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29 agosto , 2026

Cuando el dólar sube, el campo paga la cuenta: café, banano, camarón y ganado enfrentan una nueva presión

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El dólar ya superó los L27, pero para el agro hondureño la noticia no termina en la casa de cambio: empieza en los fertilizantes, el alimento animal, el combustible, las medicinas, el transporte y las cuotas de los préstamos.

El dólar estadounidense alcanzó L27.0010 en su precio de venta este 28 de agosto de 2026, mientras la compra se ubicó en L26.8667. Es una cifra simbólica, pero su impacto económico es profundamente real para Honduras: una economía cuyo aparato productivo depende de insumos, maquinaria, combustibles y tecnología adquiridos, directa o indirectamente, en dólares.

Para el consumidor urbano, la depreciación del lempira puede comenzar en la gasolinera o en el supermercado. Para el productor agrícola, ganadero o acuícola, comienza mucho antes: en cada saco de fertilizante, cada litro de combustible, cada medicamento veterinario, cada alimento balanceado y cada pieza de maquinaria importada.

La hipótesis económica es incómoda: Honduras puede estar exportando más y recibiendo más dólares por productos como el café, pero una moneda más débil también puede encarecer la producción de esos mismos bienes.

Y ahí está la contradicción que enfrenta el campo hondureño en 2026.

El café gana dólares, pero también compra insumos en dólares

El café vive uno de sus mejores años en términos de generación de divisas. Honduras había exportado, a mediados de agosto, más de 7.18 millones de quintales, superando los 6.142 millones del ciclo anterior, con una derrama estimada entonces en US$2,250 millones y una proyección cercana a US$2,350 millones al cierre de la cosecha.

A primera vista, un dólar más caro parece favorecer al caficultor exportador: si recibe ingresos en moneda estadounidense, esos dólares se convierten en más lempiras.

Pero esa lectura es incompleta.

La caficultura también depende de fertilizantes, agroquímicos, maquinaria, repuestos, combustibles y transporte. Cuando esos componentes tienen precios vinculados al dólar, parte de la ventaja cambiaria obtenida por las exportaciones puede regresar al sistema productivo convertida en mayores costos.

El café representa, además, mucho más que una estadística comercial. El sector sostiene la actividad económica de más de 2,300 aldeas, según datos oficiales, y genera entre 700,000 y 800,000 empleos directos durante la temporada de cosecha.

Por eso, la pregunta no es simplemente si el dólar beneficia o perjudica al café.

La verdadera pregunta económica es quién captura el beneficio del dólar caro y quién termina absorbiendo el aumento de los costos.

Un exportador con capacidad financiera puede administrar mejor esa ecuación. Un pequeño productor endeudado, que necesita comprar insumos y financiar su cosecha, tiene menos margen.

El banano y los cultivos de exportación viven la misma paradoja

El problema se extiende al banano, melón, palma africana y otros productos vinculados al comercio internacional.

Los sectores exportadores pueden beneficiarse de mayores ingresos en lempiras cuando venden en dólares. Sin embargo, la producción moderna no funciona únicamente con recursos nacionales. Requiere fertilizantes, combustibles, sistemas de riego, maquinaria, empaques, repuestos y logística.

El propio Programa Monetario 2025-2026 del BCH reconoce que la agricultura hondureña ha enfrentado afectaciones por condiciones climáticas adversas, plagas y enfermedades. En el caso del banano, el documento señala impactos vinculados a factores climáticos, mientras que el café ha sufrido presiones por clima, enfermedades y otros problemas productivos.

Ahora se suma otra capa de presión: el tipo de cambio.

El productor hondureño no enfrenta los problemas por separado.

Clima + plagas + combustible + fertilizantes + transporte + crédito + dólar caro pueden acumularse sobre la misma finca.

Y esa acumulación es precisamente lo que convierte una depreciación monetaria aparentemente moderada en un problema de competitividad.

El camarón necesita dólares, pero también depende de una estructura costosa

El camarón es uno de los sectores donde la ecuación cambiaria resulta particularmente compleja. Por un lado, la exportación genera divisas. Por otro, la actividad acuícola requiere alimento balanceado, energía, combustibles, equipos, tecnología, laboratorios, medicamentos y sistemas de procesamiento.

Una parte significativa de esa cadena tiene costos asociados al mercado internacional. Por eso, un dólar más caro puede mejorar el valor en lempiras de las exportaciones, pero también elevar el costo de mantener operativa una granja camaronera.

La situación adquiere mayor relevancia porque la nueva Ley de Alivio Financiero al Productor del Agro incluyó expresamente a los pequeños y medianos camaroneros entre los sectores que pueden acceder a mecanismos de readecuación y refinanciamiento. La normativa contempla tasas máximas del 2% anual y plazos de hasta 15 años para los beneficiarios que cumplan los requisitos establecidos.

La inclusión del camarón en esta política revela algo importante: el problema del sector no es solamente producir; también es sobrevivir financieramente mientras cambian los costos y los mercados.

La ganadería puede sentir el dólar en cada etapa de producción

La ganadería tampoco está aislada. El precio del dólar puede trasladarse a medicamentos veterinarios, suplementos minerales, maquinaria, combustibles, equipos de ordeño, genética, repuestos y alimento para animales.

Según información del INE sobre el financiamiento agropecuario, a agosto de 2025 el crédito destinado al sector alcanzaba L29,480.9 millones. De ese total, la ganadería concentraba 13.9%, mientras la agricultura representaba 57.1% y la avicultura 16.3%.

Estas cifras muestran que el problema cambiario no afecta únicamente al productor que exporta. Afecta también a quienes producen leche, carne, huevos y otros alimentos destinados al mercado interno.

Cuando aumenta el costo de producción ganadero, el impacto puede avanzar por toda la cadena:

  • Productor: enfrenta mayores costos de insumos y financiamiento.
  • Industria: absorbe mayores costos de procesamiento y transporte.
  • Comercio: ajusta márgenes y precios.
  • Consumidor: termina enfrentando alimentos potencialmente más caros.

La depreciación, por tanto, puede convertirse en inflación. No necesariamente de manera inmediata ni automática, pero sí como un factor que aumenta la presión sobre los precios internos.

La apicultura es pequeña en el crédito, pero vulnerable en costos

La apicultura tiene una participación mucho menor dentro del sistema financiero agropecuario, pero precisamente por eso merece atención.

Los datos del INE muestran que la apicultura representaba apenas 0.5% del crédito agropecuario a agosto de 2025. En una estructura financiera de L29,480.9 millones, eso refleja una participación reducida frente a la agricultura, la ganadería o la avicultura.

Sin embargo, ser un sector pequeño no significa ser inmune. Equipos especializados, medicamentos y tratamientos para colmenas, materiales de procesamiento y algunos insumos pueden estar expuestos a precios internacionales.

Para un pequeño apicultor, el problema puede ser incluso más severo porque tiene menor capacidad para trasladar costos o negociar precios. La depreciación del lempira tiene una característica particularmente dura: no golpea igual a todos.

Las grandes empresas pueden tener reservas, contratos internacionales o acceso a financiamiento. El pequeño productor generalmente compra al contado, se endeuda localmente y enfrenta precios que no controla.

Los préstamos pueden ser el verdadero punto de quiebre

Aquí aparece uno de los elementos más importantes para el campo hondureño: la deuda. La Ley de Alivio Financiero al Productor del Agro entró en vigor en agosto de 2026 y abrió mecanismos de refinanciamiento y readecuación para sectores afectados por cambio climático, incremento de costos y dificultades de acceso al crédito.

La normativa permite readecuaciones de obligaciones por hasta 15 años y contempla un programa de seguro agropecuario con L100 millones, destinados a subsidiar hasta 80% del costo de las primas.

Es una respuesta importante, pero también revela la profundidad del problema. Si el productor necesita refinanciar a 15 años, obtener tasas subsidiadas y asegurar sus cultivos frente al clima, la discusión ya no es solamente sobre crecimiento agrícola. Es sobre la capacidad financiera del campo para seguir produciendo.

El crédito agropecuario hondureño ya tenía un tamaño cercano a L29,481 millones en agosto de 2025. Cualquier aumento sostenido de costos puede deteriorar la capacidad de pago de productores que trabajan con márgenes estrechos.

El dólar más caro llega cuando la inflación todavía no desaparece

La presión cambiaria aparece, además, en un momento en que Honduras todavía enfrenta una inflación superior a la meta central del BCH.

El dólar superó L27 mientras el país mantiene una economía altamente dependiente de importaciones y de productos cuyo precio está vinculado al mercado internacional.

La depreciación acumulada durante 2026 había rondado 43 centavos, mientras el ritmo de deslizamiento se ubicaba alrededor de 1.7%, según declaraciones recientes del presidente del BCH. Esto representa una moderación frente a aproximadamente 3% en 2024 y 4% en 2025, pero una depreciación más lenta no significa que sus efectos desaparezcan.

Para el agro, la velocidad del problema importa menos que su acumulación. Un fertilizante que cuesta más, un combustible que sube y un préstamo que debe pagarse pueden afectar la rentabilidad incluso si la depreciación anual parece moderada en términos macroeconómicos.

El campo puede ganar más dólares y terminar con menos margen

Esa es la gran paradoja de Honduras. El café puede generar una cifra récord cercana a US$2,350 millones. Los exportadores pueden recibir más lempiras por cada dólar. Pero el mismo dólar que mejora los ingresos de exportación puede encarecer los insumos necesarios para producir la siguiente cosecha.

El dólar puede entrar por el puerto de exportación y salir por la puerta del almacén agrícola. Por eso, el verdadero impacto no debe medirse solamente observando el tipo de cambio. Debe medirse en los márgenes de rentabilidad del productor. Porque Honduras puede celebrar récords de exportación mientras miles de productores enfrentan mayores costos para fertilizar, transportar, alimentar ganado, sostener colmenas, operar granjas camaroneras o pagar sus préstamos.

El desafío para la política económica será evitar que la depreciación termine funcionando como un impuesto silencioso sobre la producción nacional.

Por Linda Gutiérrez

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