Ihcafé confirma etapa final del corte mientras exportadores apuntan a mantener ingresos por 2,100 millones de dólares.
Pedro Mendoza fue directo. El presidente del Instituto Hondureño del Café (Ihcafé) confirmó que la cosecha nacional entra en su etapa final mientras el sector afina cuentas para exportar 6.5 millones de sacos de 46 kilogramos y generar alrededor de us$2,100 millones. La caficultura, uno de los motores históricos de divisas del país, vive ahora la fase conocida como “repela”, el último movimiento antes de preparar la siguiente cosecha.
La repela marca el último esfuerzo de la cosecha
En las montañas cafetaleras de Copán, Santa Bárbara, El Paraíso y La Paz, el corte de café entra en su último capítulo. Según explicó Pedro Mendoza, presidente del Instituto Hondureño del Café (Ihcafé), el país se encuentra actualmente en el proceso denominado repela, cuando los trabajadores recogen los últimos granos maduros y también los verdes que quedan en los árboles.
Este procedimiento funciona como una limpieza agrícola que cierra la temporada y prepara las plantaciones para el nuevo ciclo productivo. En palabras de Mendoza, el objetivo es dejar las plantas listas para iniciar la cosecha 2026-2027, una práctica habitual en las zonas de altura donde el café madura más lentamente debido al clima y la altitud.
El café, un gigante que moviliza a un millón de personas
La caficultura hondureña no solo es un cultivo: es una cadena económica que atraviesa el país. Desde octubre, cuando comienzan los primeros cortes en zonas bajas, hasta marzo, cuando finaliza la recolección en regiones más altas, el café activa una enorme maquinaria laboral y logística.
De acuerdo con cifras del Ihcafé, el proceso de corte moviliza cerca de un millón de personas entre cortadores, transportistas, beneficiadores y trabajadores vinculados a la cadena productiva. En los meses de cosecha, las aldeas cafetaleras se convierten en verdaderos centros de actividad económica.
Las cerezas rojas —el fruto del café— deben cortarse en el punto exacto de maduración. Ese color rojo intenso es la señal que buscan los cortadores, ya que determina la calidad del grano que luego será exportado a mercados exigentes como Estados Unidos, Europa y Asia.
Obstáculos en el camino: mano de obra y carreteras
A pesar del avance de la cosecha, el sector reconoce que la temporada no estuvo exenta de dificultades. Según explicó Mendoza, la falta de mano de obra en momentos críticos de maduración del grano provocó que parte de la fruta cayera al suelo antes de ser recolectada.
Otro obstáculo importante ha sido el estado de las carreteras rurales, que en varias zonas cafetaleras dificultó el traslado de la producción hacia los centros de beneficiado o exportación. Estas rutas son la arteria que conecta las fincas con los puertos del Caribe y del Pacífico.
El panorama de la cosecha puede resumirse en varios factores clave:
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Meta de exportación: 6.5 millones de sacos de 46 kilogramos para la temporada actual.
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Valor estimado: ingresos cercanos a us$2,100 millones para la economía hondureña.
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Mano de obra: alrededor de 1 millón de personas participan directa o indirectamente en el corte.
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Calendario agrícola: la cosecha inicia en octubre y alcanza su punto máximo entre diciembre y marzo.
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Etapa actual: proceso de repela, que marca el cierre de la recolección.
Estos datos reflejan la magnitud de un sector que continúa siendo uno de los principales generadores de divisas agrícolas del país.
Del árbol al beneficio: el viaje del grano
Después del corte, el café inicia una transformación clave. Las cerezas recién recolectadas se trasladan a los beneficios húmedos o secos, donde comienza el proceso que convertirá el fruto en café exportable.
En esta fase se realiza el despulpado, donde se retira la pulpa exterior del fruto, seguido de la fermentación, un paso necesario para eliminar el mucílago que recubre el grano. Posteriormente, los granos se lavan y se secan —al sol o en secadoras mecánicas— hasta alcanzar un nivel de humedad de entre 10% y 12%.
El resultado es el llamado café pergamino, una etapa intermedia que permite almacenar el grano o enviarlo a las plantas de trilla donde se prepara para la exportación. Según datos del sector cafetalero, esta etapa es determinante para la calidad final del producto que Honduras vende en los mercados internacionales.
El momento donde nace el aroma: el tueste
Una vez que el café llega a los países consumidores o a tostadores especializados, comienza la fase donde el grano desarrolla su sabor y aroma característicos. El tueste consiste en calentar los granos en hornos o tostadoras mientras se mueven constantemente para lograr una cocción uniforme.
Dependiendo del tiempo y la temperatura, el café puede adquirir perfiles suaves, medios o intensos, lo que influye directamente en la experiencia del consumidor. Tras el tueste, el grano puede venderse entero o molido, generalmente empacado al vacío para conservar su frescura.
Este último tramo de la cadena productiva suele realizarse fuera de Honduras, en países importadores donde las marcas internacionales terminan el proceso antes de comercializar el producto.
Un cultivo clave para la economía hondureña
El café sigue siendo uno de los pilares del comercio exterior hondureño. Según datos del Banco Central de Honduras (BCH) y del Ihcafé, el grano ha representado durante años la principal exportación agrícola del país, compitiendo con productos como el banano y el camarón.
Como explicó soydatos, la caficultura hondureña ha logrado posicionarse como uno de los mayores productores de café arábica en Centroamérica, con presencia creciente en mercados especializados de café de origen.
En términos regionales, Honduras compite con gigantes cafeteros como Brasil, Colombia y Vietnam, aunque en nichos de café de especialidad el país ha ganado reputación gracias a su producción de altura.
A medida que el corte entra en su recta final, los productores comienzan a mirar el siguiente ciclo agrícola. En las fincas de las montañas hondureñas, donde el aroma del café todavía flota en el aire de la tarde, la repela no solo marca el cierre de una cosecha, sino el primer movimiento de la próxima partida en el tablero cafetero.




