Canaturh pide adaptar el empleo parcial al turismo hondureño, sector que depende de temporadas, eventos, fines de semana y demanda variable.
A menos de cinco meses de la entrada en vigencia de la Ley de Empleo a Tiempo Parcial, el sector turístico hondureño plantea cambios para adecuar la contratación a una actividad marcada por temporadas, eventos y fines de semana. Canaturh sostiene que el rango de 18 a 32 horas semanales limita la contratación puntual, mientras el turismo gana peso en empleo, inversión y generación de divisas.
¿Por qué Canaturh cuestiona la Ley de Empleo a Tiempo Parcial?
La discusión laboral volvió al centro de la agenda turística luego de que el presidente de la Cámara Nacional de Turismo de Honduras (Canaturh), Adolfo Pineda, cuestionara la aplicación de la Ley de Empleo a Tiempo Parcial en hoteles, restaurantes y empresas vinculadas a eventos.
El argumento empresarial parte de una característica estructural del turismo: la demanda laboral no es uniforme durante toda la semana. Un hotel puede necesitar más personal durante un fin de semana, un restaurante puede ampliar su plantilla durante una temporada alta y un operador puede requerir trabajadores para un evento específico.
Para Canaturh, el problema es que la legislación establece una jornada parcial de entre 18 y 32 horas semanales, lo que dificulta utilizar esta modalidad para necesidades laborales concentradas en determinados días. La ley fue aprobada mediante el Decreto Legislativo 45-2026 y publicada en La Gaceta el 28 de marzo de 2026.
¿Qué establece realmente la Ley de Empleo a Tiempo Parcial en Honduras?
La normativa creó un régimen especial para relaciones laborales del sector privado bajo jornadas inferiores a la máxima ordinaria. El artículo 5 establece que un contrato a tiempo parcial debe pactarse entre 18 y 32 horas semanales, con una distribución definida en el contrato.
La ley también exige que el contrato sea por escrito antes del inicio de la relación laboral e incluya elementos como duración, funciones, salario por hora, jornada semanal, distribución de las horas y mecanismos de registro de entrada y salida.
Desde la perspectiva del trabajador, la norma establece protección proporcional de derechos laborales y sociales. El salario debe calcularse conforme a las horas efectivamente trabajadas y la remuneración por hora no puede ser inferior a la base correspondiente al salario mínimo de la actividad.
El diseño busca formalizar una modalidad flexible sin eliminar derechos laborales. Sin embargo, el debate planteado por el turismo se concentra precisamente en si esa estructura resulta suficientemente flexible para actividades cuya demanda puede concentrarse en períodos muy específicos.
¿Dónde está el principal choque entre la ley y el modelo de contratación turística?
El punto de fricción está en la diferencia entre jornada parcial y trabajo por evento.
Un establecimiento turístico puede necesitar meseros, personal de cocina, limpieza, seguridad o apoyo operativo para un evento de fin de semana. En esos casos, la necesidad empresarial puede concentrarse en unas pocas horas o días, mientras que la legislación exige una jornada semanal dentro del rango establecido.
Pineda explicó que un establecimiento podría requerir trabajadores exclusivamente para un evento durante el fin de semana, pero que el régimen vigente obliga a establecer una relación de entre 18 y 32 horas semanales. Para Canaturh, esa estructura reduce el incentivo para contratar formalmente bajo esta modalidad.
El debate tiene una segunda dimensión. La ley establece mecanismos de control para evitar que una relación que funciona como jornada completa sea presentada artificialmente como parcial. Si el promedio de horas trabajadas supera 32 horas semanales durante tres meses consecutivos, la relación puede convertirse en una de tiempo completo.
¿Qué significa el empleo parcial para hoteles y restaurantes?
La importancia de la discusión aumenta porque hoteles, restaurantes y otros servicios turísticos tienen una estructura de demanda diferente a industrias con horarios más previsibles.
El turismo enfrenta picos durante Semana Santa, vacaciones, feriados, festividades locales, temporadas de playa, eventos y fines de semana. Esa variabilidad obliga a las empresas a ajustar personal de acuerdo con la cantidad de visitantes y el nivel de ocupación.
Los datos económicos muestran que el sector tiene un peso significativo. Un estudio del Consejo Nacional de Inversiones (CNI) señala que el turismo representó 11.7 % del PIB de Honduras en 2025, generó más de 325,000 empleos y produjo más de US$730 millones en divisas.
El impacto también se extiende a transporte, comercio, gastronomía, entretenimiento y servicios vinculados a los destinos. Por eso, una regulación laboral que determine la facilidad o dificultad para ampliar las plantillas durante períodos de alta demanda puede tener efectos sobre la capacidad operativa del sector.
¿Está creciendo el turismo hondureño mientras se debate la contratación laboral?
La discusión ocurre en un momento de expansión de la actividad turística. Datos del Instituto Hondureño de Turismo (IHT) indican que Honduras recibió 1,804,153 visitantes durante el primer semestre de 2026, un aumento de 18.5 % respecto al mismo período de 2025.
El comportamiento del sector tiene implicaciones directas para las empresas. Más visitantes significan mayor demanda potencial de habitaciones, restaurantes, transporte, excursiones, comercio y entretenimiento, pero también mayor necesidad de contar con trabajadores disponibles durante los períodos de mayor actividad.
En 2025, además, las exportaciones de servicios de viajes alcanzaron US$882.2 millones, equivalentes al 54.2 % de las exportaciones de servicios del país, según datos del Banco Central de Honduras citados en informes sectoriales.
La discusión sobre el empleo parcial, por tanto, no ocurre en un sector estancado. Ocurre mientras la actividad turística intenta transformar el crecimiento de visitantes en mayor inversión, empleo y generación de divisas.
¿Qué busca Canaturh con una reforma al empleo parcial?
Canaturh plantea una legislación más cercana al antiguo esquema de empleo por hora, particularmente para actividades vinculadas a eventos, fines de semana y temporadas.
La petición empresarial no se limita a reducir costos laborales. El argumento central es que una modalidad contractual debe permitir que la empresa formalice trabajadores cuando realmente existe una necesidad temporal de personal, sin obligarla a asumir una jornada semanal que no corresponde al volumen real de trabajo.
Desde el punto de vista económico, el desafío consiste en encontrar un equilibrio entre flexibilidad empresarial y protección laboral. Una legislación demasiado rígida puede reducir la contratación formal; una legislación demasiado flexible puede generar riesgos de precarización y pérdida de derechos.
La propia Ley de Empleo a Tiempo Parcial fue diseñada precisamente para mantener derechos laborales y seguridad social en condiciones de proporcionalidad. Por ello, cualquier eventual modificación tendría que resolver simultáneamente la necesidad de flexibilidad planteada por las empresas y las garantías establecidas para los trabajadores.
¿Cómo podría Honduras adaptar el empleo parcial al turismo?
La experiencia internacional muestra que los sectores con demanda variable suelen combinar diferentes mecanismos de contratación, pero cualquier reforma debe considerar las particularidades del marco laboral hondureño.
Para el turismo hondureño, una alternativa de discusión podría concentrarse en contrataciones por evento o jornadas concentradas, con registro obligatorio de horas, salario proporcional, cobertura de seguridad social y mecanismos de fiscalización.
La legislación actual ya incorpora sistemas obligatorios de registro y control de horas, así como reglas para evitar que los contratos parciales sean utilizados para ocultar relaciones laborales de tiempo completo.
La discusión legislativa podría entonces enfocarse menos en eliminar controles y más en determinar si existen modalidades que permitan responder a las particularidades de hoteles, restaurantes, operadores turísticos y empresas de eventos sin reducir las garantías laborales.
¿Por qué esta discusión puede afectar la competitividad turística de Honduras?
La competitividad turística no depende únicamente de playas, patrimonio, infraestructura o promoción internacional. También depende de la capacidad de las empresas para responder rápidamente a la demanda.
Honduras registró más de 3.1 millones de visitantes internacionales en 2025, según datos sectoriales del CNI, y durante 2026 el flujo del primer semestre aceleró su crecimiento. Esa expansión genera oportunidades para hoteles, restaurantes, transporte y servicios, pero también exige estructuras laborales capaces de absorber los picos de actividad.
Para las empresas pequeñas, particularmente restaurantes, operadores locales y establecimientos fuera de los grandes destinos, la capacidad de contratar personal adicional durante períodos específicos puede determinar si aceptan o no determinados eventos o aumentos temporales de demanda.
El debate planteado por Canaturh se convierte así en una discusión más amplia sobre formalización, productividad, empleo y competitividad. El desafío institucional consiste en construir reglas que permitan crecer al sector sin trasladar los costos de esa flexibilidad exclusivamente al trabajador.
Turismo y empleo: el reto de una ley que siga el ritmo de la demanda
La Ley de Empleo a Tiempo Parcial nació con el objetivo de formalizar una modalidad laboral y establecer reglas claras para trabajadores y empleadores. Cinco meses después, el turismo está planteando una pregunta distinta: ¿son esas reglas suficientemente adaptables para una industria cuya demanda cambia por temporada, destino y evento?
La respuesta tendrá implicaciones más allá de hoteles y restaurantes. El turismo aporta 11.7 % del PIB, sostiene más de 325,000 empleos y genera cientos de millones de dólares en divisas, mientras la llegada de visitantes mantiene una trayectoria creciente.
La discusión que ahora enfrenta Honduras no consiste únicamente en flexibilizar o mantener una norma. Consiste en determinar cómo diseñar un mercado laboral capaz de acompañar el crecimiento de una industria que necesita contratar cuando llegan los visitantes, pero que al mismo tiempo debe garantizar derechos cuando termina la temporada.




