Empresarios frenan sus inversiones y el empleo formal se desploma a días de las elecciones generales. Sin inversión no hay empleo: el país se estanca a la espera del próximo gobierno.
Tegucigalpa. Honduras cierra el 2025 con una economía en pausa. El empleo formal se derrumba, la inversión extranjera se aleja y los empresarios operan con cautela ante un clima político hostil. Las elecciones del 30 de noviembre se perfilan como un punto de inflexión para redefinir el rumbo económico del país.
Inversión congelada por clima político incierto
A semanas de las elecciones generales, la economía hondureña transita por su último cuatrimestre sumida en un clima de inestabilidad e incertidumbre. El sector privado, motor clave del desarrollo, ha optado por frenar sus decisiones de inversión, afectado por un discurso gubernamental que ha mantenido una relación tensa con el empresariado desde el inicio del mandato de Xiomara Castro.
El relato persistente contra las “10 familias” y las “empresas poderosas” ha generado un ambiente poco amigable para los negocios. Como resultado, la inversión extranjera directa —ya de por sí débil— ha perdido dinamismo, dejando al país sin nuevas fuentes de generación de empleo y sin impulso productivo.
Empleo formal en caída: el costo de la parálisis
Los datos del Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS) muestran un deterioro real en la creación de empleo formal. Solo entre junio de 2024 y junio de 2025 se perdieron 3.668 puestos netos, siendo el Distrito Central el más afectado con 8.624 empleos destruidos. En contraste, San Pedro Sula fue la excepción, con 3.722 nuevos puestos.
El expresidente de la Cámara de Comercio e Industrias de Cortés, Eduardo Facussé, advirtió que el deterioro laboral golpea a los hogares hondureños, forzando a miles a migrar hacia la informalidad. Este tipo de empleo, sin seguridad social ni ingresos estables, condena a amplios sectores a la vulnerabilidad económica.
Un crecimiento económico que no alcanza
La proyección del Banco Central de Honduras (BCH) ubica el crecimiento económico anual en 3.6 %, sostenido por el buen desempeño del café, la palma africana, las remesas y los servicios financieros. Sin embargo, sectores clave como la construcción y la agricultura muestran señales de estancamiento, mientras que la maquila y el banano —dos fuentes históricas de empleo— enfrentan caídas por la baja demanda internacional.
El crecimiento, entonces, no se traduce en bienestar ni en nuevas oportunidades laborales. Se trata de una expansión limitada, sin capacidad para absorber a los nuevos trabajadores ni para sacar del subempleo a quienes sobreviven con actividades informales.
Una economía que cierra sin sorpresas, pero sin futuro claro
Para el economista y rector Julio Raudales, el cierre de 2025 será “sin mayores sobresaltos”. La inflación se mantendrá controlada y el déficit fiscal bajo, debido principalmente a la baja ejecución presupuestaria. No obstante, advierte que la próxima administración recibirá un país con escaso margen fiscal y una deuda creciente que limitará su capacidad de maniobra.
Según Raudales, los compromisos financieros asumidos dejarán “poco espacio” para una política fiscal expansiva. Esto, sumado a la debilidad estructural en la inversión y al rezago en empleo, obligará a quien gane las elecciones del 30 de noviembre a realizar ajustes importantes si pretende reactivar el crecimiento y fortalecer la confianza empresarial.
Modo electoral: país detenido, decisiones en suspenso
La Encuesta de Expectativas de Analistas Macroeconómicos del BCH refleja un consenso entre expertos: el proceso electoral ha generado un clima de “prudencia” entre inversionistas, tanto nacionales como extranjeros. La incertidumbre no proviene solo del resultado electoral, sino de la falta de señales claras desde el gobierno en cuanto a la seguridad jurídica, reglas del juego económico y políticas públicas.
A esto se suman factores externos como las tensiones geopolíticas, la volatilidad en el comercio internacional y los efectos del cambio climático, que presionan aún más las vulnerabilidades internas. Frente a este panorama, el sector privado aguarda un cambio de rumbo, exigiendo condiciones para invertir, producir y generar empleo de manera sostenida.
El 2025 cerrará sin crisis visible, pero tampoco con signos de recuperación estructural. La economía hondureña ha entrado en una etapa de letargo alimentada por la confrontación política, el repliegue del sector privado y la ausencia de reformas pro-inversión. Lo que ocurra después del 30 de noviembre marcará si Honduras vuelve a crecer o si sigue navegando a la deriva.




