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25 octubre , 2026

Remesas superan los 10,000 millones de dólares y exponen la dependencia económica de Honduras

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Las remesas crecen 11.2 % y podrían superar los 12,000 millones de dólares en 2026. El desafío es convertir esos recursos en capacidad productiva, empleo e inversión nacional.

El dato detrás de la noticia

Honduras está recibiendo más dólares que nunca, pero ese crecimiento no necesariamente significa que su economía esté desarrollando mayor capacidad para producir riqueza.

Entre enero y septiembre de 2026 ingresaron 10,098.8 millones de dólares en remesas familiares, un incremento de 11.2 % respecto al mismo período de 2025. Son 1,018.7 millones de dólares adicionales que llegan desde el exterior y sostienen el consumo de miles de hogares.

La cifra tiene dos lecturas económicas. La primera es favorable: las remesas proporcionan divisas, respaldan el consumo interno, fortalecen las reservas internacionales y contribuyen a la estabilidad macroeconómica. La segunda es mucho más preocupante: Honduras está financiando una parte sustancial de su actividad económica con los ingresos que sus ciudadanos generan fuera del territorio nacional.

El problema no es que los hondureños envíen dinero desde el extranjero. El problema es que la economía nacional todavía no consigue generar suficientes oportunidades para que esas personas puedan construir su futuro dentro del país.

La advertencia del expresidente del Consejo Hondureño de la Empresa Privada (Cohep), Eduardo Facussé, apunta precisamente a esa contradicción.

SOYDATOS EXPRESS | Cinco cifras para entender la dependencia

1. US$10,098.8 millones: remesas recibidas entre enero y septiembre de 2026.

2. 11.2 %: crecimiento interanual, equivalente a 1,018.7 millones de dólares adicionales.

3. Más del 25 % del PIB: peso de las remesas en la economía hondureña, según los datos proporcionados.

4. 86 % para consumo: proporción de las remesas destinada a alimentación, salud, educación y otras necesidades familiares.

5. US$12,000 millones: nivel que podrían superar las remesas al finalizar 2026.

¿Qué significa que las remesas representen más del 25 % del PIB?

Significa que una parte extraordinariamente importante del flujo económico hondureño está vinculada a ingresos generados fuera de sus fronteras.

Las remesas no son producción nacional. Son transferencias de ingresos que los hondureños obtienen trabajando en otros países y envían a sus familias. Su impacto, sin embargo, se extiende por toda la economía: permiten comprar alimentos, pagar alquileres, adquirir medicamentos, financiar estudios, construir viviendas y consumir productos y servicios.

Este dinero termina circulando en supermercados, mercados, farmacias, comercios, transporte, construcción y servicios.

Para las empresas, representa una fuente de demanda que sostiene ventas y actividad comercial. Para el sistema financiero, constituye un flujo permanente de divisas y operaciones.

Pero existe una diferencia fundamental entre una economía que crece porque produce y exporta más y otra que mantiene buena parte de su consumo gracias al dinero enviado desde el exterior.

Honduras tiene una importante capacidad de recepción de divisas, pero todavía enfrenta el desafío de convertir esa disponibilidad de dinero en una mayor capacidad productiva interna.

¿Por qué el crecimiento de las remesas no resuelve el problema de la pobreza?

El dato del Banco Central de Honduras revela una realidad que merece atención: el 86 % de las remesas se destina al consumo y a cubrir necesidades básicas.

Esto significa que la mayor parte de los recursos tiene una función de sostenimiento familiar, no de acumulación de capital.

Cuando una familia recibe dinero para comprar alimentos, pagar servicios médicos, cubrir gastos escolares o cancelar compromisos financieros, ese ingreso mejora sus condiciones de vida y evita un mayor deterioro económico.

Sin embargo, el dinero destinado a cubrir necesidades inmediatas tiene una capacidad limitada para financiar nuevas empresas, ampliar instalaciones productivas o desarrollar actividades que generen empleo permanente.

Esto no significa que consumir sea improductivo. El consumo sostiene la demanda y permite que funcionen los negocios. El problema aparece cuando una economía depende de ese consumo, pero no desarrolla simultáneamente una estructura empresarial capaz de generar nuevos ingresos.

Las remesas alivian la pobreza de los hogares receptores, pero no sustituyen una política de crecimiento económico, productividad y generación de empleo.

¿Qué ocurriría si Honduras dejara de recibir este flujo de dólares?

Aquí aparece uno de los mayores riesgos económicos.

Con remesas que superan la cuarta parte del PIB y representan aproximadamente la mitad de la generación de moneda extranjera, Honduras tiene una exposición considerable al comportamiento económico y migratorio de otros países, particularmente Estados Unidos.

Una reducción importante de estos envíos tendría consecuencias en varios niveles:

  • Consumo: las familias receptoras tendrían menos recursos para adquirir alimentos, bienes y servicios.

  • Comercio: supermercados, tiendas, farmacias y negocios locales podrían experimentar una contracción de sus ventas.

  • Divisas: disminuiría una fuente fundamental de dólares para la economía.

  • Reservas internacionales: se reduciría uno de los flujos que contribuyen a sostener la disponibilidad de moneda extranjera.

  • Sistema financiero: bancos y otras instituciones procesarían menores volúmenes de transferencias.

También habría repercusiones sobre la capacidad de pago de los hogares y la actividad de sectores vinculados al consumo.

No significa que una caída de remesas produzca automáticamente una crisis cambiaria o financiera. Pero sí evidencia que la economía hondureña tiene una dependencia externa que limita su capacidad de respuesta ante un choque internacional.

¿Por qué las remesas también son un problema de competitividad?

La advertencia de Facussé tiene una dimensión empresarial que va más allá del debate sobre migración.

Honduras necesita aumentar su capacidad para producir bienes y servicios competitivos, sustituir importaciones cuando sea económicamente conveniente y ampliar sus exportaciones.

El país dispone de actividades con potencial para generar divisas y empleo: agroindustria, café, manufactura, alimentos, turismo, construcción y servicios.

Pero ese potencial necesita condiciones concretas para convertirse en inversión.

Entre ellas:

  • Seguridad jurídica y reglas estables para los inversionistas.

  • Acceso al financiamiento empresarial.

  • Infraestructura logística y energética competitiva.

  • Formación de trabajadores especializados.

  • Simplificación de trámites y procedimientos.

  • Mayor productividad agrícola e industrial.

  • Acceso a mercados internacionales.

La relación entre remesas y competitividad es directa: mientras las remesas financian el consumo de los hogares, la producción nacional debe generar los bienes, servicios y empleos que permitan sostener ese consumo sin depender indefinidamente del exterior.

El país necesita pasar de una economía que recibe recursos a una economía que genera recursos.

¿Cómo afecta el costo de la vida a las familias que reciben remesas?

La advertencia de Facussé sobre el encarecimiento de la canasta básica introduce otro elemento decisivo.

El costo de la canasta básica se aproxima a 20,000 lempiras, según la cifra citada por el empresario. Al mismo tiempo, los precios de los insumos agrícolas, particularmente los fertilizantes, reciben presiones de los conflictos internacionales y del encarecimiento de los costos de producción.

Esto tiene un efecto en cadena. Cuando aumenta el costo de los fertilizantes, la producción agrícola puede encarecerse. Si también suben los costos de transporte, energía y distribución, esos incrementos terminan trasladándose al consumidor.

El resultado es una pérdida de poder adquisitivo. Las remesas ayudan a compensar esa presión, pero no eliminan el problema. Una familia puede recibir más dinero desde Estados Unidos y, aun así, experimentar dificultades para cubrir sus necesidades si los precios aumentan más rápidamente que sus ingresos.

Aquí existe una contradicción importante: las remesas sostienen el consumo, pero la inflación reduce la cantidad de bienes y servicios que ese dinero puede comprar.

Por eso, el crecimiento nominal de las remesas no debe confundirse con una mejora equivalente del bienestar económico de los hogares.

6. ¿Por qué el sistema bancario tiene una oportunidad que todavía debe aprovecharse?

El dato de que aproximadamente 95 % de las remesas se recibe a través de instituciones financieras revela una oportunidad importante para la banca hondureña.

Los bancos no solamente procesan transferencias. También pueden convertirse en intermediarios para transformar una parte de esos recursos en ahorro, inversión y financiamiento.

Esto requiere desarrollar productos financieros adaptados a las familias receptoras.

Entre las posibilidades están:

  • Cuentas de ahorro con condiciones accesibles.

  • Instrumentos de ahorro programado.

  • Educación financiera para los hogares.

  • Financiamiento para pequeños negocios.

  • Créditos para actividades agropecuarias y comerciales.

  • Productos para construcción y mejoramiento de vivienda.

  • Mecanismos de inversión de pequeños montos.

Sin embargo, hay una consideración fundamental: no se puede asumir que las familias disponen de recursos excedentes para ahorrar o invertir. Si el 86 % se destina a cubrir necesidades básicas, cualquier estrategia debe reconocer esa realidad.

La oportunidad bancaria está en facilitar la administración de los recursos y crear alternativas para quienes sí tienen capacidad de ahorro, no en convertir las remesas en una fuente automática de endeudamiento familiar.

¿Puede Honduras convertir las remesas en inversión productiva?

Sí, pero requiere una estrategia nacional que involucre al Gobierno, la empresa privada, el sistema financiero y los propios hondureños residentes en el extranjero.

El punto de partida es reconocer que las remesas son ingresos privados de las familias. No son recursos presupuestarios del Estado ni dinero que el Gobierno pueda disponer para financiar sus proyectos.

Lo que sí puede hacer el país es crear condiciones para que una parte de esos recursos encuentre oportunidades atractivas de inversión.

Por ejemplo, desarrollar mecanismos voluntarios para que los hondureños en el exterior puedan invertir en empresas nacionales, proyectos agroindustriales, vivienda, pequeñas industrias o emprendimientos.

Pero para lograrlo se necesita confianza. Un hondureño que trabaja en Estados Unidos no invertirá necesariamente sus ahorros en Honduras si percibe inseguridad jurídica, incertidumbre económica, dificultades para recuperar su inversión o falta de transparencia.

La inversión de los migrantes no se consigue con discursos patrióticos. Se consigue ofreciendo proyectos rentables, reglas claras y garantías institucionales.

¿Qué significa que las remesas puedan superar los 12,000 millones de dólares en 2026?

La proyección refleja la dimensión que ha alcanzado este flujo de recursos.

Con 10,098.8 millones de dólares recibidos durante los primeros nueve meses, Honduras necesitaría aproximadamente 1,901.2 millones adicionales para superar los 12,000 millones al cierre del año.

Eso equivale a un promedio cercano a 634 millones de dólares mensuales durante el último trimestre.

La proyección es consistente con el volumen acumulado hasta septiembre, aunque el resultado final dependerá del comportamiento de los envíos durante los últimos tres meses.

Para la economía hondureña, superar los 12,000 millones significaría disponer de una fuente todavía mayor de divisas y consumo.

Pero también profundizaría una pregunta estructural: ¿qué está haciendo el país con esa enorme disponibilidad de recursos?

Si el crecimiento de las remesas no se acompaña de mayor inversión, producción y exportaciones, Honduras podría seguir ampliando su dependencia de los ingresos generados por su población en el extranjero.

Recibir más dólares es positivo para la liquidez de la economía, pero no necesariamente significa que Honduras esté fortaleciendo su capacidad de desarrollo.

La mirada de la directora de SOYDATOS

Honduras no tiene un problema de falta de dólares, sino de capacidad para generar riqueza dentro de sus propias fronteras. Los más de 10,000 millones de dólares en remesas sostienen el consumo, alivian la pobreza y respaldan la estabilidad económica, pero no sustituyen la inversión productiva ni la creación de empleos.

La dependencia tiene un costo estructural: mientras miles de hondureños generan ingresos fuera del país, la economía nacional sigue sin ofrecer suficientes oportunidades para retener talento, atraer capital y desarrollar empresas competitivas.

El desafío no es recibir más remesas, sino necesitar cada vez menos de ellas para sostener la economía. Honduras debe convertir su potencial agrícola, industrial, comercial y exportador en fuentes propias de crecimiento.

Los migrantes ya están haciendo su parte. La pregunta es cuándo el país hará la suya.

Por Carlos Echeverri

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