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16 agosto , 2026

El duro dato que el Gobierno de Libre no explicó: salarios y consumo familiar en Honduras

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Mientras el sector público gana 22 mil lempiras, la mayoría no llega a 11 mil. Historias y cifras que explican la desigualdad.

“Un salario no alcanza para vivir”, dice Mariela, madre de dos hijos en Tegucigalpa. 22 540 lempiras en el sector público, 11 304 en el privado, 4 664 en trabajo doméstico y 10 024 como independiente. Los nuevos datos oficiales revelan una Honduras que trabaja, pero no llega.

Dos salarios, dos países distintos

Los ingresos laborales en Honduras dibujan una frontera invisible. Según la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2023-2024, los asalariados del sector público perciben 22 540 lempiras mensuales, mientras que quienes trabajan en el sector privado reciben 11 304 lempiras, prácticamente la mitad. La diferencia no es solo estadística: define el acceso a vivienda, educación y salud.

Carlos, trabajador independiente en el área urbana, lo resume con claridad: “Trabajo todos los días, pero nunca logro ahorrar”. Su ingreso promedio ronda los 10 024 lempiras mensuales, una cifra que lo deja expuesto ante cualquier emergencia. Más abajo aún se encuentran los empleados domésticos, con 4 664 lempiras al mes, uno de los ingresos más bajos del país.

La brecha salarial no responde solo al tipo de empleo, sino también al acceso a estabilidad y beneficios. Mientras el sector público ofrece ingresos más altos y previsibilidad, la mayoría de los trabajadores se mueve en esquemas frágiles, con menor protección social y escaso margen financiero.

Educación y empleo: una relación que sigue marcando el destino

La encuesta revela otro dato clave: la tasa de analfabetismo nacional es de 9.8%, con una incidencia mucho mayor en zonas rurales. Informó el Banco Central que esta brecha educativa se traduce directamente en menores oportunidades laborales y salarios más bajos.

María, docente en una comunidad rural del sur del país, lo explica sin rodeos: “Muchos jóvenes dejan la escuela temprano y entran a trabajos informales sin futuro”. En estas zonas, las opciones de empleo formal son escasas y los ingresos dependen de actividades de subsistencia o comercio informal.

Según los datos oficiales, 45.3% de la población ocupada trabaja en el sector privado, 40.6% lo hace de forma independiente y apenas 6.7% pertenece al sector público. La estructura laboral deja claro que la mayoría de los hondureños está expuesta a ingresos bajos y condiciones laborales inestables.

El empleo existe, pero no alcanza

La tasa de desocupación nacional se ubicó en 5.2%, con mayor incidencia en áreas urbanas. A primera vista, el dato podría parecer controlado, pero detrás de esa cifra se esconde otra realidad: tener empleo no garantiza ingresos suficientes.

📌 Claves del mercado laboral hondureño:

  • Desocupación nacional: 5.2%

  • Desocupación urbana: 6.0%

  • Desocupación rural: 4.1%

  • Mayor peso del sector privado: 45.3%

  • Alta proporción de trabajadores independientes: 40.6%

Luis, trabajador informal en Tegucigalpa, lo describe con crudeza: “No estoy desempleado, pero vivo como si lo estuviera”. Sus ingresos varían mes a mes y dependen de factores externos como el clima, el consumo y la seguridad.

El problema no es solo cuántos trabajan, sino cuánto ganan quienes ya están trabajando. La encuesta confirma que una gran parte de los ocupados no logra cubrir el costo de vida básico.

El dinero se va en lo esencial

La distribución del gasto de los hogares muestra una economía doméstica enfocada casi exclusivamente en sobrevivir. Según los datos oficiales, más de la mitad del gasto mensual se concentra en tres rubros:

  • Alimentos y bebidas no alcohólicas: 26.5%

  • Transporte: 14.2%

  • Vivienda, agua, electricidad y combustibles: 11.9%

Ana, madre de tres hijos en Comayagua, lo vive cada mes: “Primero va la comida, luego la luz y el transporte. No queda nada más”. El margen para recreación, cultura o ahorro es prácticamente inexistente.

De hecho, los gastos en recreación, cultura, bebidas alcohólicas, tabaco y servicios financieros apenas representan 3.6% del gasto total, una señal clara de que el consumo discrecional es un lujo para pocos.

Hogares más grandes, ingresos más ajustados

La encuesta estima que Honduras tiene 9.7 millones de habitantes, con una mayoría viviendo en zonas urbanas. Se contabilizan 2.6 millones de hogares, con un tamaño promedio de 3.7 personas por familia.

Este dato no es menor. En la práctica, significa que un solo ingreso suele sostener a varias personas, aumentando la presión sobre salarios que ya son bajos. Cada aumento en alimentos, transporte o energía impacta directamente en la estabilidad del hogar.

Durante la presentación de la encuesta, la presidenta del Banco Central explicó que estos datos permiten entender cómo viven realmente las familias hondureñas y qué tan lejos están los ingresos de cubrir sus necesidades básicas.

La tensión silenciosa de la clase media

Aunque los datos muestran mayor vulnerabilidad en los sectores de menores ingresos, la presión económica también alcanza a la clase media. El aumento sostenido en el costo de vida, combinado con salarios que avanzan lentamente, obliga a ajustar decisiones sobre educación, salud y ahorro.

Un analista económico lo plantea así: “Cuando los ingresos no crecen al ritmo de los precios, la calidad de vida se erosiona, incluso para quienes se consideran estables”. La encuesta confirma que esta sensación no es percepción: es una tendencia estructural.

Trabajar ya no es sinónimo de tranquilidad financiera. La nueva radiografía económica deja en evidencia un país donde el esfuerzo es constante, pero el alivio económico sigue siendo esquivo para millones de hogares.

Por Linda Gutiérrez

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