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3 octubre , 2026

El Congreso amurallado: poder, desconfianza y una elección bajo presión

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A días de una votación clave, el cierre del Legislativo deja más preguntas que respuestas sobre el rumbo institucional.

Vallas soldadas, soldados apostados y un silencio oficial que inquieta. “Es un mal mensaje”, advierte el diputado Yuri Sabas, mientras el Congreso Nacional amaneció cerrado y blindado, a días de una elección clave que definirá quién controla el proceso legislativo en uno de los momentos más tensos del poder político hondureño.

Un Congreso cercado en el momento más sensible

Desde la madrugada del lunes 19 de enero, los accesos al Congreso Nacional permanecen cerrados con vallas metálicas verdes soldadas al perímetro del edificio, impidiendo el ingreso normal de diputados, empleados y ciudadanos. Según información conocida en el propio Legislativo, los trabajos fueron ejecutados por personal de mantenimiento del Congreso, bajo la administración que aún preside Luis Redondo, aunque hasta ahora no existe una comunicación oficial que explique quién ordenó el amurallamiento.

En los alrededores del edificio también se observó presencia de miembros de las Fuerzas Armadas de Honduras, asignados a tareas de resguardo. La imagen de un Parlamento cerrado y custodiado por militares reavivó recuerdos recientes de crisis políticas, generando inquietud en sectores políticos y ciudadanos justo cuando el Congreso se prepara para una decisión clave: la elección de la junta directiva provisional.

Elección en puerta y desconfianza creciente

El cierre ocurre en un contexto especialmente delicado. En los próximos días debe instalarse la junta directiva provisional, instancia que dirigirá la sesión donde se elegirá la directiva en propiedad del Congreso Nacional, una votación que definirá correlaciones de poder para el nuevo período legislativo. Según diputados de oposición, el amurallamiento del edificio no fue consensuado ni comunicado previamente, lo que alimenta sospechas sobre posibles intentos de control o presión institucional.

El diputado liberal por Choluteca, Yuri Sabas, fue enfático al señalar que la oposición no estaba al tanto del cierre y que la decisión habría sido tomada por las autoridades actuales del Congreso. “No se nos informó nada. Esto no fue coordinado con los partidos que participamos en la comisión de instalación”, expresó, subrayando que la medida genera más tensión en un proceso que debería estar marcado por reglas claras y transparencia.

Seguridad solicitada y mensajes contradictorios

Según explicó Sabas, la comisión del Partido Liberal sí realizó una solicitud formal de resguardo institucional, pero bajo condiciones y tiempos distintos a los observados con las vallas soldadas. El pedido, detalló, fue dirigido a los titulares de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional para garantizar orden durante la transición legislativa.

Lo que solicitó la comisión opositora:

  • Resguardo policial y militar a partir de las 12:00 de la medianoche del 20 de enero.

  • Control y verificación del estado del Congreso Nacional, previo a la instalación de la junta provisional.

  • Garantías de seguridad institucional, no un cierre físico permanente del edificio.

  • Acompañamiento temporal, mientras asume funciones la directiva provisional.

“Una cosa es pedir seguridad y otra muy distinta es soldar el Congreso”, advirtió Sabas. “Así como se suelda, también se puede romper. Lo que están dejando es un mal mensaje.” Para el diputado, el simbolismo del cierre es más grave que la medida en sí.

El peso del símbolo y los antecedentes recientes

El blindaje del Congreso no ocurre en el vacío. Honduras arrastra antecedentes recientes donde el Legislativo se convirtió en escenario de conflictos políticos, tomas, sesiones paralelas y disputas por el control institucional. En ese contexto, la imagen de un Congreso amurallado vuelve a encender alertas sobre la fragilidad del diálogo político y la confianza entre fuerzas rivales.

Analistas consultados en distintos espacios públicos han señalado que cerrar físicamente el Parlamento, en lugar de abrir canales de negociación, puede profundizar la desconfianza y erosionar la legitimidad del proceso legislativo. Según voces dentro del propio Congreso, el temor no es solo el acceso al edificio, sino el precedente que se sienta en una democracia que aún busca estabilidad.

Una señal que trasciende el acero

Más allá de las vallas y los soldados, lo que inquieta es el mensaje político. “No aprendieron y siguen haciendo lo mismo”, insistió Sabas, en referencia a errores pasados que desembocaron en crisis institucionales. Para varios diputados, el cierre del Congreso envía una señal de confrontación cuando el país necesita acuerdos mínimos para garantizar gobernabilidad.

En un momento en que el Congreso debería ser espacio de debate, negociación y representación, su cierre físico refleja una tensión que va más allá de una jornada puntual. La elección de la directiva provisional marcará el rumbo inmediato del Legislativo, pero el episodio de las vallas soldadas deja claro que la disputa por el poder sigue librándose también en el terreno simbólico. Si quieres, puedo ajustar este texto al tono exacto de un medio específico o convertirlo en pieza de portada digital.

Por Linda Gutiérrez

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