Estados Unidos activó una alerta diplomática ante el riesgo de que Xiomara Castro utilice el estado de excepción para manipular los resultados de las elecciones hondureñas del 30 de noviembre. Washington considera que la presidenta ha replicado la estrategia de control territorial y coerción estatal usada por Nicolás Maduro en Venezuela.
La administración Trump pedirá este martes una sesión extraordinaria del Consejo Permanente de la OEA para advertir que no aceptará un proceso empañado por fraude. El llamado lo acompañan Antigua y Barbuda, Argentina, Bolivia, Ecuador y Paraguay.
Estado de excepción y control territorial
Castro mantiene un estado de excepción ejecutado por las Fuerzas de Seguridad y respaldado plenamente por las Fuerzas Armadas, alineadas con cada decisión del gobierno.
Esto implica que antes, durante y después de los comicios, la presidenta tendría control operativo sobre las principales ciudades, una ventaja táctica que le permitiría reprimir protestas frente a un posible intento de manipulación electoral.
Tres candidatos, un clima tenso
La campaña presidencial se disputa entre Rixi Moncada (oficialista), Nasry Asfura (opositor) y Salvador Nasralla (neo oficialista). Asfura lidera las encuestas por un margen técnico sobre Nasralla, quien fue vicepresidente de Castro.
En ese escenario, Washington considera que el clima institucional se deteriora mientras actores públicos clave —como el Congreso y los organismos electorales— muestran señales de presión política.
La OEA abre expediente: Caso Honduras
Estados Unidos y los países que lo acompañan solicitaron de manera formal la reunión extraordinaria para examinar la situación. La misión diplomática de Honduras fue notificada y reportó de inmediato a Tegucigalpa.
Castro reaccionó enviando de urgencia a Washington al canciller Javier Bu Soto, quien se reunió con el secretario general de la OEA, Albert Ramdin. Pero Ramdin le dejó claro que no suspendería la sesión.
La maniobra fallida del Gobierno
Sin capacidad para frenar la convocatoria, Bu Soto instruyó al embajador hondureño ante la OEA, Carlos Quesada, para presentar una nota verbal solicitando incluir a dos panelistas: Marlon Ochoa (CNE) y Mario Morazán (TJE).
La jugada buscó introducir operadores políticos del oficialismo como voces independientes dentro del debate. Ramdin autorizó la intervención, pero la estrategia exhibió el aislamiento diplomático de Tegucigalpa.
Los panelistas del oficialismo
Morazán ha construido su recorrido institucional bajo vínculos con el oficialismo, mientras que Ochoa fue secretario de Finanzas de Castro y hoy integra el CNE.
Ambos defenderán al Gobierno vía Zoom desde Honduras, aunque Morazán podría viajar a Washington. Ochoa tiene prohibida la entrada a EEUU: su visa fue cancelada tras participar en un ataque incendiario contra la embajada estadounidense en 2019.
El discurso oficial desde Washington
En su cuenta de X, el embajador Quesada publicó un video asegurando que el proceso electoral avanza con normalidad y que choques entre partidos o la presencia de fake news no justifican una sesión extraordinaria de la OEA. Pero en su mensaje evitó mencionar el estado de excepción, elemento central de la preocupación estadounidense y del llamado a la reunión del martes.
La ofensiva de Chris Landau
El subsecretario de Estado, Christopher Landau, lidera la ofensiva en la OEA para evitar que Honduras replique el fraude venezolano.
Ayer publicó en X que empresarios hondureños le transmitieron una “profunda preocupación” por la integridad del proceso electoral y denunciaron intimidación contra miembros del CNE encargados de organizar y certificar los resultados.
Congreso debilitado y riesgo institucional
Landau también advirtió que el Congreso fue reemplazado por una Comisión Permanente de nueve miembros, sin legitimidad para asumir decisiones trascendentales, como declarar un ganador si el CNE no puede hacerlo.
“El mensaje de los líderes empresariales fue claro: antes de votar, todos deben estar de acuerdo sobre las reglas y sobre quién las hace cumplir”, concluyó Landau, subrayando que la estabilidad política es clave para la economía.
Washington no toma partido
Estados Unidos no respalda a ningún candidato, y tampoco lo hacen los países que pidieron la sesión junto a él.
El objetivo —insisten— es resguardar la democracia y evitar que Honduras repita un escenario semejante al venezolano, donde la institucionalidad electoral fue desmantelada para garantizar el control del oficialismo.
La contraofensiva ideológica
Brasil, Colombia y México actúan en sentido contrario dentro de la OEA, respaldando el discurso de Castro y rechazando lo que consideran una injerencia de Washington.
La presidenta hondureña afirma que EEUU busca influir en el resultado electoral y acusa a Trump de utilizar la OEA para afectar a su gobierno, aliado de Maduro, Cuba y Nicaragua.
Una OEA dividida y silenciosa
La burocracia interna del organismo, y el propio Ramdin, han mantenido silencio frente al bloqueo oficialista para que los observadores del Caso Honduras expongan en la sesión.
Tampoco se permite la participación de expertos independientes en América Latina. En su lugar, Ramdin cerraría la sesión sin cuestionar, como tampoco lo hizo en su momento, el fraude cometido por Maduro contra Edmundo González Urrutia y María Corina Machado.
El objetivo final de EEUU y sus aliados
Para Washington, Antigua y Barbuda, Argentina, Ecuador y Paraguay, el propósito es claro: evitar que Honduras repita el modelo venezolano y que los comicios del 30 de noviembre pierdan legitimidad democrática.
La sesión del martes será el punto más álgido de una pulseada diplomática que definirá si Honduras enfrenta sus elecciones bajo estándares democráticos o bajo un control político y militar sin contrapesos.




