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16 agosto , 2026

Juicios políticos en agenda: descubre los nombres que Cálix pone sobre la mesa y desafía al Congreso

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El legislador liberal asegura que actuará por mandato constitucional y anticipa un pulso político que exige mayoría calificada.

No es un tema personal, es un deber constitucional”. Con esa frase, el diputado liberal Jorge Cálix anunció que promoverá varios juicios políticos desde el Congreso. Pero el aviso trae una advertencia clave: sin 86 votos, no hay proceso. Consensos, nombres sensibles y poder institucional vuelven a chocar en el Parlamento.

El anuncio que reabre un mecanismo incómodo

El diputado Jorge Cálix confirmó que impulsará varios juicios políticos, una figura que pocas veces se activa en Honduras, pero que tiene efectos inmediatos cuando prospera. Según explicó, su decisión responde a su rol constitucional como legislador y no a una agenda personal o partidaria.

Cálix fue claro en marcar el tono: “Promover juicios políticos no es un capricho, es parte del control que ejerce el Congreso”. Con ese mensaje, el parlamentario puso nuevamente sobre la mesa un mecanismo que suele aparecer en momentos de alta confrontación institucional y que obliga a medir fuerzas dentro del Legislativo.

La barrera real: 86 votos

Más allá del anuncio, el propio Cálix reconoció el principal obstáculo: el juicio político solo avanza con una mayoría calificada de 86 diputados. Esa cifra convierte cualquier intento en una negociación política compleja, especialmente en un Congreso fragmentado y con alianzas inestables.

Los primeros juicios políticos dependerán de los consensos que se logren”, admitió el diputado liberal. En otras palabras, el anuncio no es un acto unilateral: requiere acuerdos transversales, silencios estratégicos y apoyos que no siempre están alineados con la lógica partidaria tradicional.

Cómo funciona el juicio político en Honduras

El juicio político está regulado por la Constitución hondureña y tiene reglas claras:

  • Está contemplado en el artículo 234 de la Constitución como un mecanismo de control político.

  • Requiere 86 votos para crear una Comisión Especial investigadora en el Congreso.

  • Aplica a altos funcionarios del Estado, no a cargos menores.

  • Si la Comisión determina culpabilidad y el pleno lo aprueba, el funcionario es destituido de forma inmediata.

Cálix recordó que este instrumento no busca sancionar políticamente, sino investigar actuaciones contrarias a la Constitución, al interés nacional o negligencia manifiesta. “Es un proceso serio, no una vendetta”, ha sostenido en ocasiones anteriores al referirse a este tipo de acciones.

Nombres que ya circulan

Aunque en su anuncio evitó mencionar funcionarios específicos, en declaraciones previas Cálix ha dejado entrever dos nombres clave: el consejero del Consejo Nacional Electoral, Marlon Ochoa, y el Fiscal General de la República, Johel Zelaya. Ambos cargos son altamente sensibles para el equilibrio institucional del país.

Según ha explicado el diputado liberal en ocasiones anteriores, la evaluación de estos funcionarios tiene que ver con decisiones y actuaciones públicas, no con afinidades políticas. “Aquí no se juzga a personas, se juzgan actos”, ha reiterado, dejando claro que cualquier proceso deberá sustentarse en hechos y no en discursos.

El Congreso como campo de batalla

La sola mención de posibles juicios políticos coloca al Congreso Nacional en el centro del debate. Cada diputado cuenta, cada voto se negocia y cada ausencia pesa. En ese escenario, el anuncio de Cálix obliga a las bancadas a definirse, incluso a aquellas que suelen mantenerse en zonas grises.

El legislador liberal sabe que activar un juicio político expone tanto al acusado como a quienes lo respaldan o lo bloquean. “Aquí todos quedan retratados”, ha señalado en el pasado, en alusión a que estos procesos obligan a asumir posiciones claras frente a la opinión pública.

Un mecanismo poco usado, pero potente

En Honduras, el juicio político ha sido más citado que aplicado. Su sola amenaza suele generar reacomodos internos y negociaciones discretas. Por eso, cuando un diputado anuncia su promoción, el sistema político reacciona incluso antes de que el proceso inicie formalmente.

Cálix sostiene que ese temor no debería existir. “Si no hay nada que ocultar, no hay nada que temer”, ha dicho al defender el uso del mecanismo. Para él, el juicio político no debilita las instituciones, sino que las obliga a rendir cuentas frente al Congreso.

Poder, controles y límites

El anuncio ocurre en un momento donde el debate sobre pesos y contrapesos vuelve a ganar fuerza. El Consejo Nacional Electoral y el Ministerio Público son dos de las instituciones más observadas por la ciudadanía, y cualquier intento de juicio político genera reacciones inmediatas dentro y fuera del Parlamento.

Cálix insiste en que el Congreso no puede renunciar a su función de control. “La Constitución nos da herramientas y tenemos que usarlas”, ha explicado, subrayando que el problema no es el juicio político en sí, sino la falta de voluntad para activarlo cuando corresponde.

El mensaje final

Por ahora, no hay calendario ni expedientes públicos, pero el mensaje ya fue enviado. El diputado liberal dejó claro que los juicios políticos están en agenda y que su activación dependerá de los acuerdos que logre construir en el hemiciclo.

Esto no es inmediato, pero tampoco es una amenaza vacía”, ha deslizado en círculos legislativos. En un Congreso donde cada voto tiene precio político, el anuncio de Cálix reabre un debate incómodo: hasta dónde está dispuesto el Legislativo a ejercer el poder que la Constitución le otorgó.

Por Carlos Echeverri

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