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15 agosto , 2026

Opinión. Cuando el inculto del viceministro de Educación niega a Dios y el Gobierno calla, viene juicio

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Tegucigalpa, 6 de agosto de 2025. Permítanme comenzar con una disección etimológica. La palabra “inculto” proviene del latín incultus, que significa “sin cultivar”, refiriéndose a una falta de refinamiento o conocimiento. Originalmente, aludía a un campo no trabajado; con el tiempo, se extendió a personas sin formación cultural o espiritual. La palabra describe entonces a quien carece de conocimiento o sensibilidad cultural. Es un término preciso para las recientes declaraciones del viceministro de Educación, Edwin Hernández, quien afirmó en una entrevista por Zoom que Dios es un “personaje inexistente creado por la fe” y que los líderes religiosos “viven de la fe de los demás”.
Estas palabras, lejos de ser una mera opinión personal, han desatado una tormenta en un Honduras profundamente cristiano, donde el 90% de la población se identifica como tal, según Latinobarómetro 2024. Es precisamente esa carencia de comprensión, esa falta de sabiduría, lo que reflejan las declaraciones del viceministro de Educación, Edwin Hernández. Usted, lector, entenderá mejor el uso de este término en los siguientes párrafos.
Como padre, mi deber es guiar a mis hijos en valores, en la búsqueda de la verdad y en el respeto por lo trascendente. Como empresario que instruye, que la formación integral trasciende números y letras; abarca el espíritu, la ética y la moral. Como hombre de fe, que encuentra en Dios sentido, esperanza y fortaleza diaria, no puedo callar ante una postura que no solo hiere profundamente, sino que revela un vacío en la comprensión de la realidad humana y social de Honduras.
Escuchar al inculto viceministro Edwin Hernández declarar que Dios es un “personaje inexistente” y que los líderes religiosos “viven de la fe de los demás” es una afrenta no solo a mis creencias, sino a la mayoría de los hondureños y del mundo. ¿Un personaje inexistente? Recordemos la realidad: en Honduras, 90% de la población es cristiana –evangélicos (45%) y católicos (36-47%)–, según Latinobarómetro 2024.
Esto no es una minoría, señor Hernández; es el tejido de nuestra nación.Globalmente, la fe monoteísta es aún más contundente: 2.400 millones de cristianos y 15 millones de judíos encuentran en Dios la roca de su existencia, la fuente de su moralidad y el motor de su esperanza. ¿Cómo puede un inculto, con la responsabilidad de educar a una nación, denigrar una fuerza tan fundamental para sus ciudadanos?La postura del inculto viceministro, que sigue la línea de declaraciones como las del expresidente Manuel Zelaya, no es meramente personal. Cuando un funcionario público, especialmente en educación, emite tales juicios, envía un mensaje peligroso: deslegitima la creencia de la mayoría, siembra división y declara una guerra cultural innecesaria.
Las iglesias, señor Hernández, no son “negocios de fe”; son pilares comunitarios, redes de apoyo social y, a menudo, las únicas instituciones que llevan ayuda y esperanza a los rincones olvidados de Honduras.Revise los datos de su propio ministerio, señor inculto: en 2025, más de 1 millón de niños y adolescentes están fuera del sistema educativo, según Casa Alianza y CIPRODEH. Seis de cada diez adolescentes no acceden a educación media, y la matrícula escolar cayó en 204,884 estudiantes entre 2023 y 2024. ¿Cómo pretende educar a una sociedad despreciando lo que le da cohesión y sentido?
La Caminata de Oración por Honduras del 16 de agosto no es una respuesta vacía; es el clamor de un pueblo que ve sus valores atacados. En un contexto de polarización política y electoral en 2025, estas declaraciones exacerban tensiones. La fe, para millones, no es una muleta, sino el aire que respiran, el faro que los guía y el amor que impulsa su servicio. Desconocer esto es desconocer a Honduras.Como padre, me alarma el mensaje que se envía a nuestros hijos sobre el respeto a las creencias. Como empresario, me preocupa que se pretenda construir una sociedad ignorando su dimensión espiritual. Como hombre de fe, reafirmo que Dios no es ficción, sino la realidad transformadora.
En lugar de avivar enfrentamientos, los líderes deberían buscar puentes de entendimiento. La fe no es el problema; la falta de sabiduría y empatía lo es. Seguro, Hernández, usted no ha leído la Biblia, que por su responsabilidad lo debería hacer. Pero como la evidencia marca que su incultura le impide leer, le recuerdo un fragmento del versículo en Hebreos 10:30-31: ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!”. O tal vez un Salmo, el 14:1,  que es más popular y le caerá como anillo al dedo: «Dice el necio en su corazón: ‘No hay Dios».
Hernández, pida perdón a Dios, quien seguramente lo perdonará. A mí, me costará más. Honduras no se doblegará ante quienes desprecian su fe. Las palabras de Hernández no solo desafían a Dios, sino al alma de una nación que encuentra en Él su fortaleza. En un país que clama por unidad, este  ataque a la fe solo profundiza heridas. Que el viceministro reflexione, porque el juicio de Dios y el clamor de un pueblo creyente tendrán la última palabra.
Por Alberto Arango

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