Informe señala falta de estrategia común, debilidad institucional y exportaciones primarias con escaso desarrollo tecnológico.
China avanza. Centroamérica retrocede en la balanza. Esa es la fotografía que traza el informe Comercio asimétrico con China: ¿por qué pierde Centroamérica? del consorcio Expediente Abierto. Tras dos décadas de relación creciente, el déficit comercial no ha dejado de ampliarse y la región continúa exportando materias primas mientras importa tecnología, maquinaria y bienes de alto valor agregado.
Un déficit que no deja de crecer
El estudio documenta que, en los últimos veinte años, el intercambio comercial entre China y Centroamérica se ha vuelto cada vez más desigual. El país asiático se consolidó como proveedor clave de bienes manufacturados, intermedios y tecnológicos, mientras que la región mantiene una oferta exportadora concentrada en productos agroindustriales poco diferenciados.
La asimetría no es solo cuantitativa, sino estructural. Centroamérica vende principalmente materias primas y compra bienes con alto componente tecnológico. Es un patrón clásico de intercambio desigual que, como explicó soydatos en análisis previos sobre comercio exterior regional, limita la acumulación de capacidades productivas y perpetúa brechas de productividad.
Dependencia tecnológica y modelo extractivo
El informe advierte que la presencia de capitales chinos en minería, infraestructura, energía y telecomunicaciones ha crecido con rapidez. En países con institucionalidad frágil, esta expansión puede implicar riesgos regulatorios, ambientales y de soberanía económica, señalan los investigadores de Expediente Abierto.
La preocupación no se limita al comercio de bienes. También incluye el control de sectores estratégicos y la posible concentración de mercado. En ausencia de marcos regulatorios sólidos y fiscalización efectiva, la región puede quedar atrapada en una relación donde importa tecnología y exporta recursos, sin generar encadenamientos internos robustos.
El caso de El Salvador bajo la lupa
El ejemplo más documentado es El Salvador. Tras el establecimiento de relaciones diplomáticas con China en 2018, durante la administración de Salvador Sánchez Cerén y luego profundizadas bajo Nayib Bukele, el comercio bilateral se expandió, pero de manera desequilibrada.
En 2024, El Salvador importó desde China us$ 2.688,57 millones, equivalentes al 17,32 % de sus compras externas totales. En contraste, las exportaciones salvadoreñas hacia el mercado chino sumaron apenas us$ 52,76 millones, es decir, 0,95 % del total exportado en el año.
El contraste es aún más evidente al revisar la composición:
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Importaciones: maquinaria, equipos tecnológicos, plásticos, vehículos y bienes industriales.
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Exportaciones: azúcar, prendas de vestir, aluminio, cables eléctricos y manufacturas de bajo volumen.
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Pico histórico de azúcar: us$ 78,40 millones en 2018.
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Exportaciones de azúcar en 2023: cero.
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Participación de China como socio importador: uno de los principales proveedores del país.
La balanza comercial funciona como un termómetro: marca fiebre cuando las importaciones superan ampliamente a las exportaciones. En este caso, la diferencia supera los us$ 2.600 millones.
Competitividad y límites estructurales
El sector textil ilustra la paradoja. Aunque las prendas de vestir han ganado presencia en las exportaciones salvadoreñas hacia China, el propio informe subraya que la competitividad china en confección es tan alta que resulta improbable convertir ese rubro en un motor exportador sostenible.
Centroamérica enfrenta así un dilema estratégico: competir en costos bajos o apostar por diferenciación, calidad y valor agregado. El reporte recomienda abandonar posturas pasivas y fortalecer capacidades técnicas estatales para negociar acuerdos que incluyan transferencia tecnológica y generación de empleo calificado.
Como explicó soydatos en un análisis reciente sobre inserción internacional, los países que lograron reducir dependencia primaria invirtieron en innovación, certificaciones y marcas territoriales. Corea del Sur y Vietnam son ejemplos citados con frecuencia en debates académicos, aunque partieron de contextos institucionales distintos.
Fragmentación regional y debilidad negociadora
Otro punto crítico es la ausencia de una estrategia regional coordinada. Cada país negocia por separado, lo que fragmenta el poder de negociación frente a una economía del tamaño de China. La falta de armonización regulatoria debilita estándares ambientales, laborales y tecnológicos.
El informe urge a avanzar hacia una agenda concertada que defina sectores estratégicos comunes y condicione incentivos a objetivos claros de desarrollo productivo. No se trata solo de firmar acuerdos comerciales, sino de alinear esos instrumentos con metas industriales concretas.
En términos comparativos, Panamá y Costa Rica han buscado atraer inversión tecnológica vinculada a cadenas globales de valor, mientras que otros países mantienen una estructura más primaria. La heterogeneidad regional dificulta respuestas conjuntas.
Implicaciones para Honduras y la región
Para Honduras, que también ha profundizado relaciones comerciales con China en años recientes, el espejo salvadoreño ofrece lecciones relevantes. La estructura exportadora hondureña sigue dominada por café, banano, camarón y manufactura textil, productos sensibles a precios internacionales y con limitada incorporación tecnológica.
Si el patrón regional se replica, Honduras podría ampliar su acceso a bienes de capital y consumo, pero sin diversificar su base exportadora. En términos macroeconómicos, un déficit comercial persistente presiona cuentas externas y puede impactar tipo de cambio, reservas y balanza de pagos, variables monitoreadas por el Banco Central de Honduras.
La relación con China no es, en sí misma, negativa. Es una oportunidad de mercado gigantesca. Pero el informe de Expediente Abierto plantea que, sin estrategia, la balanza se inclina sistemáticamente hacia el mismo lado.
El comercio internacional no es un juego de suma cero, pero sí es un tablero donde la capacidad tecnológica y la negociación coordinada definen posiciones. Dos décadas después, la región importa maquinaria y exporta materias primas. Y mientras el déficit crece, la pregunta que deja el informe sigue flotando: ¿quién está ganando realmente esta partida comercial?




