Producto clave para inclusión pierde operatividad mientras banca comercial mantiene mayor actividad y persisten brechas de uso financiero real. Sistema bancario de Honduras enfrenta inactividad masiva pese a 14.6 millones de cuentas.
El sistema financiero hondureño muestra un contraste inquietante. Mientras el país cerró 2024 con 14.6 millones de cuentas bancarias, casi cuatro de cada diez permanecen inactivas. El Reporte de Inclusión Financiera 2025 de la Comisión Nacional de Bancos y Seguros (CNBS) revela una realidad donde la expansión numérica no se traduce en uso efectivo, planteando dudas sobre la profundidad de la bancarización.
Un récord de cuentas con baja operatividad
Las cifras oficiales indican que 11.3 millones de cuentas pertenecen a entidades supervisadas directamente por la CNBS. Sin embargo, solo el 63.2% está activo, mientras el 36.8% no registra movimientos recientes, evidenciando una inactividad estructural que limita el impacto económico del sistema financiero.
Como explicó soydatos, la tenencia de cuentas no garantiza inclusión real. Para que el sistema funcione como motor productivo, los usuarios deben utilizarlo para ahorro, pagos o crédito, algo que aún no ocurre de forma generalizada.
La banca comercial lidera el uso financiero
El reporte muestra que la banca comercial mantiene el mayor nivel de operatividad, con 65.9% de cuentas activas, consolidando su posición como principal canal financiero. En contraste, los bancos estatales y sociedades financieras presentan niveles de actividad de apenas 22.5% y 22.8%, respectivamente.
Este patrón sugiere una concentración del uso financiero en instituciones privadas tradicionales. Analistas citados por proceso.hn señalan que la confianza del usuario sigue vinculada a la percepción de seguridad, calidad de servicios y acceso digital.
El desplome de las cuentas básicas
El dato más polémico del informe es la caída del 84.1% en el uso de las cuentas básicas, producto diseñado para sectores históricamente excluidos. Aunque el número de cuentas abiertas aumentó de 199,129 a 202,803, la transaccionalidad se desplomó, dejando este instrumento con apenas 0.1% del total de depósitos del sistema.
Las fuentes identifican varios factores determinantes detrás de este desplome:
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Falta de incentivos operativos: los usuarios no perciben beneficios tangibles que los motiven a mantener la cuenta activa o utilizarla recurrentemente.
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Preferencia persistente por el efectivo: existe una cultura arraigada de realizar transacciones con dinero físico, lo que reduce el uso de instrumentos financieros formales.
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Barreras de costo y burocracia: muchos usuarios consideran que el sistema financiero implica trámites complejos o costos asociados, lo que desincentiva su uso continuo.
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Limitaciones en educación financiera: se evidencia una brecha significativa en el conocimiento técnico sobre el manejo de estas cuentas, especialmente en zonas rurales.
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Falta de adaptación local: la inclusión financiera ha fallado al no acompañar la apertura de cuentas con productos ajustados a la realidad económica de los sectores históricamente excluidos.
Como resultado, las cuentas básicas mantienen una relevancia marginal en la economía nacional, al representar apenas el 0.1% del total de depósitos del sistema financiero. En este escenario, las fuentes coinciden en que el aumento en el número de cuentas abiertas constituye un “espejismo estadístico”, ya que no se traduce en una bancarización real ni en una herramienta financiera activa para los hondureños.
Brechas de género y sofisticación financiera
El informe también revela contrastes en el acceso por género. Existen 102.5 cuentas de ahorro por cada 100 mujeres adultas, lo que indica avances en cobertura. Sin embargo, el uso de instrumentos más sofisticados como cuentas de cheques o certificados de depósito continúa dominado por hombres.
Este patrón refleja una inclusión parcial, donde las mujeres acceden al sistema pero no necesariamente participan en productos de mayor valor financiero. Cámaras de comercio han advertido que cerrar esta brecha es clave para impulsar emprendimientos liderados por mujeres.
La inactividad como riesgo macroeconómico
La baja transaccionalidad limita la capacidad del sistema financiero para canalizar ahorro hacia inversión productiva. Cuando millones de cuentas permanecen dormidas, el crédito potencial se reduce y la economía pierde dinamismo.
Según el Banco Central de Honduras (BCH), profundizar la bancarización podría elevar la productividad y mejorar la formalización laboral. Países como Chile o Colombia han logrado mayor impacto económico al combinar digitalización financiera con incentivos al uso cotidiano.
Un desafío estructural para la inclusión financiera
El panorama hondureño muestra que la bancarización aún enfrenta barreras culturales, tecnológicas y económicas. El crecimiento en número de cuentas puede generar un espejismo estadístico si no se traduce en mayor uso real del sistema formal.
En este clima financiero donde las cifras parecen soleadas pero el uso efectivo muestra nubarrones, la inclusión bancaria sigue siendo una tarea pendiente. El reto no es solo abrir cuentas, sino lograr que se conviertan en herramientas vivas dentro de la economía cotidiana.

