El peso de los aranceles amenaza empleo, maquila e inversión extranjera en uno de los sectores industriales más sensibles del país.
“Si no nivelamos el terreno, las inversiones simplemente se van”. Esa frase, repetida en privado por empresarios y funcionarios, resume la urgencia que empuja a Honduras a Washington. Bajo el mando de Nasry Asfura, el país activó una negociación comercial clave con Estados Unidos para salir de una desventaja que ya cuesta empleo, producción y futuro.
Una ofensiva diplomática antes del poder formal
La estrategia no comenzó en Tegucigalpa, sino en los corredores del poder estadounidense. El 15 de enero, días antes de asumir la presidencia, Nasry Asfura encabezó una delegación de alto nivel en Washington D.C., dejando un mensaje claro: Honduras no esperaría a gobernar para empezar a negociar.
Según informó la Cancillería hondureña, Asfura sostuvo reuniones con Marco Rubio, secretario de Estado; Howard Lutnick, secretario de Comercio; Pete Hegseth, secretario de Defensa, y Jamieson Greer, representante comercial de EE. UU. El despliegue político fue inusual para un presidente electo y reveló una hoja de ruta que combina comercio, seguridad y alineamiento estratégico.
El problema no es ideológico: es arancelario
El núcleo del conflicto es técnico, pero sus efectos son profundamente políticos. Honduras paga hoy un arancel general del 10 % para exportar a Estados Unidos, una carga que se vuelve asfixiante en sectores industriales de alto volumen y bajo margen.
El caso más emblemático es el de los arneses eléctricos, uno de los principales productos de exportación manufacturera del país. El arancel del 25 % impuesto a estos componentes encarece la producción hondureña frente a competidores regionales. Empresarios del sector han advertido que, con ese nivel impositivo, cada nueva inversión se vuelve una decisión cuesta arriba.
El Triángulo Norte ya no juega con las mismas reglas
Mientras Honduras negocia, sus vecinos ya avanzaron. El Salvador exporta con arancel cero hacia Estados Unidos, tras consolidar acuerdos preferenciales. Guatemala, en tanto, tiene exención total para el 70 % de su oferta exportable, y tarifas reducidas para el resto.
Esta asimetría no es abstracta: se traduce en decisiones de inversión concretas.
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Plantas que se mudan a El Salvador
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Órdenes de manufactura que saltan a Guatemala
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Proyectos que Honduras deja pasar
Según explicó Jamieson Greer en reuniones bilaterales, Estados Unidos reconoce que la fragmentación comercial del Triángulo Norte genera distorsiones que afectan la estabilidad regional, uno de los argumentos que Honduras busca capitalizar en la negociación.
Por qué los arneses importan más de lo que parece
El debate sobre los arneses eléctricos no es técnico: es estructural. Honduras ha sido históricamente un hub de manufactura automotriz para el mercado estadounidense, gracias a su ubicación, mano de obra y experiencia en maquila.
Eliminar o reducir el arancel del 25 % tendría impactos directos:
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Más inversión extranjera directa
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Expansión de plantas existentes
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Generación de miles de empleos industriales
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Mayor transferencia tecnológica
Desde la Asociación Hondureña de Maquiladores explicaron que cada punto porcentual de arancel puede definir si una empresa se queda o se va. En un mercado global altamente competitivo, la política comercial se volvió una política de empleo.
El respaldo silencioso del Banco Mundial y el BID
Un dato que pasó casi desapercibido es la presencia de representantes del Banco Mundial y del BID en reuniones previas del equipo de Asfura. No fue casual. Según fuentes oficiales, el acuerdo comercial estaría acompañado de financiamiento para infraestructura, logística y modernización productiva.
Esto sugiere que Honduras no busca solo bajar aranceles, sino reconfigurar su capacidad exportadora. Puertos, carreteras, energía y formación técnica aparecen como condiciones necesarias para cumplir los estándares del mercado estadounidense, cada vez más exigente en trazabilidad y eficiencia.
Una nueva relación con Washington
La reunión con Marco Rubio marcó un giro político. La nueva administración hondureña apuesta por una relación bilateral directa y pragmática, dejando de lado discursos ideológicos y priorizando resultados económicos medibles.
Asfura ha transmitido que el comercio será la principal moneda de negociación para fortalecer la relación con Estados Unidos. Seguridad, migración y estabilidad regional aparecen como piezas del mismo tablero. Washington, por su parte, ve en Honduras un socio clave en un contexto regional cada vez más disputado.
El riesgo de no llegar a tiempo
El mayor peligro no es fracasar, sino llegar tarde. Cada mes sin acuerdo profundiza la brecha competitiva. Las decisiones de inversión no esperan ciclos políticos ni discursos. Se toman con hojas de cálculo.
Según datos del Banco Central de Honduras, la maquila representa más del 40 % de las exportaciones industriales. Perder competitividad en ese sector tendría efectos en empleo urbano, consumo y recaudación fiscal, impactando directamente en la clase media que hoy sostiene la economía.
Un acuerdo que redefine el tablero
El Acuerdo de Comercio Recíproco con Estados Unidos no es un trámite técnico. Es una decisión estratégica de largo plazo. Si se concreta, Honduras podría recuperar terreno perdido, atraer nuevas inversiones y reposicionarse dentro del Triángulo Norte.
Si no, el país corre el riesgo de convertirse en un eslabón débil, observando desde afuera cómo sus vecinos capitalizan ventajas que Honduras alguna vez tuvo. En esa encrucijada, el reloj ya empezó a correr.




