El 58.3% de los jóvenes trabajan sin contrato, atrapados en la precariedad laboral. El primer empleo en Honduras: Salarios bajos y precariedad para los jóvenes. Los jóvenes hondureños enfrentan salarios bajos y alta informalidad en su primer empleo, limitando su futuro y el desarrollo económico del país.
Tegucigalpa. En Honduras, un joven de 22 años puede ganar menos de L. 7,000 al mes en su primer empleo, a menudo sin contrato ni seguridad social, mientras la informalidad se dispara y frena el progreso económico. ¿Qué significa esto para su futuro y el del país?
Voces desde la precariedad
Kevin, un joven de 24 años de Tegucigalpa, lleva seis meses trabajando como repartidor de comida a domicilio. Gana L. 6,500 mensuales, sin seguro médico ni vacaciones. “Es lo que hay. Si no acepto, otro lo hará”, dice, mientras pedalea bajo el sol. Como él, miles de jóvenes hondureños inician su vida laboral en empleos informales, donde la estabilidad es un lujo. María, de 20 años, trabaja en un puesto de mercado en San Pedro Sula. Su salario, L. 5,800 al mes, apenas cubre sus gastos básicos. “Quiero estudiar, pero no hay tiempo ni dinero”, confiesa. Estas historias reflejan una realidad que afecta a la mayoría de los jóvenes entre 15 y 29 años, atrapados en un mercado laboral que ofrece pocas oportunidades formales.
Los números de la realidad
En 2024, el Instituto Nacional de Estadística (INE) reportó que el 58.3% de los trabajadores jóvenes en Honduras laboran en el sector informal. Según el Consejo Hondureño de la Empresa Privada (COHEP), la tasa de informalidad entre los jóvenes supera el 45%, con un salario promedio en el primer empleo de L. 6,200 mensuales, equivalente a unos USD 250. Este ingreso está por debajo del salario mínimo legal, fijado en L. 8,960 para 2024 en algunos sectores. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) señala que el 37% de los jóvenes entre 15 y 29 años están en subempleo, trabajando menos horas de las deseadas o en condiciones precarias. Además, datos de la Encuesta Permanente de Hogares de Propósitos Múltiples (EPHPM) de junio 2024 muestran que los ingresos de los jóvenes con educación secundaria son un 30% menores que los de aquellos con estudios universitarios, evidenciando cómo la educación influye en el salario inicial.
Informalidad como trampa estructural
La alta informalidad no es un fenómeno nuevo, pero su persistencia entre los jóvenes hondureños revela un problema estructural. Según Alejandro Kaffati, economista del COHEP, “la falta de políticas públicas efectivas y la baja inversión en sectores productivos limitan la creación de empleos formales”. Esto empuja a los jóvenes a trabajos como vendedores ambulantes, repartidores o ayudantes sin contrato, donde no hay protección laboral ni perspectivas de crecimiento. El impacto va más allá del salario. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) advierte que la informalidad juvenil perpetúa la pobreza, con 60% de los jóvenes en empleos informales viviendo en hogares con ingresos por debajo de la línea de pobreza. Además, la desconexión de los jóvenes con el mercado laboral formal, con una caída de 65,851 jóvenes (15-24 años) en la fuerza laboral en 2024, según COHEP, agrava el problema. Esta tendencia, que se repite por tercer año consecutivo, sugiere que muchos jóvenes optan por no buscar empleo o migrar.
Hacia un futuro incierto
Yeny Antúnez, oficial de Política Económica de COHEP, explica que “la baja productividad, con Honduras generando solo USD 8.1 por hora trabajada, refleja un mercado laboral atrapado en actividades de subsistencia”. La Secretaría de Trabajo y Seguridad Social reconoce que, pese a esfuerzos por formalizar el empleo, los avances son lentos. En 2024, solo 9,632 nuevos empleos asalariados se crearon, mientras que el sector no asalariado creció en 76,246 puestos, según COHEP.
La Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) señala en un estudio de 2024 que la falta de habilidades digitales y técnicas entre los jóvenes agrava su exclusión del mercado formal. Organizaciones como la OIT urgen medidas como incentivos fiscales para empresas que contraten jóvenes formalmente y programas de capacitación alineados con las demandas del mercado. Sin estas reformas, el ciclo de precariedad continuará, afectando no solo a los jóvenes, sino al desarrollo económico del país.El sueño de Kevin y María de un empleo estable parece lejano. Mientras pedalean o venden en el mercado, Honduras enfrenta el desafío de transformar su mercado laboral para darles una oportunidad. La pregunta persiste: ¿podrán los jóvenes romper la trampa de la informalidad, o seguirá siendo esta la única puerta de entrada al trabajo? Es hora de actuar para que el primer empleo sea un comienzo, no un callejón sin salida