En un momento crítico para la economía hondureña, el presidente Nasry «Tito» Asfura anunció que su próxima reunión con Estados Unidos priorizará la batalla contra los aranceles que amenazan con asfixiar sectores vitales como la maquila, la industria automotriz y el textil.
Tegucigalpa. Como principal socio comercial —absorbiendo más del 60% de las exportaciones nacionales—, Washington es el eje de esta estrategia. Asfura no solo busca aliviar tarifas del 10% general y un demoledor 25% sobre arneses automotrices, sino también blindar 200.000 empleos directos en maquila, que representan el pulso de la industria ligera en Honduras. Esta movida llega en medio de un contexto global proteccionista, exacerbado por la agenda «America First» del presidente Donald Trump, reelegido en 2024, quien ha endurecido barreras no arancelarias y aduaneras para priorizar manufactura doméstica.
El golpe de los aranceles: maquila al borde del colapso
Los aranceles no son un detalle menor; son una espada de Damocles sobre la competitividad hondureña. El 10% general encarece todos los envíos, pero el 25% específico en arneses automotrices —uno de los rubros más dinámicos, con exportaciones anuales por cientos de millones— golpea donde más duele. Estos cables eléctricos para vehículos, fabricados en zonas francas como San Pedro Sula y La Ceiba, abastecen a gigantes como General Motors y Ford.
Un alza del 25% equivale a un margen perdido del 15-20% para productores, forzando recortes de costos que ya impactan salarios y turnos extras. Asfura lo dijo claro: «No es solo el 10%, es el 25% que tenemos que ir a pelear. Esa es una de las ramas más exportadoras de Honduras». En 2025, la maquila aportó cerca de 2.500 millones de dólares en divisas, pero cifras preliminares de enero 2026 muestran una caída del 8% en pedidos, atribuible directamente a estas tarifas. Sin alivio, analistas prevén 20.000 despidos en el primer semestre, profundizando la migración y erosionando remesas, que superan los 8.000 millones anuales.
Inversiones en marcha: 15.000 empleos en el horizonte
Optimista pese al panorama, Asfura reveló reuniones con dos colosos maquiladores que planean inyectar 15.000 nuevos puestos de trabajo. Además, una multinacional textil evalúa Honduras frente a rivales centroamericanos como El Salvador y Guatemala. «Los hondureños somos buenos para trabajar y hacemos bien las cosas», enfatizó el mandatario, apelando al ethos laboral nacional.
Estas inversiones, estimadas en 200-300 millones de dólares, podrían revitalizar el Parque Industrial de Choloma y Villanueva, epicentros de la industria. Sin embargo, su materialización depende de concesiones arancelarias: competidores regionales disfrutan exenciones vía CAFTA-DR, pero Honduras necesita renegociar términos post-pandemia y con la nueva administración Trump. Este flujo de capital privado es crucial, ya que el Estado solo genera el 10% de empleos formales; el resto depende de inversión extranjera directa (IED), que rebotó en 2026 tras tocar fondo en 2025.
Regreso al CIADI: la llave de la seguridad jurídica
Asfura defendió con vehemencia la reincorporación al Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI), reversa de la controvertida salida bajo el gobierno anterior. «¿Cómo va a traer usted 100 millones de dólares a invertir si no tiene derecho a un arbitraje internacional? Así funciona en todo el mundo», argumentó. Esta medida envía una señal inequívoca: Honduras ofrece garantías contra expropiaciones o disputas políticas.
En 2025, la IED cayó a 882 millones, pero proyecciones post-CIADI apuntan a 5.000 millones anuales, atrayendo fondos en renovables, agro y tecnología. Sin ella, grandes jugadores como Tesla o Intel dudan; con ella, Honduras compite de tú a tú con Costa Rica. El impacto multiplicador es enorme: cada dólar de IED genera 2,5 en actividad económica y 10 empleos indirectos, según datos del Banco Central de Honduras (BCH).
Más allá de aranceles: agricultura, Tech y el tema migratorio
La agenda con EE.UU. trasciende textiles. Asfura impulsa diálogos en agricultura —donde el café ya genera 2.200 millones—, ciberseguridad y tecnología, sectores con potencial para jóvenes. «Necesitamos oportunidades para nuestra gente», urgió, vinculando esto al migratorio. Alertó sobre riesgos al Estatus de Protección Temporal (TPS) para 55.000 hondureños radicados en EE.UU. hace dos décadas, y 2 millones de remitentes «héroes».
Decisiones diplomáticas pasadas —como tensiones con la administración Biden— pusieron en jaque este salvavidas, que inyecta 500 millones anuales. Negociar TPS extensiones, junto a visa H-2A para temporeros, podría estabilizar flujos humanos y económicos. En paralelo, subsidios a cafetales y bonos climáticos posicionan la industria cafetalera para un 10% más de producción en 2026.
Desafíos y esperanza: un 2026 decisivo
Honduras arrastra deuda externa de 10.220 millones —aumentada en 686 millones bajo Castro—, inflación controlada en 4,98% y un lempira apreciado a L26.45 por dólar. Pero el verdadero test es esta gira: éxito en aranceles podría catapultar exportaciones un 15%, crear 50.000 empleos y apuntalar un PIB al 4%. Fracaso, y la maquila —pilar de 7% del PIB— se desangra. Asfura apuesta por pragmatismo: «Un presidente debe buscar siempre lo mejor para su país». Con Trump en la Casa Blanca, el timing es propicio para alianzas «ganar-ganar». Honduras, con su mano de obra competitiva y ubicación estratégica, solo pide equidad. El mundo observa si Asfura regresa con victorias que devuelvan esperanza a 500.000-800.000 jóvenes desempleados. Hay mucho por hacer, pero el tablero está servido.

