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15 agosto , 2026

Honduras mira a Paraguay para alcanzar el grado de inversión y bajar el costo de su deuda externa

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El Banco Central buscará claves en Asunción tras el reconocimiento de Moody’s y S&P que cambió el perfil financiero paraguayo.

Paraguay lo hizo en menos de una década. Nosotros debemos entender cómo”. La frase del presidente del Banco Central de Honduras, Roberto Lagos, resume una ambición que va más allá de una visita diplomática. Honduras quiere entrar al club del grado de inversión y reducir el costo de su deuda en los mercados internacionales.

La declaración no es casual. En diciembre de 2025, Paraguay recibió el grado de inversión por parte de Standard & Poor’s, sumándose al reconocimiento otorgado en julio de 2024 por Moody’s. Dos sellos que cambiaron la narrativa financiera del país sudamericano.

El viaje que va más allá del protocolo

Lagos viajará entre el 11 y el 14 de marzo a Asunción para participar en las reuniones anuales del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Pero su agenda incluye algo más específico: reunirse con autoridades paraguayas para estudiar el proceso que llevó al país a mejorar su calificación crediticia.

Según explicó el propio titular del BCH ante periodistas en Tegucigalpa, aprovechará el encuentro para conocer “un tema específico”, el grado de inversión. Lo acompañará la viceministra de Finanzas, Rosa Elizabeth Rivera, en una señal de que el interés no es meramente académico, sino estratégico para la política fiscal y monetaria hondureña.

¿Qué significa realmente el grado de inversión?

Obtener grado de inversión implica que un país es considerado de bajo riesgo para los inversionistas institucionales. Fondos de pensión, aseguradoras y grandes gestores de activos solo pueden colocar recursos en mercados con esa certificación, lo que amplía la base de compradores de bonos soberanos.

En términos prácticos, supone:

  • Menores tasas de interés en emisiones de deuda.

  • Mayor acceso a capitales internacionales.

  • Reducción del riesgo país.

  • Mejora en la percepción de estabilidad macroeconómica.

  • Incentivo a la inversión extranjera directa.

Paraguay logró ese salto tras ocho a nueve años de disciplina fiscal, crecimiento sostenido y control de la inflación. Según destacó Lagos, ese proceso “le ha permitido alcanzar una certificación crediticia que le da credibilidad para ir al mercado”.

Honduras frente al espejo macroeconómico

Honduras mantiene estabilidad cambiaria y un sistema financiero sólido, pero aún no alcanza la categoría de inversión. Datos del propio BCH muestran que la deuda pública ronda el 50% del PIB, mientras que el crecimiento económico ha oscilado entre 3% y 4% anual en los últimos años, condicionado por remesas y exportaciones tradicionales.

El contraste con Paraguay no es abismal, pero sí relevante. El país sudamericano consolidó una regla fiscal, fortaleció su institucionalidad y mantuvo niveles de deuda moderados durante casi una década. Esa consistencia fue clave para convencer a las agencias calificadoras.

El rol del BID y la agenda regional

En las reuniones del BID se evaluarán “los distintos cambios que se van a realizar” en el organismo, especialmente en temas de apoyo presupuestario. Lagos subrayó que existe “una agenda sólida” que puede beneficiar a Centroamérica si actúa de manera coordinada.

La representación regional será amplia, y según indicó el presidente del BCH, será clave para “poner a Centroamérica en el mapa”. En un contexto donde los flujos de capital buscan destinos estables, la narrativa regional pesa tanto como los indicadores numéricos.

El precedente paraguayo bajo la lupa

El caso paraguayo no fue producto de un boom coyuntural. De acuerdo con informes del Ministerio de Hacienda paraguayo y reportes públicos de Moody’s y S&P, el país sostuvo superávits primarios, contuvo el gasto y mantuvo inflación controlada por debajo del 5% en promedio durante varios años.

Además, fortaleció su marco institucional y mejoró la transparencia fiscal. Ese conjunto de factores generó confianza sostenida, no un repunte temporal. En diciembre de 2025, cuando S&P confirmó el grado de inversión, el mensaje fue claro: consistencia macroeconómica y previsibilidad.

El desafío estructural hondureño

Para Honduras, el reto no es solo técnico. Implica consolidar reglas fiscales, fortalecer ingresos tributarios sin frenar el crecimiento y mantener estabilidad política. Las agencias de riesgo evalúan no solo cifras, sino gobernanza y capacidad institucional.

En un entorno global marcado por tasas internacionales aún relativamente altas y volatilidad geopolítica, acceder a grado de inversión podría reducir significativamente el costo financiero del país. Cada punto porcentual menos en intereses representa millones de dólares de ahorro presupuestario anual.

El contexto internacional y la presión por credibilidad

América Latina atraviesa un momento desigual. Mientras algunos países enfrentan rebajas de calificación por deterioro fiscal, otros consolidan mejoras graduales. Paraguay se convirtió en un ejemplo de estabilidad dentro de la región.

Honduras observa ese proceso en un momento en que la competencia por capital es intensa. Los mercados priorizan disciplina fiscal, previsibilidad regulatoria y bajo riesgo político. La visita de Lagos no garantiza un cambio inmediato, pero marca una señal clara: la aspiración de Honduras es elevar su perfil financiero y reducir su dependencia de financiamiento costoso.

En el tablero regional, obtener grado de inversión no es un símbolo; es una herramienta concreta para abaratar deuda, atraer capital y consolidar crecimiento sostenible. Paraguay ya cruzó esa frontera. Honduras, ahora, quiere trazar su propia ruta hacia ese mismo destino.

Por Linda Gutiérrez

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