La Fundación Nacional de Ingenieros y ACES Performance Training, junto al Dr. Eric Price y el exjugador de la NBA, Dennis Bell, han capturado la atención de la comunidad atlética y educativa al exponer una distinción fundamental entre el deporte de élite y la formación académica.
En un fragmento de su entrevista con soydatos.hn, Bell enfatizó que actividades como el baloncesto, el fútbol (soccer) y la natación son, en esencia, “privilegios”, mientras que la educación es la única vía que asegura el futuro y el progreso.
Bell argumentó con firmeza que la educación no es un privilegio, sino un requisito indispensable para el crecimiento personal y profesional a largo plazo. “Una cosa no es un privilegio: la educación, porque deben ir al siguiente nivel”, afirmó.
El valor de una lección aprendida fuera de la cancha
Esta perspectiva se ha cimentado a lo largo de su carrera y en sus interacciones con compañeros. Bell recordó la influencia de un amigo cercano que jugó para los Pens, quien le reiteraba constantemente que la práctica del baloncesto o cualquier otro deporte es, de hecho, un privilegio.
Esa reflexión marcó su trayectoria y lo llevó a recalcar que la educación es lo que debe perdurar toda la vida, más allá del éxito deportivo. Su mensaje busca que los jóvenes comprendan que la competencia atlética puede ser efímera, pero el conocimiento y la preparación son los que realmente sostienen una carrera larga y estable.
El costo y la fragilidad de las becas deportivas en Estados Unidos
El propio Dennis Bell conoce de primera mano la realidad de las becas deportivas en Estados Unidos, un sistema que, aunque abre puertas a miles de jóvenes, también impone una presión constante. Las becas se otorgan por un período fijo de un año y exigen una rigurosa renovación anual. Esa estructura convierte a cada temporada en una evaluación completa: si el rendimiento baja o las metas académicas no se cumplen, la ayuda económica puede ser renegociada o, directamente, retirada.
El modelo establece que la beca —que puede alcanzar sumas cercanas a 50.000 dólares anuales solo para cubrir la matrícula— es financiada por la institución durante un único año. Luego, la universidad debe decidir si la renueva o no. Bell recordó su experiencia en Drake University, donde el costo anual superaba los 45.000 dólares, y describió aquel compromiso financiero como “bastante caro” incluso para estudiantes destacados.
Los deportistas, explicó, viven bajo una presión constante de revisión y resultados, conscientes de que cada temporada académica es una nueva prueba para mantener su estabilidad. “El atleta tiene que renovar la beca cada año”, señaló, y eso obliga a un rendimiento impecable tanto en lo deportivo como en lo académico.
Esa exigencia, según Bell, revela la verdadera jerarquía de prioridades: mientras el deporte representa una oportunidad y un privilegio, la educación sigue siendo la necesidad esencial. Solo el conocimiento —afirma— garantiza una vida estable y con propósito fuera de los estadios, cuando la carrera atlética termina y comienza la etapa que realmente pone a prueba la formación de cada persona.
Prepararse para la vida después del deporte
La insistencia del ex-NBA en la prioridad de la formación académica se justifica en la necesidad de preparar a los deportistas para cuando sus carreras finalicen. La vida fuera de las canchas o los estadios requiere una base sólida que solo la educación puede proporcionar.
Bell concluye que, si bien el deporte brinda oportunidades únicas, su naturaleza es temporal. Por ello, el foco debe estar siempre en la capacitación y la educación, las herramientas que permiten trascender los logros atléticos y “subir al siguiente nivel” incluso después del retiro. En su visión, la educación es la verdadera inversión que los atletas deben priorizar sobre el indudable, pero fugaz, privilegio de la alta competencia deportiva.

Autoridades de la Fundación Nacional de Ingenieros a la izquierda, el Profesor Marco Joya de ACES, el DR. Eric Price y y Dennis Bell en ACES Performance Training en Tegucigalpa

