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18 agosto , 2026

El gobierno cree que las canchas solas producen atletas: solo L.300 mil para apoyarlos

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No sabemos si quienes elaboraron el presupuesto alguna vez han jugado fútbol, tenis o practicado taekwondo. Tal vez desde sus sillones, con sus grandes panzas y trajes, puedan calcular la ganancia en votos que les dará crear una cancha, como le pasó a Xiomara y sus canchitas de fútbol. Así le fue. El gobierno cree que las canchas votan, no la gente.

El código presupuestario 0413 del Plan de Inversión Sectorial 2026 coloca a la Comisión Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (CONDEPOR) como uno de los actores más visibles del gasto público en infraestructura social del próximo año. Según el documento oficial enviado al Congreso Nacional, la institución manejará 975,855,337 lempiras, una cifra que supera ampliamente los presupuestos históricos destinados al deporte recreativo y federado en Honduras.

La lectura técnica del presupuesto revela un patrón claro: el gobierno decidió apostar casi todo el dinero a construcción física. Del total asignado, 868 millones de lempiras serán destinados únicamente a “Construcción y Mejoramiento de Instalaciones Deportivas, Recreativas y Administrativas a Nivel Nacional”. Otros 90.4 millones irán a parques recreativos. Juntas, ambas líneas absorben más del 98% del presupuesto total de la institución.

En contraste, la formación de atletas federados apenas recibirá 300 mil lempiras, mientras que mantenimiento y conservación de instalaciones tendrá menos de 3 millones. El desequilibrio presupuestario abre una discusión sobre el verdadero enfoque de la política deportiva hondureña: si busca desarrollar alto rendimiento o priorizar infraestructura visible de impacto territorial y político.

Más cemento que desarrollo deportivo

Uno de los aspectos más llamativos del presupuesto es la desproporción entre infraestructura y desarrollo atlético.

La asignación de 300 mil lempiras para “Formación de Atletas a Nivel Federado” resulta marginal frente a los cientos de millones dirigidos a construcción.

En términos comparativos, el gasto para formar atletas representa apenas el 0.03% del presupuesto total de CONDEPOR. Incluso el mantenimiento de instalaciones deportivas, que suele ser uno de los mayores problemas estructurales del país, recibe únicamente 2.8 millones de lempiras.

La estructura presupuestaria refleja un patrón histórico en Honduras y buena parte de Centroamérica: construir instalaciones nuevas suele ser políticamente más rentable que financiar programas técnicos, ligas menores, entrenadores, medicina deportiva o sistemas de detección de talento.

El propio documento muestra cómo otras instituciones deportivas manejan recursos mucho más limitados. La Confederación Deportiva Autónoma de Honduras (CONDEPAH), por ejemplo, recibirá apenas 11 millones de lempiras, destinados principalmente a atención médica, fisioterapia y apoyo técnico a federaciones deportivas.

La comparación deja ver dos modelos paralelos. Por un lado, una estrategia masiva de construcción recreativa desde CONDEPOR. Por otro, un sistema federado que continúa operando con recursos considerablemente menores.

El atleta hondureño sigue dependiendo de sí mismo

Detrás de cada medalla centroamericana, de cada atleta que llega a unos Juegos Olímpicos o de cada selección juvenil que logra competir fuera del país, suele existir una historia repetida: familias financiando viajes, entrenadores trabajando con salarios limitados y deportistas entrenando con recursos mínimos.

El presupuesto 2026 no parece cambiar esa lógica estructural.

Mientras la infraestructura deportiva gana protagonismo nacional, el atleta continúa relegado a un modelo donde el éxito depende principalmente del sacrificio individual.

La mayoría de los deportistas hondureños de alto rendimiento enfrenta problemas comunes:

  • ausencia de becas permanentes;
  • escasa atención médica especializada;
  • limitada nutrición deportiva;
  • falta de apoyo psicológico;
  • poco acceso a tecnología deportiva;
  • y dependencia de patrocinadores privados o ayuda familiar.

El propio documento presupuestario deja ver esa fragilidad. La Confederación Deportiva Autónoma de Honduras (CONDEPAH), encargada de apoyar federaciones y atención médica deportiva, recibirá apenas 11 millones de lempiras.

En un país con decenas de disciplinas federadas, esa cifra resulta limitada para sostener procesos técnicos nacionales, competencias internacionales y desarrollo juvenil.

La consecuencia es visible desde hace años: Honduras produce talentos aislados, pero no sistemas sostenibles de alto rendimiento.

Otros países invierten en el atleta, no solo en la cancha

La diferencia con otros modelos deportivos internacionales es profunda.

En Colombia, por ejemplo, el programa estatal del Ministerio del Deporte financia becas, salarios, nutrición y acompañamiento técnico para atletas olímpicos y juveniles. Los deportistas de alto rendimiento reciben apoyo económico mensual según resultados y proyección internacional.

Brasil desarrolló uno de los sistemas más agresivos de apoyo regional mediante la “Bolsa Atleta”, un programa federal que entrega subvenciones directas a miles de deportistas. El objetivo no es solo construir instalaciones, sino permitir que los atletas puedan entrenar como profesionales.

México mantiene estructuras estatales permanentes de ciencia aplicada al deporte a través de la CONADE, incluyendo fisiología, medicina deportiva y apoyo multidisciplinario.

Incluso países pequeños como Jamaica entendieron hace décadas que el verdadero activo deportivo no era la pista atlética, sino el atleta. El sistema jamaicano fortaleció entrenadores escolares, competencias juveniles y detección temprana de talento. El resultado fue la construcción de una potencia mundial en velocidad.

En Europa, el enfoque es todavía más amplio. España, Reino Unido y Francia combinan infraestructura con programas científicos, educativos y económicos para atletas desde edades tempranas.

Honduras, en cambio, continúa atrapada en una lógica donde la obra física suele ser el centro de la política deportiva.

Las canchas no producen medallas por sí solas

Construir infraestructura no es negativo. Honduras tiene enormes déficits históricos de espacios recreativos y deportivos, especialmente en barrios urbanos y municipios rurales.

Las canchas iluminadas, los polideportivos y los parques comunitarios pueden reducir violencia, fortalecer tejido social y generar espacios de convivencia.

El problema aparece cuando la infraestructura sustituye la política deportiva integral.

Una cancha vacía no desarrolla atletas. Un estadio moderno no reemplaza entrenadores capacitados. Un parque recreativo no crea automáticamente sistemas de competencia.

El deporte competitivo necesita procesos largos y costosos:

  • entrenadores especializados;
  • competencias constantes;
  • alimentación adecuada;
  • medicina deportiva;
  • psicología;
  • fisioterapia;
  • análisis de rendimiento;
  • y financiamiento estable.

Nada de eso aparece reflejado con fuerza en el presupuesto 0413.

La línea de mantenimiento deportivo, por ejemplo, apenas supera los 2.8 millones de lempiras.

Eso significa que incluso las nuevas obras podrían enfrentar rápidamente problemas operativos si no existe financiamiento sostenido para conservarlas.

La experiencia latinoamericana está llena de escenarios similares: estadios modernos deteriorados pocos años después de inaugurarse, complejos deportivos sin actividad constante y proyectos convertidos en símbolos políticos temporales.

El entrenador: la figura invisible del sistema deportivo

Hay otro actor prácticamente ausente en el presupuesto: el entrenador.

En la mayoría de las disciplinas hondureñas, los entrenadores trabajan con salarios bajos, recursos limitados y pocas oportunidades de actualización técnica internacional. Muchos sostienen procesos deportivos casi por vocación.

El documento presupuestario menciona programas de asistencia técnica y voluntariado dentro de CONDEPAH, pero los recursos siguen siendo mínimos frente al volumen de necesidades nacionales.

Sin entrenadores fuertes, el desarrollo deportivo se vuelve extremadamente frágil.

Las grandes potencias deportivas entendieron hace años que formar entrenadores es tan importante como formar atletas.

China desarrolló centros de capacitación permanente para técnicos. Australia convirtió la preparación científica de entrenadores en política de Estado tras sus malos resultados olímpicos en los años setenta. Reino Unido creó estructuras de análisis y alto rendimiento que integran universidades, ciencia y preparación técnica.

Honduras todavía carece de una red nacional robusta de profesionalización deportiva.

Eso genera otro problema estructural: los talentos jóvenes muchas veces llegan a un límite competitivo rápidamente porque no encuentran procesos avanzados de desarrollo.

El riesgo de una política basada en visibilidad

Las inversiones en infraestructura tienen una ventaja política evidente: se ven.

Un polideportivo inaugurado genera fotografías, recorridos oficiales y percepción inmediata de acción estatal. Lo mismo ocurre con parques recreativos y canchas municipales.

En cambio, financiar nutrición deportiva o programas técnicos produce resultados menos visibles y más lentos.

El presupuesto 2026 parece inclinarse claramente hacia lo primero. La apuesta por infraestructura deportiva coincide además con un año políticamente sensible y con una estrategia más amplia de inversión territorial que también incluye carreteras, parques urbanos y pavimentación comunitaria.

La pregunta es si el país está construyendo una política deportiva sostenible o únicamente una política de infraestructura recreativa. Porque el deporte competitivo no se mide por cantidad de cemento, sino por capacidad de transformar talento en resultados.

Honduras sigue produciendo atletas pese al sistema, no gracias al sistema

La paradoja hondureña es que el país continúa generando deportistas competitivos incluso bajo condiciones limitadas.

Muchos atletas nacionales alcanzan nivel internacional gracias a disciplina personal, apoyo familiar y esfuerzo privado. Eso ocurre en fútbol, atletismo, natación, taekwondo, boxeo, tenis y otras disciplinas donde los procesos sobreviven más por pasión individual que por estructura estatal robusta.

Pero depender eternamente del sacrificio individual tiene límites. Cuando un país normaliza que el atleta debe “luchar solo”, el deporte deja de ser una política pública y se convierte en un esfuerzo de supervivencia personal.

El presupuesto 0413 refleja precisamente esa tensión.

Por un lado, Honduras quiere mostrar una nueva cara deportiva mediante instalaciones y espacios recreativos. Por otro, el atleta y el entrenador continúan ocupando el lugar más débil dentro de la estructura financiera.

El riesgo no es construir demasiadas canchas. El riesgo es creer que las canchas, por sí solas, reemplazan al atleta.

Por Linda Gutiérrez

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