Menos ministerios, menos clientelismo y un giro hacia austeridad ante un presupuesto 2026 considerado insostenible.
“El Estado no puede seguir gastando como si no hubiera consecuencias”, repite un colaborador cercano al presidente electo Nasry Asfura mientras enumera cifras incómodas: deuda, déficit, pérdida de empleo, empresas públicas quebradas. Ese inventario explica por qué el nuevo gobierno prepara un recorte de L. 20 mil millones para enfrentar el hoyo fiscal heredado.
Un Estado más grande que la economía
La administración entrante considera que el tamaño actual del aparato público desbordó la capacidad real de financiamiento del país. Ministerios, direcciones y dependencias creadas en los últimos años inflaron el gasto corriente, especialmente en salarios y funcionamiento, sin mostrar resultados proporcionales en crecimiento o bienestar.
Desde el entorno de Asfura explican que la prioridad será volver a una estructura de gabinete alineada con la Constitución, suprimiendo instituciones duplicadas y reduciendo la lógica clientelar. “No se trata de despedir por despedir, sino de ordenar”, señalan, subrayando que el ajuste apunta al diseño del Estado, no solo a las planillas.
El presupuesto que encendió las alarmas
El detonante político y técnico del ajuste fue el anteproyecto de Presupuesto General 2026, presentado por la administración saliente por L. 469,249 millones, un aumento del 8.2 % frente a 2025. Para el equipo entrante, ese marco es incompatible con la realidad fiscal del país.
Según técnicos cercanos al presidente electo, el problema no es solo el monto, sino su composición: más gasto rígido, mayor endeudamiento y poca flexibilidad para responder a exigencias de organismos multilaterales. “Ese presupuesto no cierra con ninguna proyección seria de ingresos”, admiten desde el nuevo equipo económico.
Las cifras que explican el ajuste
El diagnóstico con el que Asfura llega al poder está marcado por números que no admiten maquillaje. La deuda total del país ronda los 17 mil millones de dólares, mientras que sectores clave de la economía perdieron dinamismo y empleo durante el último período.
En el bloque laboral, la maquila perdió más de 45 mil empleos directos, y estimaciones globales elevan la destrucción total de puestos por encima de 150 mil en cuatro años. “No hay política social sostenible sin empleo privado”, insiste un asesor económico del nuevo gobierno.
Datos clave del escenario heredado:
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Deuda pública total: cerca de USD 17 mil millones
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Empleos perdidos en maquila: 45 mil
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Pérdida laboral estimada total: más de 150 mil puestos
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Presupuesto 2026 proyectado: L. 469 mil millones
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Recorte en análisis: L. 20 mil millones
La bomba silenciosa del sector energético
Uno de los focos más críticos del ajuste será el sector energético. La ENEE arrastra una deuda cercana a los L. 100 mil millones con generadores, además de pérdidas técnicas y no técnicas que siguen fuera de control.
Desde el equipo de Asfura admiten que no hay margen para seguir subsidiando ineficiencias. “La empresa pública necesita una cirugía profunda, no parches”, afirma un técnico involucrado en el plan de transición. El objetivo será estabilizar la empresa, cumplir compromisos y reducir pérdidas sin trasladar todo el costo a los consumidores.
Cuatro ejes para un Estado más pequeño y funcional
El ajuste no se plantea como un simple recorte, sino como una reorganización estratégica en cuatro ejes que el nuevo gobierno considera esenciales para recuperar gobernabilidad económica.
En economía, el foco estará en inversión, seguridad jurídica, empleo y turismo. En bienestar social, se priorizan educación, salud e inclusión sin expandir estructuras administrativas. Seguridad y defensa apuntan a contener extorsión, crimen organizado y violencia. Infraestructura, finalmente, se concentrará en carreteras, logística, puertos y aeropuertos como motores productivos.
“Menos Estado donde estorba, más Estado donde hace falta”, resume un dirigente cercano al presidente electo.
Medicamentos y señales inmediatas
Más allá del ajuste fiscal, la administración entrante busca gestos rápidos que muestren cambio de rumbo. Uno de ellos será restablecer el sistema de fideicomisos para la compra y distribución de medicamentos, un mecanismo que, según exfuncionarios sanitarios, permitió mayor fluidez y menos desabastecimiento.
El equipo de transición sostiene que la austeridad no implica paralizar servicios, sino garantizar que los recursos lleguen a su destino. “La gente no vive del presupuesto, vive de lo que el presupuesto logra”, repiten en privado.
El recorte de L. 20 mil millones no será solo un ajuste contable. Será la primera prueba política de un gobierno que asume con poco margen, alta expectativa y un Estado que, por primera vez en años, enfrenta el espejo de sus propios límites.

