El gobierno de Nasry Asfura busca reposicionar al país tras los escándalos políticos del Congreso, alineándose con el Escudo de las Américas para enfrentar a los cárteles en el hemisferio.
Durante los últimos años, Honduras vivió una fuerte controversia política relacionada con acusaciones de vínculos entre actores del poder y el narcotráfico. En el centro del debate apareció el llamado “narcovideo”, en el que figuraba Carlos Zelaya, entonces secretario del Congreso Nacional y hermano del expresidente Manuel Zelaya, figura influyente en el gobierno de Xiomara Castro.
La difusión de ese material alimentó cuestionamientos nacionales e internacionales sobre la relación entre política y crimen organizado en el país. Aunque las acusaciones no derivaron en una condena institucional contra el gobierno, sí provocaron una crisis de confianza en torno a la capacidad del Estado hondureño para combatir las redes del narcotráfico que operan en la región. Honduras ya arrastraba además el antecedente del juicio en Estados Unidos contra el expresidente Juan Orlando Hernández, condenado por delitos relacionados con narcotráfico, lo que profundizó la percepción internacional de que el país había sido durante años un territorio vulnerable a la infiltración de organizaciones criminales.
En ese contexto de presión política y diplomática comenzó a configurarse un cambio de rumbo en la estrategia de seguridad hondureña, impulsado por la necesidad de recuperar credibilidad internacional, fortalecer la cooperación con Estados Unidos y redefinir la posición del país frente a las redes del narcotráfico que atraviesan Centroamérica.
El nuevo liderazgo de Nasry Asfura y el alineamiento con el Escudo de las Américas
La llegada a la presidencia de Nasry Asfura marcó un punto de inflexión en la política de seguridad y relaciones internacionales de Honduras. Su gobierno ha buscado proyectar una imagen de ruptura con las controversias del pasado y de alineamiento con las nuevas estrategias regionales contra el narcotráfico.
En este contexto, Honduras se incorporó al acuerdo hemisférico conocido como Escudo de las Américas, una iniciativa de cooperación impulsada por Estados Unidos que busca coordinar inteligencia, operaciones y presión financiera contra los cárteles que operan en el continente. La adhesión a la Carta de Doral, documento político surgido de la cumbre regional celebrada en Florida, simboliza ese nuevo posicionamiento.
Para el gobierno de Asfura, participar en esta coalición representa una oportunidad para reconstruir la confianza internacional, reforzar la cooperación militar y policial con aliados estratégicos y demostrar que el país está dispuesto a desempeñar un papel activo en la lucha contra el narcotráfico. La ubicación geográfica de Honduras —entre Sudamérica y Norteamérica— convierte al país en un corredor clave para el tránsito de drogas, lo que hace que su participación en cualquier estrategia regional de seguridad sea determinante.
Bajo el liderazgo de Asfura, el mensaje político es claro: Honduras busca pasar de ser percibido como parte del problema a convertirse en un actor central de la solución regional contra el narcotráfico.

