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15 agosto , 2026

Cancelación del TPS: una cachetada política y económica a Honduras causada por el gobierno de Castro

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Tegucigalpa. La cancelación del Estatus de Protección Temporal (TPS) para Honduras en julio de 2025, tras 26 años de vigencia, no es solo un revés migratorio, sino una bofetada económica y social orquestada por la errática política exterior del gobierno de Xiomara Castro, que ha tensado las relaciones con Estados Unidos hasta el punto de ruptura. Esta decisión, que afecta a más de 72,000 hondureños y amenaza con desplomar las remesas —un pilar del PIB—, expone cómo la retórica antiestadounidense y las decisiones diplomáticas impulsivas del Partido Libre han sacrificado la estabilidad de miles de familias y la economía nacional en el altar de la soberanía ideológica.
Contexto del TPS y su importancia para Honduras
El Estatus de Protección Temporal (TPS) es un programa migratorio creado por el Congreso de Estados Unidos en 1990 para proteger a ciudadanos de países que enfrentan condiciones excepcionales, como desastres naturales, conflictos armados o crisis graves, que impiden su retorno seguro.
Honduras fue designada para el TPS en enero de 1999 tras el devastador huracán Mitch (1998), que dejó al país en ruinas, con daños estimados en $3,800 millones y una economía retrocedida 20 años. Desde entonces, el TPS ha permitido a aproximadamente 72,000 hondureños residir y trabajar legalmente en EE. UU., contribuyendo con más de $1,000 millones anuales al PIB estadounidense y enviando remesas vitales a Honduras.
El TPS no es un camino a la residencia permanente, sino una medida temporal renovada cada 6 a 18 meses tras evaluaciones del Departamento de Seguridad Nacional (DHS).

Para Honduras, las extensiones se basaron en factores como vulnerabilidad a desastres naturales, inseguridad, corrupción y pobreza extrema. En 2025, el DHS, bajo la administración Trump y la secretaria Kristi Noem, justificó la cancelación del TPS argumentando que Honduras ha superado las condiciones derivadas de Mitch, citando mejoras en infraestructura y programas de reintegración bajo el gobierno de Castro. Sin embargo, informes del Departamento de Estado y organizaciones como WOLA contradicen esta evaluación, destacando la persistencia de violencia, impunidad y pobreza, lo que sugiere que la decisión tiene un trasfondo político ligado a las tensiones bilaterales.

Contexto económico de Honduras y el impacto de la cancelación del TPS
En 2025, la economía de Honduras depende en gran medida de las remesas, que alcanzaron $5,800 millones en el primer semestre, representando cerca del 25% del PIB. Estas transferencias, provenientes principalmente de EE. UU., sostienen el consumo familiar, la educación y la salud, compensando la alta informalidad (70%) y el desempleo. La cancelación del TPS pone en riesgo a 72,000 beneficiarios, quienes enfrentan deportación a partir del 6 de septiembre de 2025, lo que podría reducir significativamente las remesas y agravar la vulnerabilidad económica.

Además, la economía enfrenta otros retos: un crecimiento del 4.4% en el Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE), limitado por fenómenos climáticos como la tormenta tropical Sara y la contracción de la maquila (-1.8%). La reciente imposición de un impuesto a las remesas por parte de EE. UU. encarece aún más los flujos financieros, afectando a familias que dependen de estos ingresos. La deportación masiva de beneficiarios del TPS podría saturar el mercado laboral hondureño, donde la capacidad de absorción es limitada, y aumentar la migración irregular, perpetuando un ciclo de inestabilidad.

El impacto social es igualmente grave. La pérdida del TPS amenaza con separar familias, ya que muchos beneficiarios tienen hijos ciudadanos estadounidenses. Organizaciones como la Fundación 15 de Septiembre planean demandas legales, pero las opciones migratorias alternativas, como el asilo o el ajuste de estatus, son limitadas y costosas, dejando a miles en un limbo migratorio.

Claves de la errática relación Honduras-EE. UU. y sus consecuencias

1. Retórica antiestadounidense y desencuentros diplomáticos.

Desde que Xiomara Castro asumió la presidencia en 2022, su gobierno del Partido Libre ha adoptado una postura ideológica izquierdista que ha generado fricciones con EE. UU. Los desencuentros entre el excanciller Enrique Reina y la exembajadora Laura Dogu marcaron un deterioro progresivo de las relaciones. Reina respondió agresivamente a críticas de Dogu sobre temas como las ZEDEs (2022), la política energética y la corrupción (2024), acusándola de injerencia y amenazando la relación bilateral. Estas confrontaciones públicas, poco diplomáticas, proyectaron una imagen de hostilidad que contrastaba con el discurso oficial de “cordialidad y respeto”.

La ausencia de embajadores en ambas naciones desde 2022, con perspectivas de normalización solo en 2026, refleja una parálisis diplomática. Este vacío dificultó negociaciones cruciales, como la extensión del TPS, dejando a Honduras sin una voz influyente en Washington. La retórica antiestadounidense, amplificada por aliados como Venezuela y Cuba, alimentó la percepción de que Honduras priorizaba agendas ideológicas sobre intereses nacionales, contribuyendo a la decisión de cancelar el TPS.
Impacto en la cancelación del TPS: La falta de canales diplomáticos efectivos y la confrontación constante con EE. UU. debilitaron los esfuerzos de Honduras para abogar por la extensión del TPS. Mientras países como El Salvador, con relaciones más alineadas con Washington, lograron mantener su TPS hasta 2026, Honduras quedó expuesta a sanciones migratorias como represalia política.

2. Denuncia del tratado de extradición.

En agosto de 2024, Honduras denunció el tratado de extradición con EE. UU., vigente desde 2012, tras una reunión de autoridades militares hondureñas con el ministro de Defensa venezolano Vladimir Padrino, acusado de narcotráfico por Washington. La embajadora Dogu expresó preocupación por esta interacción, lo que provocó una respuesta airada de Reina y la decisión de Castro de suspender el tratado. Esta medida se interpretó como un intento de proteger a figuras cercanas al gobierno, especialmente tras la divulgación de un video que implicaba a Carlos Zelaya, cuñado de Castro, en negociaciones con narcotraficantes en 2013.

La denuncia del tratado, que facilitó la extradición de capos y figuras políticas, fue vista como un desafío directo a la cooperación antidrogas con EE. UU., un pilar de las relaciones bilaterales. La falta de avances judiciales en Honduras para investigar el “narcovideo” reforzó la percepción de impunidad, alienando aún más a Washington y alimentando la narrativa de que Honduras no era un aliado confiable. La suspensión del tratado de extradición y las acusaciones de vínculos con el narcotráfico erosionaron la confianza de EE. UU. en el gobierno de Castro. La cancelación del TPS, anunciada poco después, fue interpretada por analistas como Beatriz Valle como una represalia directa por estas decisiones, castigando a miles de migrantes hondureños por las posturas del gobierno.

3. Amenazas sobre la base militar de Palmerola.

 El 1 de enero de 2025, Castro amenazó con cerrar la base militar estadounidense en Palmerola si la administración Trump implementaba deportaciones masivas de migrantes hondureños. Esta advertencia, que cuestionaba una cooperación militar de décadas sin costo para EE. UU., fue un punto de inflexión en las relaciones bilaterales. La base de Palmerola es estratégica para operaciones antidrogas y de seguridad regional, y su amenaza de cierre fue percibida como una provocación en un momento de alta sensibilidad migratoria.

La retórica de Castro, que vinculaba la soberanía hondureña con la presencia militar extranjera, resonó con su base ideológica, pero alienó a Washington. En lugar de negociar discretamente la extensión del TPS, el gobierno optó por una postura confrontacional que priorizó el discurso antiimperialista sobre los intereses de los migrantes, debilitando su posición en las discusiones migratorias.

La amenaza sobre Palmerola, combinada con la denuncia del tratado de extradición, proyectó a Honduras como un socio poco fiable, justificando para la administración Trump medidas punitivas como la cancelación del TPS. La decisión del DHS de destacar “mejoras” en Honduras ignoró las condiciones reales del país, sugiriendo un castigo político más que una evaluación objetiva.

4. Ausencia en la Cumbre de las Américas y alineación con la CELAC

En 2022, Castro boicoteó la novena Cumbre de las Américas en Los Ángeles, protestando por la exclusión de Cuba, Venezuela y Nicaragua. Esta decisión marcó un distanciamiento de EE. UU. y una alineación con gobiernos antiestadounidenses, reforzada en 2025 durante la presidencia pro tempore de la CELAC. En la IX Cumbre de la CELAC, Castro criticó el “nuevo orden económico mundial” impuesto por EE. UU., condenó el bloqueo a Cuba y cuestionó el modelo neoliberal, consolidando su postura ideológica.

Estas acciones, aunque simbólicas, enviaron un mensaje claro de desalineación con Washington, en un momento en que Honduras dependía de la cooperación estadounidense para remesas, inversión y programas migratorios como el TPS. La contratación de lobistas como Hugo Llorens y Thomas Shannon para mejorar la imagen de Honduras en EE. UU. resultó insuficiente frente a la retórica pública antiestadounidense del gobierno. La alineación con la CELAC y el rechazo a la Cumbre de las Américas reforzaron la percepción de Honduras como un aliado ideológico de regímenes opuestos a EE. UU., debilitando su capacidad de negociación. La cancelación del TPS reflejó la falta de voluntad política de Washington para mantener beneficios migratorios a un país percibido como hostil.

5. Consecuencias económicas y sociales para Honduras: devastadoras

La cancelación del TPS tendrá un impacto devastador en Honduras, tanto económico como social. La pérdida de estatus legal para 72,000 hondureños podría reducir las remesas en cientos de millones de dólares anuales, afectando el consumo interno y aumentando la pobreza, que ya afecta al 70% de la población. La deportación masiva saturaría un mercado laboral con alta informalidad y escasa capacidad de absorción, exacerbando la inseguridad y la migración irregular.

Socialmente, la separación de familias y la incertidumbre migratoria generarán tensiones internas, en un contexto de polarización política y violencia persistente (Honduras sigue siendo el segundo país más violento de América Latina para mujeres). El gobierno de Castro, que ha promovido programas de reintegración, carece de recursos para absorber a los retornados, lo que podría desestabilizar aún más el país. La oferta de “autodeportación” de EE. UU., con $1,000 y un boleto de avión, es insuficiente para mitigar el impacto de desarraigar vidas construidas durante décadas. La cancelación del TPS no solo es una consecuencia de las tensiones bilaterales, sino un golpe económico que pone en jaque la estabilidad de Honduras. La incapacidad del gobierno de Castro para anticipar y mitigar esta decisión, priorizando la confrontación sobre la diplomacia, ha dejado al país vulnerable a una crisis migratoria y económica sin precedentes.

6. El gobierno de Honduras priorizó la ideología al bienestar de sus ciudadanos

La cancelación del TPS para Honduras en julio de 2025 es el resultado de una relación bilateral fracturada por la retórica antiestadounidense, decisiones diplomáticas impulsivas y una alineación ideológica con regímenes opuestos a Washington.
El gobierno de Xiomara Castro, al priorizar la soberanía ideológica sobre la cooperación pragmática, ha comprometido el bienestar de 72,000 hondureños y la estabilidad económica del país, que depende críticamente de las remesas. Las consecuencias —reducción de ingresos, aumento de la pobreza y presión social— podrían alimentar la inestabilidad en un año electoral, mientras las opciones legales para los afectados son limitadas.
Honduras enfrenta ahora el desafío de activar mecanismos diplomáticos y legales para mitigar el impacto, pero la falta de embajadores y la percepción negativa en Washington complican estas esfuerzos. La lección es clara: en un mundo interconectado, la confrontación ideológica tiene un costo humano y económico que Honduras, con su fragilidad estructural, no puede permitirse.
Por Linda Gutiérrez

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