Gobierno advierte intervención directa mientras negociación se estanca, elevando incertidumbre en empleo, costos laborales y clima de inversión.
Gobierno, empresa privada y trabajadores continúan sin consenso en 2026.
La demora prolonga la incertidumbre económica y presiona consumo, inversión y costos laborales en el país.
El salario mínimo en Honduras permanece congelado en L13,985 luego de cuatro meses de negociaciones sin resultados entre el gobierno, la empresa privada y los trabajadores. La falta de acuerdo retrasa la recuperación del poder adquisitivo y genera incertidumbre en la planificación de empresas, mientras miles de empleados esperan un incremento que será retroactivo desde enero.
Salario mínimo en Honduras se estanca: una negociación que no avanza
Aunque el promedio del salario mínimo se mantiene en L13,985, existen diferencias según sector económico, tamaño de empresa y ubicación geográfica. Esta variación complica la negociación y evidencia tensiones estructurales entre las partes, que no logran acercar posiciones pese a reuniones constantes. El estancamiento ha prolongado un proceso que normalmente se resuelve en pocas semanas, dejando a los hogares y a las empresas en un estado de espera incómoda.
Empresas y trabajadores: el choque que frena el ajuste
Las empresas insisten en la necesidad de prudencia para no comprometer la sostenibilidad financiera, especialmente en las pequeñas y medianas compañías. Por su parte, los trabajadores demandan un ajuste que compense la pérdida de poder adquisitivo acumulada durante meses de inflación moderada pero constante. Este enfrentamiento refleja un dilema clásico: cómo equilibrar la competitividad empresarial con la necesidad de garantizar un ingreso real suficiente para las familias hondureñas. La negociación, hasta ahora, no logra generar un punto medio satisfactorio para todos.
Gobierno de Honduras podría fijar el salario mínimo si no hay consenso
El secretario de Trabajo, Fernando Puerto, señaló que el diálogo continúa siendo productivo, aunque reconoció que no hay consenso aún. La advertencia es clara: si las próximas reuniones no acercan posiciones, el Ejecutivo podría fijar directamente el salario mínimo. Esta posibilidad introduce un elemento crítico en la economía, ya que decisiones unilaterales suelen equilibrar intereses políticos más que técnicos, y suelen generar lecturas mixtas entre inversionistas y empleadores.
Retroactividad desde enero: la presión sobre las empresas
Un factor adicional que complica la negociación es que cualquier aumento aprobado será retroactivo desde el 1 de enero de 2026. Esto obliga a las empresas a realizar pagos acumulados, generando presión sobre el flujo de caja y los márgenes de operación, especialmente en sectores intensivos en mano de obra. Para muchas compañías, la retroactividad convierte un ajuste laboral en un desafío financiero inmediato, que impacta en la planificación contable y estratégica para el resto del año.
Incertidumbre económica: consumo e inversión en pausa
La indefinición del salario mínimo afecta también la dinámica macroeconómica. Sin claridad sobre el ajuste, las empresas posponen decisiones de inversión y los hogares ajustan sus gastos ante la falta de certeza sobre sus ingresos. Esta incertidumbre ralentiza el consumo interno y enfría la actividad económica, mientras los empleadores evalúan riesgos antes de contratar o expandir operaciones. Cada semana sin acuerdo aumenta la tensión en un entorno económico que depende del gasto y la inversión para mantener su dinamismo.
Próximos pasos: menos margen para negociar, más presión para decidir
Aunque el gobierno mantiene una postura optimista, el tiempo corre en contra del proceso. Cuatro meses sin resultados reducen las probabilidades de un consenso equilibrado y elevan la presión para una decisión unilateral. Los escenarios posibles incluyen un acuerdo tardío, una fijación directa por parte del Ejecutivo o un incremento moderado que busque un equilibrio entre trabajadores y empresas. Cada decisión tendrá impactos distintos sobre el empleo, los costos laborales y la competitividad en 2026.
Un punto de inflexión para la economía hondureña
El salario mínimo no es solo una cifra; es un indicador de estabilidad económica y diálogo social. L13,985 sigue vigente, cuatro meses de negociación no han dado resultado y cualquier ajuste será retroactivo. El desenlace definirá no solo el ingreso de miles de trabajadores, sino también la capacidad de las empresas de mantener competitividad. La negociación continúa, pero el margen para evitar una decisión política se reduce con cada día que pasa.




