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26 agosto , 2026

EE. UU. vuelve a Honduras por la energía: la reforma que puede definir el futuro de la ENEE

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Estados Unidos respalda la reforma energética de Honduras mientras las pérdidas de ENEE, deuda e infraestructura mantienen presión sobre las finanzas públicas.

Tegucigalpa, Honduras | 25 de agosto de 2026

La relación energética entre Honduras y Estados Unidos entra en una nueva etapa mientras el país intenta resolver uno de sus problemas económicos más costosos: una empresa eléctrica con pérdidas elevadas, una deuda superior a L100,000 millones y una red que todavía necesita inversiones importantes para reducir pérdidas y mejorar la confiabilidad del servicio.

La encargada de Negocios de Estados Unidos en Honduras, Colleen A. Hoey, se reunió con el ministro de Energía, Eduardo Oviedo, para dar continuidad al diálogo bilateral y a la reciente visita de representantes hondureños a Estados Unidos.

La reunión tiene un componente diplomático, pero el problema que está detrás es esencialmente económico. Honduras necesita reducir el costo financiero de su sistema eléctrico y, al mismo tiempo, convertir la energía en una ventaja para atraer inversión.

¿Por qué Estados Unidos vuelve a colocar la energía hondureña en su agenda?

Durante el programa de intercambio en Estados Unidos, funcionarios hondureños conocieron experiencias relacionadas con eficiencia, confiabilidad y modernización del sistema eléctrico.

Washington reafirmó su respaldo a la propuesta de reforma energética de Honduras y señaló que continuará colaborando en seguridad energética, atracción de inversión y fortalecimiento del sistema.

El dato importante es que esta cooperación ocurre cuando la discusión energética hondureña ya no puede separarse de las finanzas públicas.

La ENEE arrastra una deuda superior a L113,500 millones, según datos publicados previamente sobre la situación financiera de la estatal. Esa cifra equivale a más de una quinta parte del Presupuesto General de la República y convierte el problema eléctrico en un asunto fiscal, no únicamente sectorial.

A esto se suma el nivel de pérdidas. En julio, durante la discusión de la reforma en el Congreso Nacional, se estimaban pérdidas cercanas a L50 millones diarios.

La magnitud acumulada permite dimensionar el problema:

  • L50 millones: pérdidas estimadas por día.
  • L350 millones: aproximadamente por semana.
  • Más de L1,500 millones: en un mes.
  • L18,250 millones: equivalente anual si ese ritmo se mantuviera durante 365 días.
  • Más de L113,500 millones: deuda acumulada de la ENEE reportada a comienzos de 2026.
  • Más de L15,400 millones: obligaciones con generadores privados señaladas en el mismo análisis.
  • Más de L12,000 millones: intereses anuales asociados a la deuda de la estatal, según cifras publicadas anteriormente.

Estos números explican por qué la reforma energética es observada también desde el ámbito fiscal y financiero.

¿Cuánto le cuesta a Honduras mantener una ENEE con pérdidas elevadas?

El problema no termina cuando la electricidad llega al consumidor. Una parte importante del costo aparece antes: generación, transmisión, distribución, pérdidas técnicas, pérdidas no técnicas, subsidios, deuda y pagos pendientes.

Datos publicados por SOYDATOS muestran que las pérdidas de energía de Honduras se ubican alrededor del 36% al 38%, frente a un promedio centroamericano estimado de 12% a 15%.

La diferencia es considerable.

En términos simples, Honduras tiene que generar y transportar mucha más electricidad de la que finalmente logra convertir en energía efectivamente cobrada.

Ese diferencial representa dinero que no entra a las cuentas de la empresa, pero cuyos costos de generación y operación sí existen.

El resultado es una presión que se traslada progresivamente hacia las finanzas públicas, los consumidores y las empresas.

Además, la ENEE necesita continuar invirtiendo en transmisión y distribución. En febrero se reportó una inversión anunciada de aproximadamente US$510 millones para modernizar represas, subestaciones y líneas de transmisión.

La ecuación, por tanto, es compleja: Honduras necesita invertir más precisamente cuando su empresa eléctrica tiene menos capacidad financiera para hacerlo por sí misma.

LOS NÚMEROS QUE EXPLICAN LA CRISIS ENERGÉTICA

  • 36%–38%: rango de pérdidas de energía señalado para Honduras.
  • 12%–15%: rango estimado del promedio centroamericano.
  • L113,500 millones+: deuda acumulada reportada para la ENEE.
  • L15,400 millones+: deuda con generadores privados.
  • L12,000 millones+: intereses anuales señalados sobre la deuda.
  • US$510 millones: inversión anunciada para infraestructura energética.
  • L50 millones diarios: pérdidas estimadas durante el debate legislativo.
  • L16,000–L18,250 millones: orden de magnitud anual de pérdidas dependiendo del cálculo utilizado.
  • 4.11%: ajuste tarifario aplicado al inicio de 2026, según información oficial y análisis sectoriales.

¿Puede la reforma energética cambiar la ecuación de inversión?

Aquí aparece uno de los puntos más importantes del respaldo estadounidense.

La modernización del sistema no consiste únicamente en construir nuevas plantas. Honduras necesita resolver el cuello de botella que existe entre generación, transmisión, distribución y recuperación de ingresos.

El país puede producir electricidad y, al mismo tiempo, tener problemas para llevarla eficientemente hasta el consumidor.

Por eso la inversión en infraestructura resulta tan relevante.

Para una fábrica, una planta de procesamiento, un centro logístico o una empresa tecnológica, la energía no es un gasto secundario. La continuidad del suministro forma parte del costo de producir.

La propia discusión empresarial de agosto refleja esa preocupación. Empresarios de Choloma han señalado que los apagones y los costos eléctricos están afectando la competitividad industrial. Al mismo tiempo, el sector renovable sostiene que las fuentes limpias podrían llegar a cubrir hasta 80% de la demanda eléctrica, colocando el problema no solamente en la generación sino en la infraestructura necesaria para transportar y distribuir esa energía.

Esto cambia la pregunta.

El desafío no es únicamente cuánta electricidad produce Honduras, sino cuánto cuesta producirla, cuánto se pierde en el camino y cuánto capital se necesita para que llegue de manera confiable al consumidor.

¿Qué diferencia existe entre el costo de la electricidad y el costo de un sistema ineficiente?

La Secretaría de Energía ha defendido que el precio del kilovatio hora ha disminuido durante los últimos años. Según datos oficiales, el valor máximo registrado fue de L6.39 por kWh durante julio-septiembre de 2024, mientras que mediante subsidios el consumidor pagó L5.59.

La misma Secretaría sostiene que en 15 meses se logró una reducción de 27.7% en el precio del kWh.

Pero existe una diferencia entre el precio que paga el usuario y el costo económico de mantener funcionando todo el sistema.

Una tarifa relativamente competitiva no elimina automáticamente las pérdidas de la empresa estatal ni su deuda acumulada.

De hecho, esa es una de las contradicciones centrales del sector: el consumidor puede recibir un alivio tarifario mientras la empresa que produce y distribuye la electricidad continúa acumulando presión financiera.

Y mientras esa brecha permanezca, el Estado tendrá que decidir cuánto subsidia, cuánto invierte y cuánto riesgo financiero está dispuesto a asumir.

¿Qué busca Estados Unidos al respaldar la reforma hondureña?

La declaración estadounidense coloca tres objetivos en la misma ecuación: seguridad energética, inversión y estabilidad.

La lógica económica es directa.

Un sistema eléctrico más confiable reduce interrupciones productivas; menores pérdidas mejoran las finanzas de la empresa; una empresa financieramente más sólida reduce presión sobre el Estado; y reglas más claras pueden facilitar nuevas inversiones.

El proceso, sin embargo, no será inmediato.

Honduras todavía enfrenta una discusión legislativa sobre la reforma del subsector eléctrico. En julio, el proyecto permanecía pendiente por falta de 13 votos en el Congreso Nacional. El Partido Liberal había solicitado tiempo adicional para presentar una contrapropuesta.

Por tanto, la cooperación internacional puede aportar conocimiento, asistencia técnica y modelos de referencia, pero la decisión fundamental sigue siendo hondureña.

¿Cuál es la verdadera prueba para la reforma energética?

El respaldo internacional será importante, pero los resultados tendrán que medirse en indicadores concretos.

Si la reforma funciona, Honduras debería comenzar a observar una reducción sostenida de las pérdidas, una mejora de la situación financiera de la ENEE, mayor inversión en transmisión y distribución y un suministro más confiable para hogares y empresas.

El éxito tampoco debería medirse únicamente por nuevas plantas de generación.

La verdadera prueba será cuánto dinero deja de perder la ENEE, cuánto capital privado logra atraer Honduras y cuánto mejora la calidad del servicio.

Porque detrás de los L50 millones diarios de pérdidas estimadas existe una pregunta mucho mayor: ¿cuánto crecimiento económico está dejando de producir Honduras mientras su sistema eléctrico consume recursos que deberían financiar inversión?

Estados Unidos acaba de reiterar que está dispuesto a acompañar el proceso.

Ahora la parte más difícil corresponde a Honduras: convertir cooperación, reforma e inversión en resultados medibles.

Por Linda Gutiérrez

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