes, y ambas fuentes abastecen aproximadamente al 80% de la población capitalina.
La respuesta incluye la reactivación de 41 pozos para atender barrios, hospitales y escuelas, además de medidas para reducir fugas y ampliar el suministro.
El problema es que las lluvias de cierre de año pueden funcionar únicamente como un alivio temporal. La presión puede trasladarse a 2027, de acuerdo con las advertencias recogidas en el análisis.
¿Qué significa la sequía para las finanzas públicas?
El Estado enfrenta simultáneamente mayores necesidades y menos margen. Si la producción de granos básicos no alcanza para cubrir la demanda, será necesario aumentar las compras externas. A esto se suma la presión sobre energía, agua y asistencia a las poblaciones afectadas.
Para 2027 se contempla un fondo de estabilización de L1,000 millones ante la crisis climática. El análisis plantea además la necesidad de que estos recursos tengan un enfoque productivo y no se conviertan simplemente en subsidios.
Ahí aparece una discusión importante para Gobierno, banca y empresarios: cómo utilizar recursos limitados para reducir la vulnerabilidad futura y no únicamente para cubrir las pérdidas una vez ocurridas.
¿Cuántas personas están sintiendo ya el impacto?
La dimensión social también tiene una traducción económica. Unas 538,000 personas en 103 municipios permanecen bajo alerta roja por la sequía, mientras más de 75% del territorio nacional presenta déficits extremos de lluvia y períodos prolongados sin precipitaciones.
Cuando una familia rural pierde su cosecha, pierde simultáneamente alimento, ingreso y capacidad de consumo.
Ese efecto puede terminar repercutiendo en pequeños comercios, transporte, crédito y actividad económica local.
¿Qué debería mirar ahora el sector privado?
Para las empresas, la sequía empieza a formar parte de la gestión de riesgo.
| Área | Riesgo económico |
|---|---|
| Agro | Menor producción e ingresos |
| Alimentos | Mayor dependencia de importaciones |
| Energía | Costos más altos y posibles racionamientos |
| Comercio | Menor capacidad de consumo |
| Industria | Interrupciones y menor productividad |
| Banca | Mayor riesgo en productores afectados |
| Gobierno | Mayor presión sobre el gasto |
| Inversión | Más incertidumbre sobre costos |
La conclusión empresarial es sencilla: el agua empieza a ser una variable de competitividad.
LA MIRADA DE LA DIRECTORA DE SOYDATOS

Cuando uno junta estos números, la sequía deja de parecer una noticia del sector agrícola y se convierte en una noticia económica nacional.
Lo que comienza con una cosecha perdida puede terminar en alimentos más caros. Lo que comienza con una represa con menos agua puede terminar en electricidad más costosa. Y lo que comienza como una emergencia climática puede terminar presionando las finanzas públicas.
A mí me preocupa especialmente el salto hacia 2027. Honduras puede llegar a ese año con productores golpeados, ciudades buscando nuevas fuentes de agua, empresas enfrentando mayores costos y un Gobierno con menos espacio para responder.
La discusión, por eso, no debería ser únicamente cuánto dinero necesitamos para atender la emergencia.
También tenemos que hablar de cuánto debemos invertir para que la próxima sequía no vuelva a costarnos cientos o miles de millones de dólares.
Agua para producir. Agua para generar energía. Agua para las ciudades.
El agua ya es una variable económica y Honduras necesita empezar a tratarla como tal.

